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15 Festival De Cine y Derechos Humanos en San Sebastián, Buena Selección General, Deplorable Elección Final

La 15 ª edición del “Festival de Cine y Derechos Humanos”, celebrada en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián como sede central, y con numerosas ramificaciones en barrios, pueblos cercanos, centros culturales y otros espacios (sala de exposiciones de la FNAC, recinto de Tabacalera, Museo San Telmo, etc.) animó la oferta culta de la Bella Easo (tópico al canto), con una propuesta de cine adulto, serio, comprometido, como lo ha venido haciendo a los largo de sus tres lustros de trayectoria anterior.

Sin embargo, el regusto del balance final de esta edición es más bien agridulce: buena selección inicial de películas, sí, pero malas elecciones finales en cuanto a premios y galardones de parte de los distintos jurados.

El más llamativo, por ser precisamente el galardón otorgado a toda una trayectoria profesional por el propio festival, fue la concesión al film canadiense “Anatomy of violence”, dirigido por la realizadora hindú Deepa Mahta del máximo galardón del festival. Una película que pretendiendo denunciar los gravísimos casos de violación (y en ocasiones, como la presente) homicidio de las niñas y adolescentes indias, cae en el extraño, infantil y gravísimo error de mostrar más empatía por los violadores que por las chicas violadas.

Hasta el punto de conceder la palabra final del film a uno de los máximos responsables de tales execrables actos, que quedan justificados en su voz y en testimonio directo en primer plano -en mensaje postrero del film, y, por tanto definitivo- con argumentos del tipo “son cosas que pasan en la sociedad india…todos tenemos que morir, incluso los más jóvenes…no somos culpables de la educación sexual en nuestro país, etc., etc.”

Película políticamente muy incorrecta, como reconoció la propia directora en rueda de prensa posterior a la proyección del filme. Pero, además de eso, película simplemente incorrecta desde cualquier punto de vista. La animosa y simpática Deepa Mehta se ha metido, en unión de su esposo, el productor del trabajo en un jardín de espinas, que no de rosas.

Poco favor le hace a un festival de derechos humanos como éste la adjudicación de un premio estelar a semejante bodrio intelectual, fílmicamente dotado, además, de profundas imperfecciones formales.

Palmarés Oficial

El Premio del Público al mejor largometraje recayó en la película “La cazadora del águila” (“The Eagle Huntress”) del director Otto Bell, una cinta con tan poca relación con los derechos humanos como sugiere su argumento: “Una adolescente lucha contra la tradición en este documental, ambientado en el macizo de Altai, al este de Mongolia, donde, desde hace centenares de años reside una comunidad kazaja que mantiene una especial relación con las águilas reales”. Paisajes espectaculares y planos majestuosos y enfáticos parecen haber sido las razones esenciales, extra-cinematográficas, para conseguir este premio.

 

 

El “Jurado Jóven” concedió el premio al mejor largometraje a “Watu Wote” (Alemania), de Katja Benrath, el único mini-film del certamen de temática realmente política: “Durante la última década, Kenia ha sido objeto de ataques terroristas por parte del grupo islamista Al-Shabaab. “La desconfianza entre las confesiones musulmana y cristiana ha ido en aumento desde entonces” (notas del programa).

 

 

Finalmente, el premio Amnistía Internacional otorgado por un jurado compuesto por militantes de la organización humanitaria y profesionales del medio audiovisual, recayó en “Jackson”, de Maisie Crow (Estados Unido), un documental, o, más bien, un falso-documental, que pretende lanzar una mirada objetiva a los dos bandos, abortista / anti abortista, en la América profunda del racista estado de Misisipi. Pero hay ciertas cuestiones sociales -y la legalización del aborto es una de ellas- que son demasiado importantes como para dejarlas en manos de vociferantes manifestantes, como refleja el film, con más pena que gloria.

 

 

Tres Películas Realmente Salvables.

Un trío de filmes merecieron realmente la pena. Sobre todas ellas, “Land of the Gods” (“La tierra de los dioses”), del gran director serbio Goran Paskaljevic, una fulgurante y humanista mirada al mundo místico del zen inspirado en el hinduismo, el Tíbet milenario y el inabordable Himalaya.

Deslumbrante estética y fotográficamente, la peli es un canto de amor a una cultura no occidental que, sin embargo, también muestra sus violentas debilidades interiores. Pero finalmente, prevalece la pasión contemplativa de unas vidas -especialmente, las femeninas- repletas de candor, ternura y sensibilidad. Una película fuera de este tiempo y de este lugar, y que no encontrará fácil acomodo en pantallas comerciales, pero que su director reivindica como gran éxito de ventas en DVD a través de la gigantesca empresa de ventas on line, Amazon.

 

 

“Boling point” (Finlandia), de Elina Hirvonen, nos enseña una sociedad finesa que desconocíamos: los numerosos brotes ultras y nazis en el mundo confortable y satisfecho de una sociedad adelantada en casi todo, menos en la solidaridad con los más desfavorecidos. Película triste en cuanto nos revela unos comportamientos sociales que parecían corresponder a otros pueblos más primitivos. Elina Hirvonen no evita las confrontaciones entre bandos racistas / anti racistas, pero su postura como artista y cineasta permanece clara y nítida en todo momento. “Hay que tomar partido hasta mancharse”, dijo el poeta. Y Elina lo toma.

 

“Ama, nora goaz”, de Ibán González (Pais Vasco) fue prácticamente la única película representante del Estado español en el festival. Presentada fuera de concurso, se trata de un documental donde “las mujeres memorables y valientes son las grandes protagonistas de la Historia, esa historia que suelen marcar los hombres con sus guerras, sus inventos maléficos, sus agresiones mortales a poblaciones civiles indefensas, y sus disputas de todo tipo por cuestiones de raza, sexo y dinero.

 

 

En esta necesaria y difícil película, son las abnegadas mujeres que hubieron de emigrar y partir sin rumbo fijo hacia lugares ignotos y/o lejanos, a raíz del más sangriento, cruel, cruento e incivil conflicto bélico, desencadenado por las fuerzas de la anti-historia, del triste siglo XX en la llamada “piel de toro”, nación de naciones, crisol de culturas y lenguas diferentes.