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16 Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián

Beauty and the dogs

Abril 2018.
Un Certamen Duro, Necesario, Coherente

Violencia institucional y particular, malos tratos hacia la mujer, refugiados del mundo entero unidos, un Mundo de caos y penurias, desgracias de todo tipo, auges de los nuevos fascismos, resistencias pacíficas, nacientes organizaciones anti-consumistas…el catálogo de temáticas de un certamen como el de San Sebastián (“Festival de Cine y Derechos Humanos”) no es precisamente la alegría de la huerta. Pero, precisamente por ello, es una exposición cinematográfica dura, coherente, necesaria, nada complaciente.

Porque no es nada agradable asistir a todas las miserias que circulan por el planeta Tierra y es necesaria una gran capacidad de asimilar y tragar para enfrentarse a estas realidades mundanas que, queramos o no, están ahí para quien quiera conocerlas/recordarlas/revisarlas.

No hubo en esta ocasión la Gran Película, como la del pasado año de Goran Paskalievich, pero hubo un tono medio de calidad apreciable, y dos o tres filmes se acercaron al cénit.

Sin duda, y por una vez público y crítica especializada se pusieron de acuerdo, la cinta ganadora, “Beauty and the dogs”, de la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania fue la más destacada de los siete días de proyecciones (a razón de dos, tres, a veces cuatro propuestas cotidianas). La historia de una joven, agraciada, sensible chica de nuestro tiempo, por más árabe que sea su procedencia, es tan verídica como lamentable. Violada por dos o tres policías, la mujer tiene que denunciar al propio cuerpo de “seguridad” su situación. Como meterse en la boca del lobo, vamos. La película es valiente en su denuncia de la corrupción policial, impregnada hasta la médula de autoritarismo fascista, aun revestido con ropajes y modales “democráticos” y “amables”.

Los que conocen cómo se las gastan los anti-cuerpos policiales en Marruecos, Senegal, Mali, Níger, Egipto y demás países africanos no podrán estar más de acuerdo con esta visión. Ni primavera árabe ni eufemismo de ningún otro tipo. El mal anida en las personas, y la violencia contra la mujer, y más si es joven, guapa y moderna, se ampara en la impunidad de una chapa en la solapa y el corporativismo cobarde de una institución. Mención muy especial en este film, de múltiple coproducción de siete países, para su notabilísima actriz, que sabe transmitir con su mirada, muchas veces vacía, todo el asco, toda la repulsión, todo el dolor que le produce su sometimiento.

Buen subtitulo del festival para esta sesión: “Culpabilizar a la víctima”. El omnímodo poder, ciego y sordo, de las instituciones que se suponen tienen que velar por los ciudadanos, se muestra aquí sin aspavientos ni gritos, más bien con susurros silenciosos que son algo más que elocuentes.

Otra película merecedora de premio público fue “La Cifra Negra de la violencia institucional”, del catalán Ales Pay. Denuncia de torturas reales, violencias insoportables ejercidas por funcionarios españoles en centros carcelarios o de reclusión. Los damnificados cuentan sus historias pero lo hacen, ay¡, de la manera menos cinematográfica posible: planos fijos e inamovibles, bustos parlantes, retórica verbal que no visual. Lástima de tan pobre realización para un tema tan grave y denunciable.

Otra buena cinta fue “Freedom for the wolf”, de Rupert Tussel (Alemania), caleidoscopio deslumbrante de la situación actual de muchas “democracias” que pululan por el mundo. Rodada en India, Japón, Hong Kong, Túnez y Estados Unidos, el film es un recorrido de una enrome riqueza y belleza visual, todo lo contrario que la película anteriormente mencionada-

El Festival se cerró, fuera de concurso, con la proyección de “El taller de escritura”, del gran director francés Laurent Cantet. Nueva incursión suya, tras la excelente ”La clase”, por el mundo de los jóvenes, de la Enseñanza, los rebrotes nazis en contextos sociales deprimidos, la importancia de la educación…Como si de un nuevo François Truffaut se tratase (“El buen salvaje”, “Los 400 golpes”, vida y milagros de Antoine Doinel, Cantet refleja con sobriedad y rigor/vigor, no exento de toques humorísticos y satíricos, una sociedad que está luchando por nacer, cuando todavía hay otra, mucho más poderosa, que está trabajando por morir.

Festival Dock of the Bay, Notable Cine Documental/Musical, Palmarés Sorprendente

San Sebastián, 6-13 enero 2018)
Eric Clapton, Marianne Faithfull, John Coltrane, Los Bravos, Maria Callas, Tony Palmer, Iggy Pop…

Los Jurados que otorgan los premios en los festivales de cine de San Sebastián no cesan de sorprendernos. En “Derechos Humanos”, en el Zinemaldia y ahora en “Dock of the Bay”, lo más discutible e incluso insulso fueron los premios otorgados por los “sabios” escogidos no se sabe bien cómo y por qué.

En un buen festival de cine documental musical como éste, seguramente el mejor (y de los pocos) que se celebran en Europa (dato confirmado por el invitado especial de este año, el crítico, escritor y cineasta británico Tony Palmer), la única nota discordante (al lado de alguna película infumable) es el palmarés oficial, decisión que roza el ridículo.

Otorgar el primer premio a una obra menor, por muy “vanguardista” que sea en su realización, como “If I think of Germany at night”, de Romuald Karmakar, deja entrever las carencias ideológicas del festival, a estas alturas de su historial. Como Peter Pan, el certamen no quiere crecer y prefiere seguir instalado en la inmadurez y el miedo a ser adulto. En consecuencia, los componentes del jurado se corresponden con estas premisas, y prefieren mirar al lado de la adolescencia y jugar a “epatar al burgués” (como se decía hace siglos), en lugar de juzgar con objetividad y sin apriorismo las obras presentadas.

 

 

Y es que esta edición del Dock parecía obsesionada con presentarnos con profusión machacona el estado de la escena “tecno” de los años 80 y 90 en media Europa.

La bastante pija y auto-suficiente de Francia en “French Touch”, donde solamente una banda y dos djs se salvan de una quema que incluso, al final del film, “goza” de la teorización pedante de un señor con canas y apajaritado que pretende hacernos creer que no hay nada mejor ni más profundo que esa música más bien vacua para delirio de los incansables bailongos del “after”.

 

 

Semejante comentario se puede aplicar a “I think of G…”, que, al menos, ofrece algún pequeño hallazgo técnico y creativo en las entrevistas realizadas, “mientras secuencias hipnóticas muestran lo que sucede en la pista de baile” (¡guau, qué interesante!).

Lástima ver a guap@s , inteligentes y simpáticos jóvenes y jóvenas en el ejercicio masturbatorio del individualismo y la exhibición voyerista. Si este es el nuevo “trance”, que venga los dioses de los “gnauas” marroquíes, los “griots” subsaharianos y los derviches turcos y lo vean. Alá y los Mesías han sido sustituidos ahora por el “skate”, el “break dance” y Armani. Amén.

 

 

La cinta “La Chana” (España-Islandia), de Lucíja Stojevic, consiguió llevarse el Premio del Público, y algún otro accésit. Decisión entendible, aunque en ella privan más las buenas intenciones y la empatía con el personaje que la calidad de su metraje.

La Chana es una figura del flamenco, hoy día completamente olvidada. Pero triunfó en medio mundo en los años 50 y siguientes del pasado siglo y estuvo a punto de dar el salto a Hollywood de la mano, nada menos, que el ilustre actor inglés, comediante y algo histriónico, Peter Sellers.

 

Faithfull

Menos mal que la mayor parte del programa del Dock discurría por otros derroteros. Los del buen cine o, al menos, interesante en sus premisas. “Faithfull”, de la francesa Sandrine Bonnaire fue, para quien esto escribe, el mejor film visto en el Zine Principal del distrito de “Lo Viejo” donostiarra.

Apasionante y apasionado retrato de la figura de la novia de Mick Jagger, amiga de Bob Dylan, hija de una condesa centroeuropea, ídolo “teen” en los 60 con la canción “As tears go by”, belleza deslumbrante, adicta a la heroína en los 80, años de vida en el “wall” y en la calle (okupa) londinense, intentos de suicidio, larga y dura desconexión, retorno a los escenarios convertida en señora sabia, elegante y con clase, reivindicando la vida y el amor en el tramo final de la película (y de su vida, por ahora).

Bonnaire se deja llevar por el carisma y la personalidad de Marianne, que mantiene el tipo y la mirada ante una cámara escrutadora, pretendiendo desvelar el secreto de la cantante y su más recóndita esencia. Irónica, deslumbrante, sincera, inocente o perversa según los casos, Marianne Faithfull sale reforzada de su tributo a los tiempos modernos del escaparate y la confesión.

Palmer

El ya mencionado Toni Palmer presentó, in situ, cuatro obras de su filmografía: “All you need is love” será un gozo para los amantes de la “década prodigiosa” inglesa (1963-1973). Desfilan en ella los absolutamente grandes John Lennon, Paul McCartney, Donovan, Eric Burdon, Frank Zappa y el inevitable Mick Jagger. “The Wigan Casino” es menos interesante, una mirada a la escena del baile de última hora en la Inglaterra cambiante de los 70.

“Callas”, por el contrario, nos acerca la figura, ya casi legendaria, de la soprano italiana Maria Callas, una de las mejores voces del “bel canto” de todas las época. Una fotografía oscura y algo deficiente lastran la realización de este más bien austero film.

Finalmente, “Ginger Baker en África” nos relata la aventura de este enorme batería, que participó en el supergrupo Cream y fue un pionero del descubrimiento europeo de alguna música africana. Pero el documental se detiene, ¡ay!, en un solo interminable de Ginger y deja de lado toda referencia apropiada, todo un contexto histórico y ambiental que hubiese sido de agradecer.

Y el resto

Del resto del amplio programa (20 filmes a ver), destacamos “Chasing Trane” (John Scheinfeld, 2016) aproximación empática a la personalidad de uno de los mejores saxos de la historia del jazz, John Coltrane. El autor de “Ascension”, “A love Supreme”, “Africa” y muchas otras “aes” es visto a través de los testimonios de Miles Davis, Dizzy Gillespie y Thelonius Monk.

 

 

“Black is black”, de Frank Parra, es la historia del grupo español (aunque en muchas de sus grabaciones figuraban músicos ingleses de estudio) Los Bravos, con su indomable solista Mike Kennedy al frente. Divertida peli de tiempos seguramente más inocentes, pero con el telón de fondo de una vida convulsa, independiente a tope y de tonos tristones, la del propio Mike.

Y dejo para el final la otra gran cinta del DOTB, “Eric Clapton in 12 bars”. Proyectada en San Sebastián el mismo día de su estreno mundial en Londres (un sobresaliente para el festival), es un detallado recorrido por la evolución personal y artística del mejor guitarrista de rock y aledaños (blues, acústico) de los últimos tiempos.

“Clapton is God”, se vino a escribir en los “grafiti” de la época. Pero su vida personal está repleta de desgracias: enamorado de Patty Boyd, esposa por entonces de su amigo George Harrison, inmersión profunda en la droga dura, primero, y en el alcohol después, padre destrozado por la muerte prematura de su querido hijo, solo un niño, y posterior desenganche y descubrimiento de la mejor vida posible: el amor, los amigos, la amplia familia, la música redescubierta. Happy end para una terrible historia.

 

 

Otros filmes: “American Valhalla” (Josh Homme y Andreas Neumann, 2017) formalmente muy brillante y vistosa realización sobre el punki-rockero-venido a menos Iggy Pop; “Marley” (Kevin MacDonald, 2012), didáctica y adecuada proyección especial para jóvenes estudiantes; y “The public image is Rotten” (Tabbert Philler, 2017), acerca de ese hiper-punki, John Podrido, que militó en los Sex Pistols y más tarde fue creador de PIL (Public Image Limited), hoy día superviviente musical con labia y determinación.

 

 

MARLEY – tráiler v.o.s.e (Estreno 29 de junio) from AVALON on Vimeo.

Más es menos, 14 Festival de Cine Europeo de Sevilla

 

La revisión documental y esperpéntica de la Transición a la democracia (“Histeria de España”, de Kikol Grau) y “Nico”, con Trine Dyrholm, lo más salvable de un festival ambicioso pero venido a menos.

Hasta 15 secciones diferentes (¿para qué tantas?) componían el abigarrado y ambicioso programa general de la 14 edición del festival de Cine Europeo de Sevilla. Entre tantas y tantas películas (hasta 15 o más al día, en proyecciones simultáneas que se solapan unas a otras), muy poco salvable y saludable. Mucha paja y poco trigo. Mucho ruido y pocas nueces. O lo que es lo mismo, “más es menos”. Querer y no poder.

 

“Barbara” de Mathieu Amalic

 

Por ejemplo, entre los 17 filmes a competición dentro de la sección oficial, nuestra retina retiene finalmente muy poca cosa. A saber: “Barbara”, de Mathieu Amalic, “antibiopic” de la legendaria cantante francesa del mismo nombre; “El taller de escritura”, de Laurent Cantet, cine político lejos de consignas mononeuronales (ja, ja); “Western”, de Valeska Grisebach (“Nostalgia”), que no es lo que dice el título, sino una aproximada descripción de la “ley del más fuerte” que se impone ahora en esa Europa descreída de sus supuestos valores de tolerancia y admisión de los parias del mundo…

 

 

La española “Tierra firme”, de Carlos Masques Marcet, exhibe una primera hora admirable y promisoria, sustentada sobre todo en las notables interpretaciones de Natalina Tena y Oona Chaplin, pero pronto descubre sus viciosas trampas: un guion machacón y reiterativo hasta decir basta, un planteamiento sin resolución, un rizar el rizo sin venir a cuento. La historia de amistad y lesbianismo de dos inteligentes mujeres, la presencia de un macho semental (pero simpático) dispuesto a ser papá sin comerlo ni beberlo…la media hora final es insufrible y echa por tierra todo el castillo anterior bien construido. Director y trio actoral se gustan mucho a sí mismos y no saben poner punto final donde hubiese sido mucho más eficaz y comedido. Una lástima.

 

 

La cinta ganadora del festival “A fábrica de nada”, del portugués Pedro Pinho, previo premio Ficespri (premio de la crítica internacional) del último festival de Cannes, es una bienintencionada y algo seca descripción de la nueva lucha obrera en el seno de una empresa cuyos directivos roban maquinaria y material de la propia entidad. Corrupción empresarial al canto, asunto sin duda candente, previsible y recurrente de cara a la galería, y de ahí quizás el reconocimiento ofrecido en el palmarés.

 

 

Fuera de concurso

Lo mejor de la semana sevillana (gran, luminosa y moderna ciudad sustentada en valores tradicionales, el rancio patriotismo nacional católico, el amor a unas raíces tradicionales musicales, entre el flamenco jondo y el flamenquito de sevillanas y olé, y la bonhomía mayoritaria de sus conciudadanos, por no hablar de las riquísimas y generosas “tapas”, al calor de una buena manzanilla o al frescor reparador de una rica cervecita bien tirada), llegó de la sección “Resistencias”.

En concreto de los documentales “Histeria de España” (“gran corrida patriótica”) y “La Transacción: un recorrido audiovisual”), concienzuda, sesuda, combativa y sarcástica recopilación de películas españolas malditas o a punto de serlo, en la negra noche del franquismo y en sus postreros y demenciales arrebatos (que llegan hasta nuestros días). Una desmitificación ardiente, necesaria, irreverente y clarividente de la tan alabada (por algunos próceres) Gran Transición Española a la Democracia, ejemplo y espejo donde se deben mirar otros regímenes autoritarios/dictatoriales. Ja, ja, ja…

Entre los 22 “bravos realizadores” que torean, investigan o contribuyen al invento, figuran gentes como María Cañas, Andrés Duque o Manolo Vázquez, y sobre todo, se valora la recuperación de imágenes impagables de obras como “Caudillo”, “Los santos inocentes” o “El sur” (y muchas más, hasta sobrepasar largamente el centenar), siempre recorrido por el espíritu bien presente de cineastas como Basilio Martin Patino, Carlos Saura, Víctor Erice, Chus Gutiérrez, Iciar Bollaín, Jordi Grau o Joaquin Jordá, entre una multitud)

“Radiografía de la historia/histeria reciente, espejo negro cañí, cadáver exquisito que concentra la sangre, el sudor (las lágrimas) y la caspa de la piel de toro, y por el que desfilan desde El Fary hasta Rita Barberá, se habla de temas como el independentismo, y hay fútbol, tortilla y safaris, entre mil cosas nuestras más” (Kikol Grau). “Españolito que vienes al mundo…te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón (Antonio Machado).

Y Nico

De las películas “fuera de concurso”, retenemos, sobre todo, “Nico, 1988”, de la realizadora estadounidense Susanna Nichiarelli, retrato de la ex-musa del ilustre grupo de la escena punk rock de Nueva York en los últimos años 60 del pasado (sí, pasado) siglo XX : la Velvet Underground. Banda donde también figuraban el inefable Lou Reed y el no menos conspicuo John Cale, todos ellos bajo la atenta mirada del rupturista y muy avispado Andy Warhol desde su fábrica de sueños/dólares The Factory..

 

 

La cinta, afortunadamente, no se centra en aquella época, sino en la situación psicológicamente terminal de la persona Nico, cuando intentó lanzar su carrera musical en solitario, con una propuesta personal, auténtica y sincera que le llevó a construir canciones de una extraña intensidad, sensibilidad a flor de piel y poesía furiosa y rotunda. Eso es lo que documenta el film, apoyado en la asombrosa interpretación de Trine Dyrholm (“Celebration”, “La comuna”). Tribulaciones, tristezas y alguna pausa feliz de una mujer extraordinaria, con un pasado familiar turbulento y un desenlace que tampoco podía ser muy risueño. No happy end.

El Festival de Sevilla, finalmente, ofreció una suerte de homenaje a la figura de la actriz malagueña Kiti Mánver, una de las muchas “chicas Almodóvar”, y protagonista femenina de filmes como “Habla, mudita”, “Todo por la pasta” o “Pagafantas”y partícipe asimismo en más de 70 telefilms y obras de teatro. Tributo merecido, sin duda, pero que, ¡hay!, no vino acompañada por la proyección de su mejor trabajo, el último film de su largo currículo.

P.S. Esta crónica está dedicada al “atento” director del Festival, Cienfuegos, y al no menos “amable” equipo de prensa del mismo, que me otorgaron toda clase de felicidades (facilidades) para realizar este trabajo, ordenador gratuito incluido. Thank you for nothing.

Festival de cine de San Sebastián 2017, Entre El Cielo y El Suelo

 

Una pobre selección a concurso no hace olvidar los grandes logros del certamen: el ciclo Joseph Losey y los premios Donostia (Darín, Varda, Belucci)

No pasará ciertamente a la gran historia del festival, pero la 65 edición del Zinemaldia contuvo suficientes elementos paralelos de calidad e interés como para considerar a 2017 como un buen año, sin más, en el devenir del evento.

 

The disaster artist

 

La selección oficial de películas a concurso fue más bien deficiente. Apenas un par de títulos o tres se salvaron del olvido. Entre ellas, ciertamente, la película que, a la postre, resultaría ser merecidamente la Concha de Oro, “The disaster artist”, divertida y amena historia sobre el rodaje de “The room”, considerada una de las peores películas de Hollywood, “el ciudadano Kane de las malas películas”. Dirigida por James Franco, actor (“Spider man”) y realizador (“Bukowski”), “The disaster” supuso un soplo de aire fresco y aliviante dentro de una adocenada y trivial, más bien aburrida, colección de obras menores.

 

 

También se salvaron de ese mencionado “disaster” títulos como la argentina “Alanis” de Anahí Berneri (Concha de Plata a la directora más destacada, y a la mejor actriz, Sofía Gala, compartida ésta con Anne Gruwez por “So help me God”), historia cotidiana de una prostituta callejera, con todo su dolor, su miseria y su dignidad; “El autor”, del español Manuel Martin Cuenca (“La flaqueza del bolchevique”), que se inicia con una prometedora y aleccionadora media hora y luego se va diluyendo como azucarillo en su sucesión de “gags” intermitentes, previsibles e inocuos; o, finalmente, la contribución vasca al certamen, “Handia”, de Jon Garaño, (premio especial del Jurado), una estéticamente cuidada y simbólica reflexión sobre una anécdota simple acerca del “hombre más alto del mundo”, surgido de un caserío tradicional.

 

Submergence

 

La película que abrió la semana, la esperada “Submergence” (“Inmersión”) del admirable autor alemán Wim Wenders supuso algo más que una notable decepción: la constatación de cómo la industria de las coproducciones internacionales puede arruinar el discurso personal y genuino de un gran artista (“Paris-Texas”, “El cielo sobre Berlín”… “Buena Vista Social Club”).

Inexplicable Concha de Plata al actor rumano Bogdan Dumitrache, por la aburrida y cinematográficamente plana “Pororoca”, mientras que “el mejor guión” fue a parar a las manos de los argentinos-brasileños Diego Lerrman y María Meira, por la muy irregular “Una especie de familia”.

Por su parte, el premio del Jurado a la mejor fotografía (un Jurado presidido por el excelso John Malkovich y con la presencia, entre otros, de la actriz Emma Suárez y del guionista Jorge Gerricaechevarría), recayó en la recurrente película alemana “El capitán”, historia de una patrulla militar nazi en tiempos de derrota final, descomposición y venganzas personales.

Los Premios Donostia

Habitualmente destinados a reconocer la trayectoria profesional, incluso personal, de las gentes del cine internacional, su designación depende en muchos casos de la posibilidad de que los galardonados pueden estar presentes en Donostia en las fechas precisas. Es un escaparate de cara a la proyección global del certamen, así como un “guiño” al siempre bien recibido (por los medios) “glamour”.

Este año, las menciones estuvieron bien seleccionadas y escogidas. Por orden de aparición, el primer premio Donostia recayó en la figura del actor y director argentino Ricardo Darin (“La señal”, “Nieve negra”), cuyos méritos profesionales están más que justificados en su larguísimo “curriculum” actoril. Títulos como “Nueve reinas”, “El hjijo de la novia”, “El secreto de sus ojos” y, más recientemente, “Un cuento chino”, “Truman”, “Relatos salvajes” y la actual “La cordillera”, entre otros muchos, jalonan una calidad interpretativa pocas veces cuestionada. “Todos los personajes que interpreta parece que hubieran sido escritos especialmente para él y solo para su interpretación…Darín transparenta al personaje que encarna. Le sentimos, nos emociona”, ha escrito el director cántabro Manuel Gutiérrez Aragón.

El caso de la realizadora francesa Agnes Varda es verdaderamente particular, y ha sido muy encomiable que el Zinemaldia se haya fijado en su figura. Nacida en Bruselas pero vecina de Paris desde 1951, Varda es una de las mejores documentalistas de la historia del cine. Comenzó como fotógrafa, alcanzando cierto renombre, pero fue su paso al cine lo que la encumbró pronto, hasta recibir el apodo un tanto humorístico de la “abuela de la nouvelle vague”. Casada con el ya fallecido Jacques Demy, en la amplia filmografía de Varda figuran titulos indispensables como “Cleo de 5 a 7”, “Panteras negras”, “La felicidad”, “Sin techo ni ley”, y la más divulgada en España, “Los espigadores y la espigadora”.

Finalmente, Mónica Bellucci. La actriz italiana, de extraordinaria belleza (digna sucesora de las mega-stars Sofia Loren, Claudia Cardinale, Gina Lollogribida), ha demostrado también ser una notable actriz. Entre sus trabajos: “Drácula de Coppola”, “Cleopatra”, la deplorable “Irreversible” (sin duda un borrón en su carrera el haber aceptado trabajado en este film hiper machista de Gaspar Noé), “Bajo sospecha”, la saga “Matrix”, “La pasión de Cristo” (donde hizo la Maria Magdalena), “El país de las maravillas” y la reciente “On the milky road”, de Emir Kusturica.

Mónica lució su lindo palmito por las calles de Donostia, pero no tanto como fans, diletantes, cazadores de autógrafos y “paparazzi” hubieran deseado. Su estancia fue más bien corta y se dejó ver poco. Es lo que tienen algunas estrellas rutilantes: una agenda excesiva.

EL gran Joseph Losey

En cuanto a cine, cine, más cine por favor, no hubo más ni mejor que el correspondiente al “Ciclo Joseph Losey”, casi exhaustiva y memorable retrospectiva (32 largometrajes y 6 cortos) dedicada al director norteamericano (La Crosse, Wisconsin, 1909), pero cuya mejor y más amplia obra se desarrolló en Europa (se instaló en Londres en 1950), ante la imposibilidad de trabajar en su propio país, señalado y perseguido como “peligroso” comunista por el Comité de Actividades Antiamericanas. La famosa “caza de brujas” del ultra-reaccionario senador Joe McCarthy (años 50).

Figura de culto en los años del “cine de arte y ensayo” (sic), las obras más famosas y divulgadas de Losey proceden de esa larga etapa: la “década prodigiosa” de los años 60 y sucesivos de reflexión, madurez y posterior recogida de velas y retirada al terreno del ostracismo, en el que todavía se encuentra su obra (felizmente truncada ahora por esta excelentísima recuperación de gran parte de sus “opus”).

La etapa inglesa de Losey (más o menos relacionada con la aparición del movimiento del “free cinema”, el de Karel Reisz, Lindsay Anderson, el dramaturgo Harold Pinter, el actor Tom Courtney, el también director Ralph Richardson), está trufada de grandes títulos. No tan solo los aclamados masivamente “El sirviente” (1963), “El criminal” (1960) y “Accidente”(1967), trilogía magistral sobre las dominaciones de clase social, humillación y perversión, el poder del sexo y del dinero…) sino también otros títulos menos trascendentes pero igualmente tocados por la magia de la creatividad: “Estos son los condenados” (1962), “Modesty Blaise” (1966), “Eva (1962)”, “Rey y Patria” (1964), hasta desembocar en la admirable y algo metafisica “Caza humana” (“Figures in a landscape”, 1970).

Para ese tiempo, el ya muy reconocido Losey se dispersa y pierde algo de su vigor social y de su combate político. Pero tiene aún arrestos para derribar tabúes en “El asesinato de Trostky” (1972), “Una inglesa romántica” (1975), “Galileo” (1975), “Don Giovanni” y otros muchos proyectos que cayeron en el olvido por falta de financiación. A pesar de sus éxitos, Losey siempre fue siempre un director “maldito”.

15 Festival De Cine y Derechos Humanos en San Sebastián, Buena Selección General, Deplorable Elección Final

La 15 ª edición del “Festival de Cine y Derechos Humanos”, celebrada en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián como sede central, y con numerosas ramificaciones en barrios, pueblos cercanos, centros culturales y otros espacios (sala de exposiciones de la FNAC, recinto de Tabacalera, Museo San Telmo, etc.) animó la oferta culta de la Bella Easo (tópico al canto), con una propuesta de cine adulto, serio, comprometido, como lo ha venido haciendo a los largo de sus tres lustros de trayectoria anterior.

Sin embargo, el regusto del balance final de esta edición es más bien agridulce: buena selección inicial de películas, sí, pero malas elecciones finales en cuanto a premios y galardones de parte de los distintos jurados.

El más llamativo, por ser precisamente el galardón otorgado a toda una trayectoria profesional por el propio festival, fue la concesión al film canadiense “Anatomy of violence”, dirigido por la realizadora hindú Deepa Mahta del máximo galardón del festival. Una película que pretendiendo denunciar los gravísimos casos de violación (y en ocasiones, como la presente) homicidio de las niñas y adolescentes indias, cae en el extraño, infantil y gravísimo error de mostrar más empatía por los violadores que por las chicas violadas.

Hasta el punto de conceder la palabra final del film a uno de los máximos responsables de tales execrables actos, que quedan justificados en su voz y en testimonio directo en primer plano -en mensaje postrero del film, y, por tanto definitivo- con argumentos del tipo “son cosas que pasan en la sociedad india…todos tenemos que morir, incluso los más jóvenes…no somos culpables de la educación sexual en nuestro país, etc., etc.”

Película políticamente muy incorrecta, como reconoció la propia directora en rueda de prensa posterior a la proyección del filme. Pero, además de eso, película simplemente incorrecta desde cualquier punto de vista. La animosa y simpática Deepa Mehta se ha metido, en unión de su esposo, el productor del trabajo en un jardín de espinas, que no de rosas.

Poco favor le hace a un festival de derechos humanos como éste la adjudicación de un premio estelar a semejante bodrio intelectual, fílmicamente dotado, además, de profundas imperfecciones formales.

Palmarés Oficial

El Premio del Público al mejor largometraje recayó en la película “La cazadora del águila” (“The Eagle Huntress”) del director Otto Bell, una cinta con tan poca relación con los derechos humanos como sugiere su argumento: “Una adolescente lucha contra la tradición en este documental, ambientado en el macizo de Altai, al este de Mongolia, donde, desde hace centenares de años reside una comunidad kazaja que mantiene una especial relación con las águilas reales”. Paisajes espectaculares y planos majestuosos y enfáticos parecen haber sido las razones esenciales, extra-cinematográficas, para conseguir este premio.

 

 

El “Jurado Jóven” concedió el premio al mejor largometraje a “Watu Wote” (Alemania), de Katja Benrath, el único mini-film del certamen de temática realmente política: “Durante la última década, Kenia ha sido objeto de ataques terroristas por parte del grupo islamista Al-Shabaab. “La desconfianza entre las confesiones musulmana y cristiana ha ido en aumento desde entonces” (notas del programa).

 

 

Finalmente, el premio Amnistía Internacional otorgado por un jurado compuesto por militantes de la organización humanitaria y profesionales del medio audiovisual, recayó en “Jackson”, de Maisie Crow (Estados Unido), un documental, o, más bien, un falso-documental, que pretende lanzar una mirada objetiva a los dos bandos, abortista / anti abortista, en la América profunda del racista estado de Misisipi. Pero hay ciertas cuestiones sociales -y la legalización del aborto es una de ellas- que son demasiado importantes como para dejarlas en manos de vociferantes manifestantes, como refleja el film, con más pena que gloria.

 

 

Tres Películas Realmente Salvables.

Un trío de filmes merecieron realmente la pena. Sobre todas ellas, “Land of the Gods” (“La tierra de los dioses”), del gran director serbio Goran Paskaljevic, una fulgurante y humanista mirada al mundo místico del zen inspirado en el hinduismo, el Tíbet milenario y el inabordable Himalaya.

Deslumbrante estética y fotográficamente, la peli es un canto de amor a una cultura no occidental que, sin embargo, también muestra sus violentas debilidades interiores. Pero finalmente, prevalece la pasión contemplativa de unas vidas -especialmente, las femeninas- repletas de candor, ternura y sensibilidad. Una película fuera de este tiempo y de este lugar, y que no encontrará fácil acomodo en pantallas comerciales, pero que su director reivindica como gran éxito de ventas en DVD a través de la gigantesca empresa de ventas on line, Amazon.

 

 

“Boling point” (Finlandia), de Elina Hirvonen, nos enseña una sociedad finesa que desconocíamos: los numerosos brotes ultras y nazis en el mundo confortable y satisfecho de una sociedad adelantada en casi todo, menos en la solidaridad con los más desfavorecidos. Película triste en cuanto nos revela unos comportamientos sociales que parecían corresponder a otros pueblos más primitivos. Elina Hirvonen no evita las confrontaciones entre bandos racistas / anti racistas, pero su postura como artista y cineasta permanece clara y nítida en todo momento. “Hay que tomar partido hasta mancharse”, dijo el poeta. Y Elina lo toma.

 

“Ama, nora goaz”, de Ibán González (Pais Vasco) fue prácticamente la única película representante del Estado español en el festival. Presentada fuera de concurso, se trata de un documental donde “las mujeres memorables y valientes son las grandes protagonistas de la Historia, esa historia que suelen marcar los hombres con sus guerras, sus inventos maléficos, sus agresiones mortales a poblaciones civiles indefensas, y sus disputas de todo tipo por cuestiones de raza, sexo y dinero.

 

 

En esta necesaria y difícil película, son las abnegadas mujeres que hubieron de emigrar y partir sin rumbo fijo hacia lugares ignotos y/o lejanos, a raíz del más sangriento, cruel, cruento e incivil conflicto bélico, desencadenado por las fuerzas de la anti-historia, del triste siglo XX en la llamada “piel de toro”, nación de naciones, crisol de culturas y lenguas diferentes.