Archivo de la categoría: Crónicas de conciertos

Ismael Serrano, Javier Ruibal, Deacon Blue, 30 Años de actividades sonoras

Ismael Serrano

Dos cantautores hispanos con personalidad propia y banda escocesa que resiste el paso del tiempo.

Tres conciertos de envergadura en el plazo de diez días, y con el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián como escenario confortable y casi mágico, buena sonoridad y agradable acomodo. Dos cantautores españoles y un veterano, ya casi venerable, grupo británico de pop-rock: un menú para satisfacer (casi) todos los gustos.

Ismael Serrano, nacido en Vallecas (Madrid) y con una larga trayectoria cantautoril a sus espaldas, se ha reinventado últimamente en algo más que un vocalista. Ahora también ejerce de artes dramáticas y de cuentacuentos. Otra novedad en su último espectáculo: a través de cintas grabadas, realiza una suerte de interlocución con su otro yo, un invento teatral que actúa en favor del entretenimiento y de la ruptura de normas básicas de un recital de solista único. Hasta ahí, bien, vale; pero la fórmula, que le gusta y regusta a su inventor, corre un peligro del que no se sabe siempre cómo salir.

Ismael abusó de la retórica y del actor que lleva dentro de sí. Y aunque muchas de sus canciones siguen siendo notables ejercicios de estilo (con Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez siempre al fondo), el concierto, en conjunto, pecó de artificio y de distanciamiento brechtiano, en detrimento de lo mejor que sigue ofreciendo su figura : una bonita voz, evocadora de lugares, situaciones y vivencias cotidianas; y unas músicas resultonas y que no meten miedo a nadie. Todo ello sazonado con un turgente sentido del humor, en dura pelea con la mordacidad cáustica y un pelín desencantada de su “mensaje” (sic).

En resumen, un “show” que sus muchos seguidores (teatro lleno) disfrutaron a tope, y que sus más críticos hubieron de reconocer que tenía su aquel. Entre uno y otro punto, el que suscribe quedó algo insatisfecho del global, por más que se aprecie y valore en positivo la profesionalidad, prestancia y “savoir faire” del que comenzara como cantautor socio-político y ha llegado a transformarse en poeta inspirado de la relación amorosa-erótica en todas sus vertientes / variables. Algo limitado, pese a ello, o gracias a ello, pero siempre una voz que se hace notar, se deja sentir, y logra alcanzar un veredicto casi siempre favorable.

Javier Ruibal

Javier Ruibal, el gaditano, con otra obra personal de larguísima trayectoria a sus espaldas, se presentó en el club/teatro pequeño del V. Eugenia pocas fechas antes de obtener el Premio Nacional de Cantautores Contemporáneos, titulo largo y algo pomposo que solamente hace caso, reduciéndolo, a un autor, cantante e intérprete que siempre se ha movido, y sigue haciéndolo, por el fértil terreno de una poética personal, más allá de un cierto andalucismo militante, marino y fronterizo, y se acerca a una suerte de universalidad más abstracta y buceadora de preguntas muchas veces sin respuesta única y totalitaria.

Javier Ruibal – Paraísos mejores

Acompañado por el excelente pianista vitoriano Iñaki Salvador en buena parte del recital, Javier se plantó desnudo frente al escaso pero conocedor respetable y se batió como los grandes en circunstancias no muy favorables. Presentó su nuevo disco, “Paraísos mejores“, dentro del contexto de una amplia gira que le ha llevado a escenarios con pedigrí, como la sala Galileo Galilei de Madrid, el auditorio Pilar Bardem, de Rivas-Vaciamadrid, la sala Garcia Lorca (Casa Patas), el teatro Turina de Sevilla, o su más familiar por proximidad vital Puerto de Santa María, gira que finalizará en el Gran Teatro de su querida Cádiz. Época, pues, feliz y merecida en reconocimientos para el cantautor español de evolución nítida y sin dobleces que le hace ocupar un puesto distintivo y único en el panorama de la canción de raíz de los últimos tres o casi cuatro decenios.

Deacon Blue – foto realizada por Paul Cox

Como coda final de la semana musical donostiarra, Deacon Blue, una oferta bien diferente en lo formal, pero igualmente atractiva a priori. Treinta años contemplan igualmente a esta banda escocesa, comandada de alguna forma por la pareja de voces de Lorraine McIntosh y Ricky Ross. El “adult oriented rock” que practican no se queda en un mero “rock suave” y de todo terreno comercial, sino que se aventura a veces por parajes más seudo-heavys (no siempre felizmente resueltos). Alguna sorpresa agradable fue la rendición de un muy peculiar “Ain’t got no home”, del inmortal Woody Guthrie, adaptado a estos nefandos tiempos de Trump/tribulaciones. Pero el fuerte de su prestación, cómo no, fue la reedición de sus grandes éxitos, tipo “Real gone kid” (1989), aunque los guiños historicistas tuvieron otra vez eco con “Always on my mind”, del no menos glorioso (en lo musical) Elvis Presley”.

Así pues, el sentido del nombre de la gira, “30 años, y siguiendo…” estaba justificado, y entre “hits” propios y apropiaciones con homenaje (el soul de Chi-Lites o el pop-rock primigenio de “Twist and shout” de The Contours / The Beatles), éste recital tuvo un poco de todo, si bien cortado por un mismo patrón final de sonido uniformizante, con las estridencias justas y con un sentido del espectáculo muy british, ahora que el Brexit amenaza con un enrocamiento del antiguo Impero frente a encuadramientos globalizantes, como toda le economía occidental sugiere, por cierto.

Luminosa Luz

Luz Casal

La vocalista gallega Luz Casal demuestra estar en plena forma, tras adversas vicisitudes

Por Alvaro Feito y Kike González Badiola

Intérpretes: Luz Casal (voz), Baldo (teclados, acordeón), Jorge Ojea y Borja Montenegro (guitarras), Tino di Geraldo (batería).

Lugar: Auditorio Kursaal, San Sebastián

Fecha: 21 de noviembre de 2018

Muy valiente la propuesta de la nueva gira de Luz Casal. Pocos artistas se atreven a arrancar un concierto desgranando uno a uno los temas de un nuevo disco. Desde que, transcurridos unos minutos después de las diez de la noche se cerrase el telón rojo del escenario y empezara a sonar “Que corra el aire”, hasta “La única verdad”, fueron escuchándose hasta siete de sus más recientes creaciones. Un cambio de vestuario y los primeros acordes de “Entre mis recuerdos” anunciaban el fin de la primera parte del espectáculo, marcada por temas intimistas acerca de la lucha por la existencia, el paso del tiempo y las ganas de volver a vivir.

Después, uno a uno, comenzaron a sonar casi todos los clásicos de su repertorio. Comunión perfecta entre Luz y el público donostiarra que abarrotaba el Auditorio y que aplaudió con ganas títulos como “Y no me importa nada”, “Besaré el suelo” y “Un pedazo de cielo”. Con “Loca” y “Rufino” terminó la segunda parte del show, que tuvo un carácter muy rockero, y en el que destacaron las guitarras eléctricas de Jorge Ojea y Borja Montenegro.

Luz Casal

Sin apenas descansar un minuto, reapareció Luz para interpretar junto a su pianista “Lo eres todo”, esa preciosa canción de amor que le regalaron las añoradas chicas de Vainica Doble. La voz de Casal en esta canción rozó lo sublime. Tras la inevitable “Piensa en mí” (tiene mérito que una composición de Agustín Lara de 1953 siga cautivando a gentes de todas las generaciones), Luz volvió a demostrar que es una mujer valerosa que no vive de las rentas, atreviéndose de nuevo a encarar otras dos canciones de su nuevo CD: “Morna” (una hermosa música tradicional caboverdiana) y “Amores”, una relectura del clásico de la también desaparecida Mari Trini.

Finalizó el recital con “Te dejé marchar”, con todo el público del Auditorio puesto en pie. Fueron dos excelsas horas en las que Luz Casal demostró estar saboreando una segunda juventud.

Del Getxo Folk al Mercado de Música Viva de Vic. Olatz Zugasti marca la diferencia.

Coincidentes el mismo fin de semana en las Hispanias post-romanas, el Getxo Folk y el Mercado de la Música Viva de Vic (Barcelona) ofrecieron momentos para el regocijo y la fundamentada esperanza en el futuro.

En Las Arenas (Vizcaya), debajo del Puente Colgante -prodigio de ingeniería novecentista- el Getxo Folk Festival Internacional llegó a su 43 edición. Un cartel de lujo: Olatz Zugasti, la arpista, guitarrista, teclista, cantante, compositora, compañera del excelso Benito Lertxundi, abrió el certamen, y casi lo finalizó: no hubo, seguramente, nada mejor que ella en el fin de semana.

Acompañada de su hija Gratxina en las flautas (travesera, piccolo), en los teclados y las segundas voces, Olatz desgranó buena parte de su quinto y maravilloso disco, “Ur goiena, ur barrena”, así como dio paso a tres o cuatro nuevas composiciones que habrán de figurar en su próximo álbum (para el mes de noviembre).

Olatz Zugasti

Intimismo, delicadeza, belleza y también compromiso artístico, estético y social en la voz cada vez más ajustada y modulada de Olatz, en unión de un excelente, sobrio y a veces pelín pasota de su trío de instrumentistas acompañantes (en especial, el batería catalán Oriol) configuraron un recital mágico, ensoñador, evocador, como suelen ser los suyos. Esperamos con impaciencia su nueva grabación, que tiene eso, sí, una tarea difícil: superar el disco precedente, sin duda uno de los tres mejores del ámbito folk español en la temporada pasada.

Por cierto, Benito Lertxundi también anuncia nueva grabación, y conciertos de presentación de la misma (en el Kursaal de San Sebastián, y en teatro Arriaga de Bilbao para los primeros días del inminente mes de diciembre). Vitoria, Pamplona y otras citas están aún pendientes de fecha de confirmacion. Estaremos atentos a la jugada, cómo no.

Manuel Luna

En Guecho, por lo demás, el cartel restante era de lo más atractivo: el folclorista, antropólogo, cantante, líder musical Manuel Luna, desde su Cantabria natal a su región de Murcia adoptada, fue la figura central de la segunda jornada.

Eleftheria Arvanitaki

La excelente vocalista Eleftheria (“Libertad”) Arvanitaki y el legendario grupo folk-rock inglés Fairport Convention (51 años de actividad incesante les contemplan) redondearon un programa de primera línea, como corresponde a uno de los mejores certámenes anuales del Pais Vasco y de todo el entorno geográfico circundante.

En Vic, a casi 100 kilómetros de Barcelona, el Mercado de la Música Viva (MMVV) llegaba a su 30 aniversario, y lo quiso celebrar por todo lo alto. Invitados especiales, profusión de grupos y solistas famosos y/o en edad de merecer, se alternaron en los cuatro o cinco escenarios de la Atlántida (sede central del encuentro): Auditorio, Carpa Negra, Jazz Cava, Carpa Vermella, Teatre, Off Mercat. Todos los géneros musicales imaginables, todas las propuestas posibles, innovadoras mayoritariamente, todos los estilos y maneras de encarar el fenómeno sonoro contemporáneo.

Kiki_Morente – Foto: Alex Rademakers

Nombres ya célebres (Marc Parrot, Kiki Morente, Sr. Canario, Ko Ko Mo, Alma Afrobeat Ensemble, Niño de Elche, Toti Soler (sí, el mismo, fastuoso guitarrista acústico de larguísima trayectoria en el mundo de la canço y alrededores), Alba Carmona, Mercedes Peón, los vascos Korrontzi -que también estuvieron en Guecho, en magnífico doblete-, Sara Fontán….y el maravilloso estreno de la brasileña Larissa, una artista de Sao Paulo que habrá que atender y seguir en un futuro inmediato: entre Suzanne Vega y Bjork.

Aquí tenemos a una compositora de hermosa tesitura vocal y plasmación ultra moderna, entre muestreadores (samplers) y guitarra eléctrica, que viene directamente de una hermosa herencia (Hermeto Pascoal, Os Mutantes…). A descubrir y a disfrutar en un futuro muy próximo.

Ciento cuarenta mil espectadores dicen que siguieron el MMVV en directo. Más o menos, da igual. Lo importante fue el escaparate colectivo, común y solidario: buen rollo, excelente ambiente, a veces incluso agradablemente familiar, “ninots” incluidos… El Mercat sigue adelante, y se plantea nuevos horizontes para otros 30 años venideros. Que así sea, y que nosotros lo veamos.

Bidasoa Folk 2018 ¿La Mejor Edición De Su Historia?

Los Sabandeños, Sharon Shannon y Dyaa Zniber: un gran cartel.

Por Alvaro Feito

Si no la mejor edición de su ya larga historia, el Bidasoa Folk 2018 se aproxima al primer puesto del ranking, con toda seguridad. Ya han pasado muchos y grandes artistas por la preciosa Bahía de Chingudi y su entorno (Fuenterrabía, Irún, Hendaya), nombres gloriosos como los de María del Mar Bonet, Benito Lertxundi, l’Ham de Foc, Paco Ibáñez, Vieux Farka Touré…y tantos otros, pero este año la selección ha sido rotunda y quizás más completa que nuca, no tanto por la fama a priori de los participantes, como por las excelentes prestaciones que han ofrecido todos ellos.

La medieval y entrañable Plaza de Armas, con el Parador Nacional al lado, agrietados aún sus muros por las salvas de los cañonazos guerreros de antaño, recibió la presencia de uno de los grupos más veteranos e ilustres del panorama español (Islas Canarias incluidas, como no podía ser menos). El grupo fundado por el infatigable Elfidio Alonso hace algo así como 50 años (Elfidio posee aún unos juveniles 83) demostró no solo estar en buena forma, sino exhibir una de las mejores formas de toda su vida.

Con la dirección musical de otro grande insular, Benito Cabrera, y con sus 29 músicos/cantantes en escena, Los Sabandeños son institución viva aquí y allá, allá y acullá (Latinoamérica incluida) del folk canario, valga decir también universal. Ahí es nada su trayectoria, y ahí es nada su plasmación actual, demostrada con creces en Fuenterrabía, separada de Hendaya por la isla de los Faisanes, de raigambre histórica sin cuento.

 

Los Sabandeños

 

Actuando en todo momento como maestro de ceremonias, y didáctico presentador de todos y cada uno de los temas interpretados, E. Alonso dio toda una lección erudita y sabihonda, sin artificio ni pretenciosidad alguna, de su “set” de canciones. Primera parte dedicada al folklore canario más profundo, desconocido, oscuro a veces (isas o jotas, folías o fandangos, seguidillas o boleros), fue una parte del recital necesaria y saludable, si bien a veces un tanto ardua y difícil para el público no ducho en la materia (entre el que me cuento).

La segunda mitad fue otra cosa : una sucesión de “grandes éxitos” (sic) de las canciones más reconocibles y cantadas del repertorio sudamericano : “Amapola”, “Alma Llanera”, “Guantanamera”, “La flor de la canela” (recuerdos imborrables de María Dolores Pradera), hasta completar un “set” repleto de bellas armonías, hermosas vivencias, temas eternos, boleros, incluso cuecas chilenas o sones montunos : un recorrido vital y entrañable por la geografía del llamado (hace tiempo) Nuevo Mundo.

Ahora, más nuevo que nunca. Los Sabandeños lo bordaron en sus increíbles voces -por encima de algunos gorgoritos tenores operísticos, mas propios del clasicismo musical que de lo popular ancestral.- Ni siquiera esos momentos consiguieron borrar la impresión general : el mucho público asistente lo disfrutó de lo lindo, y era hermoso ver cómo, al final de la actuación, el respetable se abalanzaba hacia Elfidio dándole abrazos, pidiéndole su firma, felicitando en su persona a toda esa antigua rondalla convertida ahora en majestuosa formación de folk contemporáneo, batería y percusiones varias incluidas.

A eso, de alguna forma, se le llama estar en la vanguardia. Musicalmente, uno de los conciertos más perfectos de toda la historia del Bidasoa: ni un solo fallo, ni un solo desajuste, ni un solo desafine. Eso tiene mucho mérito. Y tiene toda nuestra admiración, por más que este género musical no sea el preferido de quien suscribe. Eso no importa: importa lo demás.

 

Sharon Shannon

 

La acordeonista irlandesa Sharon Shannon (El famoso “Diario Vasco” se lució al mencionarla como “una de las mejores cantantes de su país”) nos regaló un concierto tan admirable como breve. Quizás presionada por los horarios de su vuelo de retorno a casa, su entrega no llegó a la hora y media de exhibición (bises incluidos). Lo bueno, si breve… Pero uno dice: lo bueno, cuanto más largo, mejor. Jigs, reels, baladas cantadas por uno de los miembros masculinos de su cuarteto acompañante, homenajes a quién sino Bob Dylan en “Don’t think twice, it’s all right”…el “set” de la simpatiquísima Sharon (que ha perdido ya su rostro aniñado y se aprecia el paso del tiempo, como no podía por menos de ocurrir, por su agraciado porte) estuvo marcado por la precisión técnica, la profesionalidad continua y la belleza y vitalidad de unas melodías y ritmos imperecederos. No pudo faltar, y no faltó, la “Music for a found harmonium”, tema original del Kronos Quartet, que Sharon ha hecho también suyo.

Finalmente, la tercera jornada, desarrollada en el ambiente lujoso y “chic” de la terraza Sokoburu de Hendaya, al ladito mismo de la Grand Plage, acogió la presencia del grupo marroquí de la vocalista Dyaa Zniber (nacida en Salé-Rabat, pero residente en Cannes, Francia) y su Conjunto Patrimonio de la Musique Andalusí Marocaine. Quizás no fue el marco más adecuado para este recital, donde se esperaba más presencia de gente magrebí. Así y todo, el quinteto supo ganarse el favor del público resistente, y logró momentos de máxima intensidad expresiva, sobre todo en temas reconocibles para la colonia andaluza-hispánica: “La Tarara” fue un buen ejemplo de ello. Ecos del recordado/añorado conjunto Radio Tarifa también aparecieron en su repertorio, repleto de melismas orientalistas, requiebros casi jondos y aromas mediterráneos, sin perder nunca de vista su arabismo connatural: extensas piezas instrumentales y vocales que persiguen y logran a veces el paroxismo, también llamado “trance”.

Las piezas de procedencia sefardita (judío-española) nuclearon la actuación de este joven grupo que, vestidos con sus típicas “shellabas” parecían esconder personajes más veteranos, y que, pese a ciertas limitaciones vocales de su líder (femenina) -difícil para ella acceder a las notas más agudas-, completaron una actuación más que correcta, con momentos de rara intensidad lírica y poética, para finalizar así con esmero y gracia unas jornadas del Bidasoa Folk que, si no pasará a la Historia Grande del certamen, estará muy, muy cerca de ella.

La Mar de Músicas 2018, un festival venido (un poco) a menos

Fatoumata Diawara, la gran estrella de la 24 edición cartagenera. Buenas prestaciones de Human League y Axel Ikot

Cartagena – Será quizás porque se está tomando un respiro, de cara a las bodas de plata del próximo año; o será porque La Mar de Músicas (LMM) está ya en esa edad de la pos-adolescencia, que tan mal le sienta a muchos jóvenes…el caso es que uno de los mejores (si no el mejor) festivales musicales del híper-cálido, achicharrante estío hispánico, da muestras, de un tiempo a esta parte, de un cierto cansancio existencial, un indisimulado hastío, hasta caer en la auto-complacencia y el confusionismo.

Del 20 al 28 de julio, nueve abigarradas jornadas conformaron un cartel de actividades tan extensas como rutinarias, tan dispersas como atosigantes, tan eclécticas como desiguales, tan atractivas (en pocas ocasiones) como prescindibles (en muchas otras).

Lejos quedan atrás ediciones brillantes, con presencias ineludibles (Youssou N’Dour, Marianne Faithfull, Franco Battiato…). Este año la gran estrella del certamen ha sido la maliense Fatoumata Diawara, en plena y meteórica ascensión al cenáculo de la calidad artística y la fama masiva; y es de agradecer que LMM nos la haya traído tan puntualmente, “live”, en pleno descubrimiento occidental. O, mejor, en total confirmación de su alto “status” vital y escénico.

 

Fatoumata Diawara – foto realizada por Angel Romero en 2012

 

“Fatou” trajo de la mano su más reciente grabación, “Fenfo” (“Something to say”), un disco que ya se vislumbra como gran candidato a mejor trabajo sonoro aparecido en 2018, aunque solo sea en el importante apartado de las “músicas de África”.

 

Fatoumata Diawara – Fenfo

 

Clara aspirante a ocupar en el futuro inmediato el lugar de honor que detenta Oumou Sangare, quien la pasada temporada barrió en listas y escenarios mundiales, Fatoumata se marcó un “set” repleto de vitalidad, intensidad, arrebato y conciencia social, feminista y humanista. Hubo guiños en su prestación a la histórica Miriam Makeba, y a la no menos admirable Nina Simone; y, sobre todo, a esas cadencias rítmicas que nos remiten a lo mejor de las tradiciones sonoras que nos llevan a la esencia del África Occidental.

Entre lo ancestral y la modernidad, estéticamente quizás demasiado virada a un sonido occidental, con querencia particular por arreglos jazzísticos y rockeros (más que a los cantos “griots” o “wassulu” de su tierra). Pero no se le puede achacar en exceso esa opción, porque Diawara está construyendo (o ayudando a crear) una nueva sensibilidad expresiva, que no reniega de su historia, ni de su época ni de su espacio en el mundo planetario.

Canciones como la propia “Fenfo”, que da título al disco, es bien clarividente en este sentido : “¿Por qué nadie me dijo nada? Ni papá. Ni mamá, ni mis amigos ni mis familiares me hablaron del mundo que yo habitaba…Todos ellos tenían algo que decir, pero no lo hicieron...”

¿Rebeldía o protesta? Ni lo uno ni lo otro: Fatoumata registra, documenta la situación y la denuncia, sin acritud, pero con firmeza. Su querida “Mama” merece otra canción, y se la ofrece. En su lengua bambara canta también con fervor “Ou y’an ye” o “Negue Negue”, pero asimismo abraza el universal lenguaje del inglés para reconocer que hay otros ámbitos, y no vale de nada quejarse todo el tiempo de la “globalización”, Mas bien, su postura ante ella es la de ofrecer la alternativa de un producto artístico de notable altura, pasando por una tecnología punta, pero sin olvidar el espíritu inconformista y luchador.

Tras la exhibición vocal e instrumental de su excelente banda acompañante, Fatoumata se soltó el pelo y bailó como una posesa, fiel a la polirritmia y pasos de danza de su “background”, posturas rocambolescas, desmelenes y exposiciones corporales hasta alcanzar ese clímax final que no puede faltar en ningún concierto africanista que se precie.

 

Alex Ikot

 

Otra buena actuación corrió a cargo del guineano ecuatorial Alex Ikot, residente en España (Madrid, sobre todo) hace bastantes años, pero conservando la fuerza telúrica de sus ancestros, la polivalencia de sus tambores y percusiones varias, y la indudable capacidad para construir canciones enrolladas y pertinentes. Otra gran banda en el escenario, con un guitarrista eléctrico de mucha valía, y dos coristas/bailarinas de fuerza arrolladora y gran sensualidad.

El grupo “pop” y “post punk” Human League, procedentes de Sheffield (Reino Unido) cerró el festival y lo hizo con una prestación impecable de sonido, luz y videos. Pero su música parece ya a estas alturas, desde el punto de vista de la vanguardia, un tanto obsoleta y previsible.

Adelantada en los años 80 del pasado siglo de un pre-tecno neo-romántico, la banda, tras varios cambios en su formación, ha derivado hacia un pop-rock, con su manierista líder vocal y otras dos voces femeninas, elegantes y “glamorosas, pero a años luz de la gracia y naturalidad de las procedentes del Sur “beyond” Gibraltar. Human League realizó un concierto fácil y agradable para llegar al gran público, y en eso se quedaron. No faltó su gran “hit”, “Don’t you want me” -más de dos millones de copias vendidas en su día-, y el personal asistente disfrutó de lo lindo.

Totó la Momposina, colombiana esencial; el ya consagradísimo Rubén Blades, con su salsa politizada y de medio pelo, y el inefable cantante estadounidense Gregory Porter ofrecieron, al parecer (no pude asistir) recitales por encima de la media; y la única presencia en España de la neozelandesa Marlon Williams significó igualmente un hito dentro de la semana cartagenera.

Pero fue el encuentro de la familia Montoya, con Alba Molina y la recordada Lole (de Lole y Manuel, una de las únicas voces andaluzas que se han atrevido con el repertorio de la inmensa egipcia desaparecida Om Kalzum, interpretando incluso en lengua árabe) el recital que mayores emociones despertó, en el terreno siempre bien recibido del flamenco.

Hubo más artistas procedentes del Gran Continente Negro, siempre santo y seña desde los inicios de su andadura de LMM: los congoleños Kokoko¡, los malienses Kokoi Blues y Bamba Wassoulou, la guineana Djanka Diabaté, le ecuatorial Nélida Karr…Brasil, Venezuela, Escocia, Tibet, Palestina, Jamaica y Portugal, sin olvidar a los Estados Unidos de la muy excelente Cecile McLoin Salvant, fueron otros países representados en la convocatoria. No se le puede negar a LMM su vocación internacionalista, descubridora de talentos y atraída por los desconocido y/o exótico.

Pero otra zona importante de la programación dejo bastante que desear. El país escogido este año como “invitado especial”, Dinamarca, tiene todavía muy poco que decir en el terreno musical, excepciones tipo The Savage Rose al margen.

Demasiada presencia inocua, excesiva atención a quien poco la merece, pleitesía a corrientes artísticas todavía en mantillas, y en todo caso absolutamente prescindibles.. A los programadores les debe gustar pasar unos cuantos días en zonas ricas, intentando resolver la cuadratura del círculo. O será para compensar la “africanidad” del evento. Y ¿qué decir de la (in)dependencia murciana?. Grupos y solistas en edad de merecer, coleguillas del entorno, que aquí encuentran acomodo fácil pero inmerecido. Dejen todo eso para concursos noveles y actos colegiales.

Así pues, en Cartagena 18 ha coexistido lo sublime con lo grotesco, lo admirable con lo desdeñable, lo válido y lo irrisorio…Un festival al 50%, o poco más. Síntomas de “faiblaise”, donde la cantidad supera la “qualité”, y donde se cuelan muchas cosas que no debieron colarse, para engordar un programa ya de por sí bastante grueso. El gusto por el gigantismo.

Seguro que se estaban calentando motores de cara a los 25 años próximos del certamen. La progresiva disminución de presupuestos oficiales y de subvenciones quizás explique algo de la situación actual. Pero ¿dónde fueron a parar aquellos magníficos libros editados antaño, programas de apoyo y ayuda? Hace tiempo que ya desaparecieron: se los llevó el viento.

Por lo demás, y por último, deplorar la insolidaridad y escasa altura humana de la dirección del festival. Ella sabe por qué… Pero eso lo dejamos para otro momento, otro año, otra galaxia. O quizás para nunca jamás, como la Tierra de aquel que no quería crecer nunca del todo.

Magnifico programa de Black Atlantic 2018 ofrecido por Duke Performances

Joan Soriano en Black Atlantic – Foto realizada por Angel Romero

 

A lo largo de seis días, Duke Performances, el Departamento que programa los conciertos y obras de Artes Escénicas de Duke University, presentó una serie de conciertos la última semana de marzo de 2018 llamada Black Atlantic (Atlántico Negro). El programa trajo a Durham, Carolina del Norte, varios ejemplos magníficos de música africana y artistas de la diáspora africana. Duke Performances organizó los conciertos en dos lugares fuera de la Universidad Duke para acercar la música al público en general: la sala Motorco Music Hall y el Carolina Theatre.

El primer concierto de Black Atlantic tuvo lugar el lunes 26 de marzo en Motorco. Fue el artista de bachata tradicional Joan Soriano de la República Dominicana. Se trató de una noche dedicada al baile, con varios profesores de danza y alumnas que disfrutaron bailando al son de las canciones de Soriano. Entre el público había bastantes dominicanos y otros latinoamericanos que se unieron a la fiesta.

 

 

La segunda presentación, el martes 27 de marzo, mostró a la aclamada cantante haitiana Emeline Michel en Motorco. Su estilo mezcla el jazz y pop, y su baterista incorporó ritmos haitianos adictivos.

El estadounidense Ned Sublette, un conocido compositor, músico, productor musical, musicólogo, autor y fundador de Qbadisc, que asistió a los primeros conciertos, dijo: “En la segunda noche del festival, la súper fuerte y completamente genuina Emeline Michel, recientemente llegada de Haití, tocó con un grupo profesional de 4 músicos (incluido el guitarrista Dominic James) y una visión personal internacionalizada enraizada en su ciudad natal de Gonaïves, con una superposición de estudios de música en Detroit y una amplia experiencia en varias ciudades del mundo. He escuchado la música de su primer álbum en el futuro, pero nunca tuve la oportunidad de conocerla; Qué emoción. El público haitiano de Carolina del Norte trajo su inyección de amor a la sala”.

 

Betsayda Machado y La Parranda El Clavo en Black Atlantic – Foto realizada por Angel Romero

 

El concierto del miércoles 28 de marzo contó con la participación de Betsayda Machado y La Parranda El Clavo de Venezuela en la sala Motorco, que estaba abarrotada. Este conjunto afro-venezolano de cantantes, tamboreros y bailarines trajo orgullo venezolano a un gran grupo de compatriotas que asistieron al evento. El autor y actor venezolano residente en Durham, Miguel Chirinos, proporcionó detalles sobre el conjunto: “El grupo de Betsayda Machado y La Parranda El Clavo participó recientemente en el Festival Atlántico Negro organizado por Duke Performances en la ciudad de Durham. Este grupo es originario de un poblado llamado El Clavo, Estado Miranda en el noroccidente de Venezuela. Su música es a base de percusión, especialmente los tambores de Barlovento, típica música en los pueblos de la costa del país.

Hablando con Betsayda me comentaba que tienen más de 30 años haciendo música y la parranda es la música que acompaña durante las procesiones de San Juan Bautista, patrono de la comunidad Afro-Venezolana. Además de participar en las diferentes festividades religiosas, ya tuvieron la oportunidad de grabar su primer CD, que recoge sus principales composiciones y que según grabaron ‘debajo de una mata de mango’. También les están realizando un documental donde contaran la historia del pueblo El Clavo, su gente y su música!

Ned Sublette articuló lo siguiente: “Esperaba disfrutarlo, pero no sabía lo delirante que resultaría ser.

Machado es una líder poderosa y el conjunto es de primera clase. Su espectáculo bien compuesto fue un modelo de cómo trabajar con instrumentos acústicos tradicionales en un escenario de concierto basado en la percusión. Llevar muchos instrumentos durante la gira es problemático y costoso, pero lo hicieron. Este espectáculo incluyó un instrumento afrovenezolano, las quitiplas [un conjunto de palos de bambú que se tocan verticalmente], que nunca se escuchan fuera de Venezuela, así como el furro (o furruco, un tambor de fricción o zambomba) que mantiene energéticamente el bajo, junto con una variedad de tambores. Las voces del grupo -cinco hombres y tres mujeres, todas bellamente vestidas- afirmaron con autoridad melodías en una armonía multifacética bien afinada, con un hipnótico tiempo de guerra con los tambores, dando al grupo su propia textura polirrítmica. Cuanto más duraba, más quedaba embelesada la sala.

La gran conguera de Durham, Beverly Botsford, se levantó con ellos por un minuto caliente, y eso también me pareció bien. Todo fue tan irresistible que no pude molestarme en volver al bar“.

 

Fode Lassana Diabate en Black Atlantic – Foto realizada por Angel Romero

 

El cuarto concierto de la serie, el jueves 29 de marzo en Motorco, presentó a tres de los mejores músicos de Mali. Tres yelis (griots o jelis) de familias tradicionales de músicos y cantantes bien conocidas mostraron gran virtuosismo y encanto en una sala llena.

El productor y cantante estadounidense, residente en Chapel Hill, Bob Haddad, fundador del sello Music of the World dijo: “Trio Da Kali es un extraordinario grupo de músicos griot de Mali. Fode Lassana Diabate toca su balafón (xilófono de madera) de la manera más fluida; un verdadero virtuoso. El bajo ngoni (laúd de África occidental) de Mamadou Kouyate es rítmico, percusivo y fascinante, y Hawa Kasse Mady Diabate es la cantante griot femenina más destacada de los últimos años. Su colocación de notas, la forma en que da forma a sus improvisaciones y la forma en que estructura su voz son realmente extraordinarias. Juntos, estos tres músicos crean un sonido que es inspirador, evocador, cautivador y edificante“.

 

Aurelio en Black Atlantic – Foto realizada por Angel Romero

 

El último concierto en la sede de Motorco, el viernes 30 de marzo, estuvo dedicado a la música de la comunidad garífuna. En este caso, fue el artista garífuna más conocido en este momento, Aurelio Martínez, de Honduras. Entregó un emocionante conjunto de canciones para promover la paz y los derechos del pueblo garífuna de Honduras, Belice, Guatemala y Nicaragua.

 

Diego El Cigala

 

El último concierto de Black Atlantic tuvo lugar el sábado 31 de marzo en un lugar mucho más grande, el Teatro Carolina en el centro de Durham. El cantaor flamenco Diego El Cigala presentó su último proyecto, una colaboración con músicos de salsa. La venezolana Soleir Gordon-Shaefer, presentadora y productora de La Tertulia con Solangel en WHUP en Hillsborough dijo: “El es uno de mis favoritos. Disfrute totalmente el concierto, fue más de lo que esperaba ya que no solo promociono su CD Indestructible, pero también canto otros temas que le pedían. El desempeño del coro y los músicos fue tremendo sobre todo el pianista. Fue una noche mágica con la euforia del público”.

La médico y tamborera colombiana Maricela Cáceres también nos ofreció su comentario: “El talento de Diego El Cigala es indiscutible, esa combinación de dos ritmos completamente diferentes fue magistral. La orquesta es excelente, el pianista y todos los músicos unos maestros. Yo iría a verlo una y otra vez porque es un show único.”

Aaron Greenwald, director ejecutivo de Duke Performances, reveló a nuestra revista en inglés, World Music Central que la intención es continuar la serie Black Atlantic el próximo año. Ya estamos esperando con ansiedad la próxima entrega de esta magnífica serie.

“Las rutas de la esclavitud” – Jordi Savall, Músico De Músicos

Las rutas de la esclavitud” es una magna obra narrativo-musical que ilustra la vergonzosa historia de la trata de esclavos negros.

Intérpretes:

Jordi Savall (viola de gamba, director musical). La Capella Reial de Catalunya. Hesperion XXI. Tembembe Ensamble Continuo. Mali: Kassé Mady Diabaté (canto), Ballaké Sissoko (kora), Mamani Keita, Tanti Kouyaté, Nana Kouyaté (coristas). Madagascar: Rajery (valiha). Marruecos: Driss el Maloumi (oud). México-Colombia: Ada Coronel (vihuela, wasá, danza y canto). Leopoldo Novoa (marimbol, Marimba de chonta y triple colombiano), Enrique Barona (vihuela, Leona, Jarana, Quijada de caballo, danza y canto), Ulises Martínez (violín, vihuela, danza y canto). Brasil: María Juliana Linhares (soprano), Zé Luis Nascimento (percusión). Argentina: Adriana Fernández (soprano). Venezuela: Iván García (bajo). Recitador Emilio Buale. Selección, adaptación de los textos y de la cronología: Sergie Grau y Manuel Forcano.

Escenario: Auditorio Kursaal. San Sebastián.

Fecha: 7 de marzo 2018

Cita histórica en el Kursaal de San Sebastián: el genial músico, director escénico, investigador artístico Jordi Savall, representante ilustre de Cataluña, presenta su magna obra “Las rutas de la esclavitud”, una contribución impagable de carácter histórico, filosófico, sonoro (tradicional y plenamente moderno, al mismo tiempo) encaminado a hacer un mundo mejor a través del conocimiento, la sensibilidad y la empatía hacia los pueblos oprimidos, simbolizados en la ignominiosa historia de la trata de esclavos negros.

Así, Jordi Savall se configura, una vez más (y ya van muchas) como un verdadero “músico de músicos”, un maestro de maestros, uno de los artistas contemporáneos (no solo europeo u occidental) más preclaros, inspirados, solidarios, eruditos, sensibles de todo el ancho y vasto mundo. (“ Mira, el mundo es pequeño si no tienes corazón”, dijo él; “el mundo es muy grande si tienes corazón”. Llan de Cubel, el gran grupo “folk” asturiano en su álbum memorable “De un tiempo meyor”, 2004).

Jordi Savall – Las rutas de la esclavitud

“Las rutas de la esclavitud” -recordemos: magnifica obra discográfica/literaria, con una presentación gráfica de quitarse el sombrero, dos CDs, DVD y libreto acompañante en francés, inglés, catalán, alemán, italiano y castellano. Sello Hybrid, 2016. 25 euros- se estructura a través de múltiples recitados que contextualizan la cronología de los hechos narrados.

Comienza con la “Crónica del descubrimiento y la conquista de Guinea”, a cargo de mercaderes y marinos portugueses (1444) y se ilustra con música tradicional de Mali, un tema brasileño de tradición africana y una melodía Romanesca a la guitarra,

Recitado 2: “1505. El 15 de septiembre el rey Fernando el Católico escribe una carta a Nicolás de Ovando”, con citas sonoras de Mateo Flecha, el Viejo (son jarocho), el tema anónimo maliense “La Negrina” y el canto de griot “Manden Mandinkadenou”.

Recitado 3: ”1620. Los primeros esclavos africanos llegan a las colonias inglesas”, sobre el fondo musical de melodías brasileñas populares, el “Canto de Guerreiro”, un son tradicional de Colombia y el Canto sacro “Velo que bonito” o San Antonio.

4: “1657. Richard Ligon publica en Londres ‘A true and Exact History of the Island of Barbados”- Ecos tradicionales procedentes de Escurinho y Ciranda (Brasil), de Puebla (México) y la “negrilla” Tambalagumbá”.

Recitado 5 : “1661. Los castigos de los esclavos contemporáneos en el ‘Código de la esclavitud de Barbados’”. Se escucha “Follow the drinkin gourd”, canción de esclavos norteamericana, seguida de los sonidos hipnóticos de la kora y el ud.

Recitado 6: “1685. El ‘Código Negro’, promulgado por Luis XIV, se mantiene vigente hasta 1848”. Se oye el canto de griot “Sinanon Saran” y otro anónimo de Mali.

8: “1772. Raynal, historia filosófica y política de los asentamientos y el comercio de los europeos en las dos Indias”. Maracatú y samba brasileiras.

9: “1782. La esclava Belinda solicita al Congreso de Massachusetts una pensión”. “Simbo (canto de griot) y otro anónimo.

Recitado 10: “1848. Decreto de abolición de la esclavitud”. Músicas ad hoc: anónima, Códice Trujillo (Perú y Bolivia) y Tonada El Congo: “A la mar me llevan”.

11: “1885. Carta de Abrahan Lincoln a Joshua, amigo personal y propietario de esclavos en Kentucky”. Subrayado : la célebre canción espiritual “Amazing grace”.

Y 12. Conclusión: “1963 : ‘Por qué no podemos esperar’, de Martin Luther-King. Con una canción de esclavos estadounidense, “Another man done gone”, un anónimo maliense y, para finalizar, cómo no, un canto de griot, concretamente el titulado “Touramakan”.

 

Jordi Savall

 

“Las rutas de la esclavitud” quedará para la posteridad como una obra decisiva, estimulante, adelantada a su tiempo, necesaria y sorprendente. Una obra que combina música popular/tradicional con elementos de autor y de nueva elaboración, con predominio -afortunadamente- de las primeras.

Para Jordi Savall las divisiones entre popular y clásico no tienen sentido y son artificiales, además de estar obsoletas. Todo su trabajo se basa en esa premisa. Ha indagado en las músicas de Oriente, del Medievo y del Renacimiento, se ha acercado hasta la “Ruta de la Seda” y a conocer a fondo la cultura musical de Venecia. Próximamente, en Fès (Festival de las Músicas Sagradas) estrenará otra partitura sobre los recorridos del viajante pionero hispano-marroquí Ibn Batuta.

Jordi Savall no para. Y nosotros que lo veamos.

Tony Allen en Bilbao. Olvido del Afrobeat

Tony Allen

 

Ficha Técnica:
Músicos: Tony Allen (batería), Mathias Allamane (contrabajo), Jean Philippe Dary (piano), Jean François Kellner (guitarra eléctrica), Nicolas Giraud (trompeta), Yann Yankielewicz (piano).
Escenario: Sala BBK, Bilbao
Fecha: 5 de diciembre de 2017

Visita inesperada de uno de los mejores baterías de la historia contemporánea del jazz y aledaños, Tony Allen se presentó en la capital vizcaína con un grupo de músicos europeos (mayormente franceses) cuya técnica y sensibilidad están muy lejos de los sonidos nigerianos y de su ritmo propulsor desde los años 1970, el llamado “afrobeat”, inventado por el legendario Fela Kuti, y en cuya banda, The Koola Lobitos militó el propio Tony Allen.

Era tan jodidamente raro para la gente esa música entonces, ya sabes… Nos costó 5 años establecer propiamente ese sonido en el país (Nigeria). Al comienzo, solo eran los amantes del jazz los que lo pillaron…pero más tarde la gente en general empezó a entenderlo, cuando nos veían actuar en el club Afro-Spot. Venían muy pronto al local, y entonces esa música les llegaba al fondo y fue entonces cuando decidimos realizar una gira por los Estados Unidos” (Tony Allen, co-fundador del Afrobeat, percusionista y batería con The Koola Lobitos y Africa ‘70, 1965-1978).

40 años han transcurrido desde aquellos tempranos e históricos escarceos de Fela Kuti con su nueva sonoridad, que alcanzaría renombre universal. Por entonces, Fela luchaba a brazo partido por hacerse un hueco en una escena musical dominada por el ‘highlife’ y sus máximos representantes E.T. Mensah y Victor Olaya. Fela Ramsone Kuti se sacó de la manga uno de los muchos ases que, por arte de magia, tenía en la recámara. Hizo divulgar la noticia de que la gran estrella norteamericana del “soul” y el “funk”, el ínclito James Brown, estaba prendado del estilo de Kuti, e incluso le había pedido que le cediese una canción suya. Con ese truco, consiguió un contrato para actuar en Estados Unidos donde, por cierto, se establecería una larga temporada. Allí, Fela se politizó, al entrar en contacto con la radicalidad militante del Partido de las Panteras Negras, el de Bobby Seale y Stokely Carmichael.

Tony Allen

El `highlife’ era muy importante. Fue el sonido de la independencia nigeriana, incluso de todas las emancipaciones de los países anglófonos del Africa Occidental, aunque asociemos ese género primordialmente a Ghana y a Nigeria… Bobby Benson, por ejemplo, que era considerado el padre del ‘highlife’ nigeriano, había tocado en la banda de E.T. Mensah, en Ghana. Victor Olaya también había participado en la misma, y, por supuesto, Fela también participó en el grupo de Olaiya…Era la música dominante en la época en que Fela era un adolescente o un adulto jóven… la mayor parte de los grandes líderes del ‘Highlife’ eran trompetistas” (Michael E. Veal, biógrafo esencial de Fela Ramsome Kuti, y profesor asistente de etnomusicología en la Universidad de Yale).

Ayer y hoy

Este fue el contexto en el que el joven prodigio de la batería, Tony Allen, nació y creció, musicalmente hablando. Uña y carne durante lustros de Fela, Allen se convirtió en un elemento decisivo de sus bandas y de su evolución. Allí estuvo siempre el percusionista, en primera fila.

Ahora, envejecido -como no podía ser de otra manera-, pero aún en plena forma sobre los tambores, los platos y los bombos, Allen pasea su figura de venerable y respetado intérprete por los escenarios de medio mundo, especialmente el universo europeo. Rodeado de jóvenes y sesudos amantes del jazz melifluo, Allen abandona su estilo más apreciado y querido, el “afrobeat” y se doblega a ejecutar escalas previsibles, ritmos rutinarios y sonoridades inocuas, el género de jazz inofensivo que gusta a las audiencias maduras y algo conformistas.

Olvido del “afrobeat”, pues, y saludos a un “set” de temas ni buenos ni malos, ni execrables ni entusiasmantes. Algunos interesantes solos del contrabajista Mathias Allamane, y del pianista Dary, sin olvidar los ocasionales inspirados momentos de los vientos y la aportación muy puntual del notable guitarrista Kellner, no hicieron olvidar de dónde viene Tony Allen y, por desgracia, dónde se sitúa ahora. Salvada su innegable maestría como “drummer”, y concediéndole también (faltaría más) su derecho a hacer lo que le venga en gana (para eso es quien es), el concierto de la Gran Vía bilbaína nos dejó un regusto amargo y nostálgico. No es eso, admirado señor Allen, no es eso.

Notas

Para saber más de Tony Allen y de su mentor y descubridor, Fela Kuti, consultar:

Rita Ray y Max Reinhardt: “Talkin´Bout Fela” (Equinox Publishing, Reino Unido, 2015).

Fela Ransome Kuti: “Lagos baby, 1963-l969” (2 CDs, con profusión de textos, fotos inéditas y excelente presentación).

 

Fela Kuti. Espíritu Indómito

 

Consultar también Fela Kuti. Espíritu Indómito, el ensayo de Sagrario Luna sobre Fela Kuti, editado recientemente en castellano.

Festival de Fes de la Cultura Sufí, Música espiritual en busca del centro de gravedad permanente

 

Los textos inalterables de Halladj, de Ibn Arabi, de Rumi, de Shustari, de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, o “El Cantar de los Cantares” me producen siempre una profunda emoción” (Moulay Idriss Mdaghri Alaoui, presidente de la Asociación Fès-Saiss)

“…Abdelkader Al Jilani, Attar, Rumi y otros muchos forman parte de nuestra historia contemporánea, cuyas enseñanzas y obras permanecen como rastros vivientes hasta nuestros días, en ese largo recorrido que va desde el Magreb al Aqsa (el extremo occidental : Marruecos) hasta el Lejano Oriente, y en particular la India, tierra de re-encuentros de todas las grandes espiritualidades…. Esa cultura del sufismo será el ‘humus’ sobre el que se producirán obras literarias, poéticas, artísticas, filosóficas…

A este viaje, que es al mismo tiempo geográfico, cultural y simbólico al que nos invita, en su décimo aniversario, el Festival de Fes de la Cultura Sufí” (Faouzi Skali, presidente del Festival).

A las cuatro de la tarde del 14 de octubre del presente año tenía lugar en la bellísima Medersa Bou Inania (escuela coránica) la inauguración oficial del X Festival de la Cultura Sufí. Poco después, media hora más tarde, se celebraba la primera de una larga serie de conferencias y mesas redondas en torno al tema convocado: “El sufismo al encuentro de las Sabidurías del Mundo”. Y, en concreto, esta primera charla dedicada a “El sufismo y el paradigma andaluz”.

A las 20:30 horas del mismo día abría sus puertas el paradisíaco jardín Jnan Sbil para abrigar el primer concierto musical del certamen. Se trata de un “Homenaje a Al Shustari: alientos del Amor Divino, de Marruecos a la India”. Fue un encuentro original e inédito entre la gran diva bangladesí Farida Parveen y el “Ensemble de los cantos de Saaman, Fes”, bajo la dirección artística de Abdellah Ouazzani.

 

Farida Parveen – foto de archivo

 

Otras 7 jornadas similares tuvieron lugar en fechas sucesivas, con conferencias tan atractivas a priori como las tituladas “Rumi, Attar e Ibn Arabi: las vías espirituales de la civilización del Islam”, “La espiritualidad como arte de vivir”, “El lugar del sufismo en la cultura árabe contemporánea”, “Sufismo, arte y poesía”, “El sufismo, un patrimonio vivo”, “Culturas sufís del Asia Central”, “El movimiento mogol, sufismo en la India”, “Rumi, o la religión del amor: poética del camino espiritual”** y, finalmente, “ ¿Se puede enseñar hoy día el sufismo en tanto que movimiento cultural?”.

Entre los conferenciantes, profesores universitarios, estudiosos, eruditos y conocedores profundos movimiento y la filosofía mística sufí, así como de los conocimientos de las religiones comparadas. Nombres tan relevantes como los de los franceses Edgar Morin y Françoise Altan, el marroquí Mohammed Chekaouri, el británico Andres Harvey, los norteamericanos Courtney Erwynn, Omid Safi y Katherine Marshall, la nigerina Salamatou Sow…y tantos otros.

Sonidos Verticales

Momentos memorables del certamen musical fueron la doble presencia de la gran estrella de la canción Farida Parveen, el recital del afgano Ustad Daud Khan, la admirable prestación de la excelente cantante india Bhavena Kandadui, y, por encima de todo y de todos, la espectacular y demoledora exhibición de la Tariqa Naqshbandi, de Turquía, un sublime arrebato de exaltación en trance, allí donde la expresión corporal accede a un grado máximo de comunicación con la Divinidad.

 

Ustad Daud Khan – foto de archivo

 

Con la incorporación de los “Derviches danzantes”, el espectáculo colectivo y masivo se transforma en un “show” en toda la regla, donde cuerpo y alma confluyen en la expresión artística llamada música sufí, paradigma de una dimensión religiosa, soterrada a veces pero cotidiana en el seno de los pueblos del Cercano Oriente, siempre en búsqueda íntima de un “centro de gravedad permanente”, punto de equilibrio vital, como ya intuía y perseguía, a su manera occidental, el gran cantante siciliano Franco Battiato.

** Rumi, el enorme poeta clásico persa, gran amor oculto de la mejor cantante árabe de todos los tiempos, la inolvidable Um Kulthum (también conocida como Om Kalsum).

Festival de jazz de San Sebastián – Jazzaldia 2017

Cinco días parecen, en principio, ser pocos días para desarrollar en plenitud un ambicioso y detallista festival de jazz, o de cualquiera otra actividad musical y/o artística.

El Jazzaldia 2017 demostró que, en tan breve espacio de tiempo, se puede ofrecer un panorama amplio y variado de la situación del jazz mundial. Solo hace falta que en esa “manita” de jornadas no haya prácticamente un momento de respiro, un espacio para la reflexión y el recuento.

Pasados unos cuantos días, madurada la opinión, se ilumina el inventario, se separa el oro de la ganga, se vislumbra el factor perdurable y el que tan solo fue pasajero, fulgor de un breve momento.

Las estrellas luminosas – Wayner Shorter, Brian Ferry, Macy Gray brillan con luz propia

En la retina y en el recuerdo de esta 52 edición del Jazzaldia quedarán para nosotros algunos nombres propios, estrellas luminosas en el firmamento de las húmedas noches donostiarras.

 

Wayne Shorter

 

Wayne Shorter Quartet

Abrió el certamen, y esa ya fue toda una declaración de principios de parte de la organización del evento. Jazz en estado puro para que no haya lugar a confusiones. Este sigue siendo, esencialmente, un acontecimiento fiel a sus esencias, a sus principios, por más que, lógicamente, los tiempos hayan cambiado y los conceptos y campos musicales hayan abierto y expandido sus fronteras.

El saxo Wayne Shorter es leyenda viva del jazz contemporáneo, y sigue demostrando cada día el porqué. Acompañado de terceto de lujo (Danilo Pérez, piano; John Patitucci, contrabajo y Brian Blade, batería), Shorter irrumpió en el hasta entonces impávido auditorio del Kursaal con fuerza descomunal, tórrida cascada sonora, fuerza vital de la naturaleza.

Ninguna sorpresa, eso sí, y recurrente repertorio, si se quiere, pero si el jazz actual es algo, es esto. Pese a su veteranía, Shorter no regatea esfuerzo, ni evade su responsabilidad de visionario ni se limita a cubrir el expediente. Si no es la taza de té de todo el mundo (un sonido a veces áspero,en ocasiones, caótico), no se le puede negar su maestría ni su técnica, no depurada, sino lo siguiente.

Un entusiasta y siempre excesivo/exultante Carlos Boyero comentaba, medio en broma, medio en serio, a la salida del recinto: “¿Mejor músico del siglo XX ? Ni Bob Dylan, ni Leonard Cohen…Wayne Shorter”. Si él lo dice…

Brian Ferry

Bryan Ferry © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

La elegancia y espectacularidad del mejor pop-rock, entendido como fenómeno de masas de nuestros días. Deslumbrente puesta en escena, inigualable luminotecnia escénica, para un sonido tan rotundo como matizado. Chapeau para los técnicos de la mesa de mezcla. ¡Qué brillantez, que claridad, que sencilla complejidad! Y la voz de los recordados Roxy Music en su total madurez vitalista.

Sobrio de comportamiento gestual, pero expresivo a tope solo con su presencia, carismática a más no poder. Repertorio entre el pop, el soul, el ritmo y blues, la balada. Referencias dylanescas, cómo no, en un homenaje inevitable de quien ya cantara con éxito “A hard rain’s a gonna fall”. Ahora fue una escondida pero no menos real “A simple twist of fate”, creo recordar, de aquel magistral album “Blood on the tracks”..

.Brian finalizó, sin despeinarse como siempre, con el lennoniano “Jealous guy”, tras haber transitado por terrenos de la Tamla Motowm, el medio “country” de las praderas anglo-americanas y el primigenio rock and roll: “Let’s stick together”. Casi un prodigio total.

Macy Gray

Macy Gray © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

Desbordante ritmo y blues de nuevo cuño, donde tiene cabida el clasicismo del género, pero también el fresco soplo de las nuevas expresiones hip hoperas.

Actriz y cantante, sin llegar nunca a una Etta James ni mucho menos a una Aretha, Macy demuestra tener la lección bien aprendida y se conoce los trucos del género y del “show business”: saca a escena a su pequeño hijito danzarín, que hace las delicias del público con su “tap dance” y su señuelo de orgullo racial. Por si queda alguna duda de lo que propone Gray, su “bis” final lo dice todo:”What a wonderful world”. Louis Armstrong, “Satchmo”, estuvo en el comienzo de todo esto y también en el inicio de un cierto conformismo estético y social.

Gray puso la simpatía imbatible, la alegría de vivir y un punto de guiño político: “¿Qué es lo mas bonito del mundo? -se dirigió al personal- ¿El dinero? ¿El amor? El sexo?,” y, entre aullidos finales, la respuesta correcta: “La libertad”. Ohhhhh ¡¡¡¡

El Resto – Herbie Hancock, Abdullah Ibrahim y Gregory Porter ofrecen sólidos recitales

 

Abdullah Ibrahim © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

En un programa tan amplio y abigarrado como el de Jazz Donostia 2017, solamente podemos dejar constancia de algunos nombres y conciertos, ante la imposibilidad de tratar todos y cada uno de ellos como si de una crónica diaria se tratase.

Asi, el Herbie Hancock Quintet, con su desparrame electro-funky, desbordamiento sónico y alarde virtuoso no exento de cierta auto-complacencia. El teclista de cien aventuras y mil artilugios no ha sido nunca amigo de melodías fáciles, improvisaciones aleatorias ni facilidades mayores para un público “menos entendío”. En San Sebastián hizo honor a tales premisas.

Abdullah Ibrahim y Terence Blanchard. Otro pianista, de origen sudafricano (Dollar Brand, aka A. Ibrahim) se muestra mucho más cercano a nuestra sensibilidad. Sin nada que envidiar a nadie, se muestra cercano, cálido y glorioso por momentos. El trompetista Terence Blanchard, que sustituyó en las semanas previas a un convaleciente Hugh Masekela responde con gusto y le hace los honores. Gran concierto.

Kamasi Washington, Terence Blanchard y Joe Lovano, vientos en popa

Kamasi Washington © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

La voz (masculina) más importante del jazz actual“. Así rezaba la promoción de Gregory Porter y así se hizo valer. Preciosa tesitura vocal, timbres delicados, sinuosidades estilísticas, Porter sigue la senda de los mejores y los más clásicos de su porte (perdón por el chiste fácil). Kamasi pertenece ya a la saga inacabable de majestuosos saxos de la historia del jazz. En una tierra de saxos, él se aproxima ya a la cima.

 


Charles Lloyd Premio Donostiako Jazzaldia Saria © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

Hubo otros egregios representantes del más sexy de los instrumentos sonoros: Joe Lovano, inmaculado como siempre; Ray Gelato, resultón y entrañable. Y, por supuesto Charles Lloyd, muy merecido Premio Donostia de este año, quien, al frente de su cuarteto, dejó testimonio de por qué está considerado uno de los “absolutamente grandes”, que diría desde las ondas populares el legendario e inmarchitable Gonzalo Garciapelayo en los años 70. Una larga historia contempla a Lloyd, ya sea al lado de Keith Jarrett o Jack DeJohnette o bien al frente de sus múltiples experiencias individuales y colectivas.

Flecos Euskaldunes y otros – Iñaki Salvador, Elena Setién, meritorios flecos vascos

 

Elena Setién © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia_2017

 

El jazz (o aledaños) euskaldun/vasco tuvo representación genuina. Iñaki Salvador es ya, a estas alturas, un músico no ya a considerar, sino a reconsiderar. Madurez artística sin tapujos, humildad a prueba de divos y otras hierbas, Salvador hizo esta vez su homenaje particular al legendario Thelonious Monk, y lo realizó con espíritu encomiable, fé y fidelidad al maestro.

Hubo otros tributos en un año de especiales dedicatorias. Deborah Carter recordó los 100 años del nacimiento de la inmensa Ella Fitzgerald, inigualable por muchos siglos que pasen. Chris Kase Sextet hizo la propio con otro centenario ilustre, Dizzy Gillespie. Y el también vasco Mikel Andueza se atrevió nada menos que con los “50 años del nacimiento de John Coltrane”. Ahí es nada.

Una agradable sorpresa y en cierta manera un descubrimiento para muchos fue la “premiere” en estamento jazzístico de Elena Setien, con su concierto matutino en el siempre abarrotado Museo de San Telmo: “Dreaming of Earthly things” fue un cautivador concierto de una figura en ciernes que habrá de confirmar la alternativa.

Quedan muchas cosas en el tintero virtual del espacio y del tiempo: la banda rockera Pretenders, con la espléndida e histórica Chrissie Hynde al frente; Robert Glasper Experiment, Hiromi, Gabacho Maroc, Chano Dominguez, Stefano Bollani y, lo más insólito de todo, el grupo de cámara Arfolia Libra, una curiosa (aunque aún verde) aproximación a espacios a priori tan diferentes como Michael Nyman, J.S.Bach, el Kronos Quartet y otras eximias e inclasificables, benditas ellas, nuevas sonoridades.

Foto de cabecera: Herbie Hancock © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017