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La etapa Gospel de Bob Dylan

Bob Dylan – Trouble no more (Columbia Records)

A la altura de l978-1980, Bob Dylan atravesaba una grave crisis personal, ocasionada por el doloroso (y costoso) divorcio de su gran musa de los años 60, la anterior modelo de la revista erótica Playboy, Sara Lowdnes, la mujer que inspiró joyas musicales y ardientes profesiones de amor de parte de Mr. Tambourine man (“If not for you”, “Sarah”, “Wedding son”). El álbum de 1974, “Blood on the tracks” documentó con especial sentimiento de pérdida y dolor esta situación de la pareja (“Fuimos unos buenos padres, pero no supimos ser un buen matrimonio”, confesaría más tarde el autor de “Blowin’ in the wind”).

Confuso y aturdido, desquiciado y deprimido, el creador de Minnesota se entregó con furor al trabajo artístico, como no podía ser menos en un autor de su categoría. “Street legal” fue un disco esotérico y volcánico, donde el tarot y la cábala insuflaban algún alivio al amante desesperado. Pero no fue hasta la conexión con alguna pequeña comunidad evangélica de California, a través de su amiga de la compañía discográfica CBS, Mary Alice Artes (“Covenant woman”), cuando Mr. Bobert Zimermann (recordemos, de familia y religión judía, procedente de Duluth, en el Iron Range del Medio Oeste) abrazó sin reparos la fe cristiana, y el descubrimiento de Jesús Salvador como único y exclusivo leit motiv de su redención.

Una trilogía de discos (“la etapa góspel de Dylan”), ilustra a la perfección este camino de penitencia hacia la Gracia divina: “Slow train coming”, “Shot of love” y “Saved”. Los dos primeros eludieron el fundamentalismo militante para entroncar directamente con una de las tradiciones más notables de la cultura afro-americana, en absoluto ajena al más joven y seminal Bobby Dylan de su primer álbum homónimo (1962). Allí encontrábamos ya temas como “Gospel plow” o “Fixin´to die”, del más puro estilo “spiritual blues”.

Nunca abandonó Dylan esa vertiente anti-materialista del folk (Woody Guthrie es su otro gran mentor en los primeros tiempos). Pero la profesión iluminada de conversión de los últimos 70 es otra cosa: un arrebato rotundo, sin fisuras, una declaración absoluta de vasallaje a Jesús de Nazaret. Sus conciertos “live” de esta etapa, desde Toronto hasta San Diego pasando por el Earls’ Court londinense, recogidos con profusión en este “Trouble no more” (ocho CDs y un DVD), muestran a un “entertainer” inspirado y en trance, deseoso de mostrar y defender con fiereza y firmeza su Buena Nueva. “Salvado, por la fuerza de la Cruz”.

Una gran banda de acompañamiento (Fred Tackett, guitarra de resonancias stonianas, eclesial órgano Hammond a cargo de Spooner Oldham, bajo funky de Tim Drummond, Jim Keltner a la bateria y un apoteósico coro femenino de voces rutilantes, lastimosas y chillonas (Clydie King, Madelaine Quebec, Carolyne Dennis) contribuyen al milagro de hacer audible y asimilable un mensaje más bien indigesto y estomagante. Dylan se lo cree, y nos hace creer a nosotros a través del único canal que nos interesa: un sonido perteneciente a lo mejor del histórico “góspel” de Alabama y Misisipi, al rock and roll que viene del más afroamericano “rhythm and blues” (Little Richard, Chuck Berry), y al funk machacante y reiterativo deudor de James Brown y Sly Stone.

Gran música para ser oída en los años 80, especialmente al calor del “directo”. Hoy, estos conciertos repletos de fuego y de azufre, quedan como testimonio de una época turbulenta, quejumbrosa, inconformista de Bob Dylan. Puro Dylan, pues, aunque con envoltorio pegajoso y a veces reiterativo (se repite incesante, al comienzo de casi cada álbum, la declaración de intenciones del Maestro: “Un lento tren se acerca, a la vuelta de la esquina”. “Tienes que servir a alguien, ya sea al Lord o al Diablo”. Aun así, cuatro o cinco pinceladas del penúltimo Premio Nobel de Literatura, nos remiten a lo mejor de su extraordinaria e inacabable trayectoria: “What can I do for you”, “Lenny Bruce”, “Pressing on” y, sobre todo, “Caribbean wind“ y “Every grain of sand” son joyas que ni el mayor de los desmadres confesionales pueden hacer olvidar, menos aún ningunear.

En las tiendas, un CD doble significa el resumen de esta borrachera de luz y sonido que supone esta nueva entrega de las “Bootleg series” (que recientemente bucearon en las legendarias “The Basement Tapes” de la Big Pink con The Band; la gestación pormenorizada de la trilogía “Bringin it al back home”, “Highway 61 Revisited” y “Blonde on Blonde”, el Dylan majestuoso y anfetamínico del 64-66. Y también la nueva revisión del “Self Portrait” uno de los vinilos más injustamente vituperados de la historia del rock (“¿Qué es esta mierda”, saludó en su día el inefable crítico Greil Marcus).

Ahora, “Trouble no more”, en tiempos de incredulidad y descreimiento, viene a advertirnos de que no todo está perdido en las tenebrosas tinieblas del Mal. Dios eterno y su Hijo en la Tierra puede ser una Verdad absoluta o simplemente una metáfora alegórica, una senda hacia la salida personal. Dylan encontró ese resquicio y pronto volvería a lo secular y a lo más humano. Le costaría una década de decadencia pero volvería por sus fueros en “Oh, Mercy”, “Time out of mind”, “Modern times”, “Tempest” y en el más reciente y conmovedor “Triplicate”.

Borrachera de amor

Ficha técnica:

Bob Dylan – Triplicate (Columbia Records, 2017)

Intérpretes: Bob Dylan (voz), Tony Garnier (bajo), Charlie Sexton (guitarra), Donnie Herron (steel guitar), Dean Parks (guitarra), George Receli (batería). Producido por Jack Frost (alias Bob Dylan).

No uno sino tres discos, de una sola tacada, de parte de Mr. Tambourine Man para demostrarnos una vez más, por si hacía falta, que no solo es uno de los mejores cantantes de todos los tiempos (sí, señores escandalicensen, sí), sino que toda su obra, ya extensa de 76 años de edad, 55 de actividad artística, doscientos conciertos al año, cuarenta discos originales, otros tantos (o muchos más) de los llamados “piratas”, cientos y cientos de versiones de canciones propias o ajenas…en fin, con Dylan todo es desmesurado. Y por si fuera poco, para escarnio de ignorantes y advenedizos, Premio Nobel de Literatura. Ahí queda eso.

Pero datos y datos palidecen frente a la auténtica realidad. Todo la obra de Mr.Zimmermann, desde el primer surco de su primer disco hasta la última estría de este triple “Triplicate” (que quede claro) está recorrida por un solo sentimiento (eso sí, en sus múltiples, inacabables variantes): el amor. Amor por la vida, amor por la raza humana, amor por las mujeres, amor por su país y, sobre todo, amor por la música.

No de otra forma se puede entender esta borrachera de sentimientos desplegada en este álbum triple. Después de pasearse con genio y figura por todos los géneros de la música popular estadounidense, desde el folk primigenio y esencial de Woody Guthrie, hasta el “blues” de Robert Johnson y tantos otros, pasando por el gospel/espiritual de los Staple Singers (Mavis, uno de sus grandes amores), la “topical song”, la canción denuncia, el primer rock and roll, la generación “beat” de su amigo Allen Gingsberg, su complicidad complicada con la Queen Joan Baez, su magisterio folk-country con The Band…Blind Boy Grunt viene a decirnos que las grandes voces clásicas, los “crooners”(Bing Crosby, Frank Sinatra, Hoagey Carmichael, Mel Tormé, Tony Bennet, Jack Jones) también le pertenecen, son también su patrimonio.

 

Bob Dylan – Triplicate (vinilo)

 

Disco 1

“Til the sun goes down” marca la pauta de estas 30 nuevas canciones, porque, aun siendo viejas, D. las hace suyas, frescas, propias. Es un Dylan taciturno, romántico, nostálgico. Voz frágil, quebradiza, rota por momentos, que dará pábulo para que algunos listillos digan que a) no tiene voz, o b) que este señor no sabe cantar. Benditas sean las orejas de algunos. Títulos que lo dicen todo : “I could have told you” (arrepentido), “Once upon a time” (curioso…”like a rolling stone”), sereno, rememorativo, puro sonido años 30), el famoso “Stormy weather”, emoción a punto de estallar, “That old feeling” (te ví la pasada noche…cuando viniste, tuve ese viejo sentimiento), “My one and only one” (“pensar realmente en ti, me hace sentir bien), para acabar con un toque ligero, algo optimista y con la alegria del “swing” : “Trade Winds”

 

 

Disco 2

“Devil dolls”. Los peligros de la gloria, la belleza marchita, las luminarias engañosas. Muñecas diablesas, sean reales, imaginadas o ficticias. No puede faltar “As time goes by”, himno para “lovers” donde los haya. “P.S.I love you” (nada que ver con la canción del mismo nombre de The Beatles) : “toma de nuevo la pluma, y escribe…”, promesa de nuevas canciones que habrán de llegar, porque “lo mejor está aún por venir” -ya lo dijo también allá por 1969 en “New morning”-, “But beatiful”, “Here´s that rainy day”..fogonazos del lado más soleado de la calle, que también haylos…Algunos de estos temas, como “Braggin'” podian haber tenido cobijo también en “Love and theft”, álbum premonitorio del actual, al tiempo que “Xmas in the heart”.

Disco 3

“Comin´home late”. Quinto y último disco, por el momento, dedicado a la era pre-industrial, pre-voracidad capitalista, esos tiempos felices de la inocencia, de la sencilla vida familiar alrededor de una vieja Victrola. “Shadows in the night” y “Fallen angels”, los dos anteriores álbumes del aspirante a Carusso enseñaban ya la senda. Nadie puede llamarse a engaño con este Traveling Wilbury. “Day in, day out” es pura explosión de júbilo, mientras “Sentimental journey” habla del olvido; “Somewhere along the way” y “When the world was young” insisten en la nostalgia creativa, mientras la voz se desvanece. “These foolish things” nos recuerda eso, las cosas tontas y absurdas de la vida, a la que damos tanta importancia. “Stardust” es un clásico donde los haya, de Nino Tempo y April Stevens a las pelis del no menos romántcio Woody Allen. “Tiene gracia para todo el mundo, pero no para mí” marca el territorio que va de lo frívolo a lo grave, nuestro amigo no está para bromas. Para el último tema de la saga queda una pregunta : “Why I was born?”

Tú ¿qué crees, amigo. ? ¿Naciste para ser salvaje? (Steppenwolf). O ¿naciste para estar conmigo? O simplemente, naciste destinado a la gloria (de nuevo, Woody). Creo, Bob, que naciste para confundir a unos cuantos, arremeter contra otros tantos impíos, señores de la guerra, incurrir en contradicciones (humano al fin y al cabo). Y sobre todo, naciste para hacernos felices a otros muchos privilegiados.

 

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