16 Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián

Beauty and the dogs

Abril 2018.
Un Certamen Duro, Necesario, Coherente

Violencia institucional y particular, malos tratos hacia la mujer, refugiados del mundo entero unidos, un Mundo de caos y penurias, desgracias de todo tipo, auges de los nuevos fascismos, resistencias pacíficas, nacientes organizaciones anti-consumistas…el catálogo de temáticas de un certamen como el de San Sebastián (“Festival de Cine y Derechos Humanos”) no es precisamente la alegría de la huerta. Pero, precisamente por ello, es una exposición cinematográfica dura, coherente, necesaria, nada complaciente.

Porque no es nada agradable asistir a todas las miserias que circulan por el planeta Tierra y es necesaria una gran capacidad de asimilar y tragar para enfrentarse a estas realidades mundanas que, queramos o no, están ahí para quien quiera conocerlas/recordarlas/revisarlas.

No hubo en esta ocasión la Gran Película, como la del pasado año de Goran Paskalievich, pero hubo un tono medio de calidad apreciable, y dos o tres filmes se acercaron al cénit.

Sin duda, y por una vez público y crítica especializada se pusieron de acuerdo, la cinta ganadora, “Beauty and the dogs”, de la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania fue la más destacada de los siete días de proyecciones (a razón de dos, tres, a veces cuatro propuestas cotidianas). La historia de una joven, agraciada, sensible chica de nuestro tiempo, por más árabe que sea su procedencia, es tan verídica como lamentable. Violada por dos o tres policías, la mujer tiene que denunciar al propio cuerpo de “seguridad” su situación. Como meterse en la boca del lobo, vamos. La película es valiente en su denuncia de la corrupción policial, impregnada hasta la médula de autoritarismo fascista, aun revestido con ropajes y modales “democráticos” y “amables”.

Los que conocen cómo se las gastan los anti-cuerpos policiales en Marruecos, Senegal, Mali, Níger, Egipto y demás países africanos no podrán estar más de acuerdo con esta visión. Ni primavera árabe ni eufemismo de ningún otro tipo. El mal anida en las personas, y la violencia contra la mujer, y más si es joven, guapa y moderna, se ampara en la impunidad de una chapa en la solapa y el corporativismo cobarde de una institución. Mención muy especial en este film, de múltiple coproducción de siete países, para su notabilísima actriz, que sabe transmitir con su mirada, muchas veces vacía, todo el asco, toda la repulsión, todo el dolor que le produce su sometimiento.

Buen subtitulo del festival para esta sesión: “Culpabilizar a la víctima”. El omnímodo poder, ciego y sordo, de las instituciones que se suponen tienen que velar por los ciudadanos, se muestra aquí sin aspavientos ni gritos, más bien con susurros silenciosos que son algo más que elocuentes.

Otra película merecedora de premio público fue “La Cifra Negra de la violencia institucional”, del catalán Ales Pay. Denuncia de torturas reales, violencias insoportables ejercidas por funcionarios españoles en centros carcelarios o de reclusión. Los damnificados cuentan sus historias pero lo hacen, ay¡, de la manera menos cinematográfica posible: planos fijos e inamovibles, bustos parlantes, retórica verbal que no visual. Lástima de tan pobre realización para un tema tan grave y denunciable.

Otra buena cinta fue “Freedom for the wolf”, de Rupert Tussel (Alemania), caleidoscopio deslumbrante de la situación actual de muchas “democracias” que pululan por el mundo. Rodada en India, Japón, Hong Kong, Túnez y Estados Unidos, el film es un recorrido de una enrome riqueza y belleza visual, todo lo contrario que la película anteriormente mencionada-

El Festival se cerró, fuera de concurso, con la proyección de “El taller de escritura”, del gran director francés Laurent Cantet. Nueva incursión suya, tras la excelente ”La clase”, por el mundo de los jóvenes, de la Enseñanza, los rebrotes nazis en contextos sociales deprimidos, la importancia de la educación…Como si de un nuevo François Truffaut se tratase (“El buen salvaje”, “Los 400 golpes”, vida y milagros de Antoine Doinel, Cantet refleja con sobriedad y rigor/vigor, no exento de toques humorísticos y satíricos, una sociedad que está luchando por nacer, cuando todavía hay otra, mucho más poderosa, que está trabajando por morir.

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