Todas las entradas de: Rafael Mieses

Elianes Elias saluda a la samba

Eliane Elias – Dance of Time (Concord Records, 2017)

La pianista paulistana (oriunda de San Paulo, Brasil) Eliane Elias, con 57 años ya cumplidos el pasado19 de marzo y con 24 discos bajo los brazos dice presente. Una carrera prolífica y extensa. Carrera que toma otro giro cuando la brasileña decide abrazar la vocalización.

Es evidente para unos que la Eliane-vocalista va en detrimento de la Eliane-pianista. Tal vez el mundo del jazz no ofrece muchas oportunidades para esos meros instrumentistas. Abrirse al mundo vocal ofrece facilidades de tocar otras puertas. El público tiende a identificarse con los intérpretes. No es un hecho fortuito que la pianista canadiense Diana Krall también saltara primero al canto, pese a las limitaciones.

No teman, la Eliane-pianista no desaparece en “Dance of Time”. Su piano bulle, vibra y se disfruta a plenitud. El álbum es un equilibrado ejercicio de temas sopesados con exquisitez, invitados bien conducidos (no meras visitas) y una producción impecable.

Es producido por la misma Elias junto a su esposo, el bajista Marc Johnson y Steve Rodby. Fue grabado en Brasil y toma como partida los cien años de la samba. Hay que destacar como el recurso vocal permea unos temas de manera esplendida. Lo hace desde el fondo, sirviendo de lienzo para preparar a que la melodía despunte y brille. Corre bajo la responsabilidad del integrante de Take 6, Mark Bibble. Se aprecia la voz en “Copacabana” y de manera aún más atractiva en la samba de medio tempo “By hands” y en “Speak low”.

Es, sin embargo, su dueto con Joao Bosco en la samba jazzeada “Cosa feita” resulta la verdadera joya del disco. Plácido y con balanceado gusto. Dulcemente vertiginoso y el piano de Eliane tocando ese lado derecho de los teclados. Su tarareo sin fin está garantizado.

Cuando Eliane interpreta en su idioma portugués se disfruta todavía más por la espontaneidad y la musicalidad del lenguaje. En esas baladas de media luz, se maneja con sensualidad e intimidad.

Unas figuras importantes en la carrera de la brasileña aparecen aquí. Tal como su ex esposo Randy Brecker en la trompeta de “Speak Low” y el vibrafonista Mike Mainieri en la tenue y precisa balada “Little Paradise”.

Otros importantes músicos brasileños dejan su huella como el guitarrista Marcus Teixeira, el bajista Marcelo Mariano, el batería Edu Ribeiro, el guitarrista Conrado Goys, los percusionistas Gustavo di Dalva y Marivaldo dos Santos. Además, el veterano pianista Amilton Godoy, figura vital en la vida música de la paulistana.

Un disco con marcada esencia brasileña y una pianística sutilmente conmovedora.

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A quitarnos lo malo con los hermanos Ochoa

Eliades Ochoa & Alma Latina – “Guajira más guajira” (Tumi Records, 2015)

Más que un disco del santiaguero Eliades Ochoa, es un trabajo de su hermana María Ochoa. Eliades apenas participa como vocalista. Es su hermana la que toma las riendas interpretativas en la mayoría de las ocasiones mientras Eliades se encarga de ejecutar el armónico (híbrido de la guitarra española y el tres cubano) y poner sus gestos vocales en los coros.

El disco alardea aroma ecléctico, se torna eléctrico por momentos y se inclina hacia otras direcciones. Tal vez de eso se trata Alma Latina, una variedad de sonoridades del continente a flor de piel.

Vamos al repertorio. Los Ochoa se apoyan en siete y ocho músicos. “Que viva la alegría”, como primera muestra, se detiene por un momento en el pulso del reggae para retomar curso como cumbia. Y la guitarra eléctrica irrumpe ruidosamente abriéndose paso hacia al son.

 

 

La animación de María es precisa, natural y gozosa. “El Punto Cubano”, otra de las piezas, ese clásico guajiro de Celina González, toma camino eléctrico desde el comienzo y le va bien. Una vez más es María Ochoa en la vocalización. En el corte, la guitarra eléctrica sirve de colchón armónico para que el tres cubano se exhiba, aparte de tornarse de instigadora para que a la superficie salga la esencia bailable para colocar a su merced a los más exigentes bailadores.

El álbum tiene la impronta de Julio Montoro, no solo en la producción, sino también en la mezcla. Aparte de agenciarse la ejecución del tres y la guitarra acústica. Es un nombre a tener en cuenta.

Otra tema más del repertorio, “Su aliento me hace falta”, esta vez con Eliades en la voz, entra como un bossa nova y una trompeta asordinada adorna maravillosamente. Inmediatamente se desliza hacia un son bolero.

Y hay más en un disco que contiene 13 canciones. Como por ejemplo, “Te sigo amando”, que es otra prueba del arcoíris de estilos que exhibe el álbum. De entrada, hace de una morna prestada de la caboverdiana Cesaria Évora, un vallenato se ve desde lo lejos y la melodía a veces nos evoca a “Gracias a la vida”, de Violeta Parra. Es un instrumental compuesto por Julio Montoro, uno de sus cuatros temas incluidos aquí. Y no nos da tregua ”Guajira más Guajira” con su acertado discurrir.

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Sociedade Recreativa, la tradición del futuro

Sociedade Recreativa – Sociedade Recreativa (Jarring Effects, FX130, 2016)

Dos fuerzas se unen: Forro de Rebeca y Maga Bo. Y se constituyen en Sociedade Recreativa. La tradición musical del nordeste brasileño llevada de la mano de lo electrónico. El estadounidense Maga Bo, establecido en Rio de Janeiro, se encarga de lo último. Los primeros, Forro de Rebeca inyectan lo brasileño. Maga lo hace sin subvertir la raíz, la realza, la embellece. Y ahí late el encanto. Todo encaja.

El mestizaje se gesta en Lyón, Francia, que se proyecta como una de las ciudades más afines a las novedades electrónicas de la actualidad.

Los efectos electrónicos propios del espacio sideral se posan sobre el tema “Boa Noite” y preparan el terreno para una irrupción rítmica. Y el golpe cunde efecto en el oyente de inmediato. Un hipnótico halo peinado por un sonido de acordeón nordestino. Es la joya del álbum.

En otro, el berimbau se hace dulcemente tenso, palpita y la capoeira entra y queda en el aire. El pulso galopante se hace lento y certero, abre camino mientras el acordeón desata esas abstractas sonoridades en “E camarada”, un hip hop muy oculto y evasivo.

En otra pieza como “Sereia”, este parece venir de los predios de Luis Gonzaga con esa entrada de baiao, el repique del triángulo y unas voces que vienen desde lo lejos. Cautivante de arriba abajo.

Hay más. La canción “A banda”, una versión sui generis de Chico Science, se me antoja, se acoge al vaivén del acordeón (!otra vez!) y los guiños tecno siempre adornan, nunca distorsionan.

El trío franco-brasileño Forro de Rebeca y el estadounidense Maga Bo saben jugar las cartas y logran un equilibrio de fuerzas que cautivan. Eso es Sociedade Recreativa. Puro deleite.

Intenso y voraz, los loas se van con RAM

RAM 6 – “Manman M Se Ginen” (Willibelle Publishing & Sales, 2016)

A seis años de un terrible terremoto, seguido de otro que llegó en forma de rescate y reconstrucción, Haití se debate entre la esperanza, negligencia de sus líderes, complicidad de la comunidad internacional que se lucra con esta tragedia. Sin embargo, ahí sigue Haití, de pie. soporta los vaivenes políticos y sociales.

Richard A. Morse es RAM, esas son sus iniciales. Richard es un haitiano-americano que no desaprovechó el llamado de su país y desde 1990 viene elaborando con RAM una de los más excitantes episodios de la música en la capital haitiana Puerto Príncipe. Richard y RAM se las han jugado en Haití, al estar involucrado en grandes conflictos, amenazas de muertes y controversias. De hecho, RAM ha tomado posturas políticas valientes y de compromiso con los mejores intereses de su país.

Su sexto disco “Manman M Se Ginen” se esperaba, se ansiaba. Ya pasaba más de una década sin ningún nuevo trabajo. Sus doces piezas se mueven en diferentes orbitas tomando a la música raíz (mizik rasin) como su punto de partida. Entre ellos se destacan, un konpá sugerente titulado “Jije’m Byen” que se hace tan familiar con esa guitarra eléctrica de Yonel Vendredi tan atractiva. La voz de Lunise, esposa de Morse, los logrados coros y la batería de Max Blanc son otros de sus puntos fuertes.

Otra de esas canciones a destacar es “Ki Mele Mwen”, caminante y penetrante, que no da tregua al éxtasis. Ahora, RAM deja lo mejor con “Koulou Koulou”. La canción transita en la vena del rara o konpá acelerado o un soukous congoleño, es una canción vibrante, con una guitarra eléctrica inolvidable que lleva una melodía altamente pegajosa. Encima de ello, Wilson Emmanuel forcejea con un bajo espeso y certero. En pocas palabras, un tema de grandes quilates. El repertorio es bastante balanceado, con piezas en tempos más moderados y sosegados.

RAM 6 nos dan uno disco espléndido y uno los mejores de este joven año.

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Un colombiano es el hombre orquesta

Edmar Castañeda World Ensemble - Live at the Jazz Standard
Edmar Castañeda World Ensemble – Live at the Jazz Standard
Edmar Castaneda World Ensemble

Live at the Jazz Standard” (Arpa y Voz Records, 2015)

Su mano izquierda hace la de un bajista, en tanto, la derecha emite sonidos que parecen venir de una guitarra o un piano y hasta un tambor metálico. El colombiano Edmar Castaneda parece tres instrumentos en uno. Edmar hace del arpa toda una orquesta.

En formato pequeño, el músico colombiano se aprecia en toda su magnitud. No es este el caso con su World Ensamble. Esta es una formación más extensa. El arpa, por supuesto, no está relegada, Edmar es el protagonista, pero camina otra dimensión. Es más un facilitador y al hacer de bajista con su mano izquierda crea plataforma para que sus músicos transiten. Su World Ensamble son ocho músicos (sin bajista, naturalmente) que se apoyan en el mestizaje musical con tres adicionales invitados.

La presentación es en vivo, el club Jazz Standard, ubicado la calle 27 del oeste de Manhattan, Nueva York. Y cuando se gestan estos momentos en directo, como en muchos casos, se abren espacios proclives para cautivarnos, para sorprendernos. En las piezas no hay límites, los temas son prolongados. La música es una broma pesada, para unos, cuando se encierra en un estudio de grabación. En directo se aprecia la gracia.

Seis extensas piezas confluyen en el álbum. El vigor de “Cuarto de Colores” es apabullante entre samba, música llanera y el toque afro-cubano. En otro orden, la pieza “Double portion” es de una dinámica diversa, diferentes tiempos. Se hace vertiginoso y se desliza hacia la samba –otra vez- y se detiene en ritmos lentos marcada por esa mano izquierda que hace de bajo con su arpa.

Lo que se echa de menos una canción hecha únicamente con el arpa, un solo prolongado. Es inexplicable su exclusión. Edmar es todo un espectáculo por sí solo.

Empatías de banjo y piano

Chick Corea & Bela Fleck - “Two
Chick Corea & Bela Fleck – “Two
Chick Corea & Bela Fleck

Two” (Stretch Records, 2015)

El último encuentro ente Bela Fleck y Chick Corea no trajo gratos recuerdos. El álbum “The Enchantment” (2007), colaboración en el estudio de ambos músicos, no tuvo esa chispa esperada. Se le percibía falto de vigor y vida, valga la redundancia.

Con el limitado tiempo que tienen los músicos, con sus viajes continuos y presentaciones por doquier, amarrar una sesión de grabación toma no solo planificación y preparación, se necesita de ese ángel para que ese día los músicos estén de ánimos para emprender un viaje de búsqueda. Hay que crear esa atmosfera de despreocupación y espontaneidad.

Y esa química que no se consumó con “The Enchantment”, sí se gesta en “Two”, la nueva colaboración de ambos, donde bulle complicidad, donde hay manos que telepáticamente se comunican con miradas y gestos.

A raíz de más de cincuenta presentaciones a todo lo largo de Estados Unidos, Fleck y Chick sí terminan conociéndose y la empatía en el escenario se plasma.

Dos discos, temas llenos de dinamismo y sorpresas. El banjo de Bela hilvanándose con las teclas del piano de Corea, construyendo un sonido artesanal y cálido. Es la comunicación, el entendimiento entre ambos que hace la experiencia valida.

Y esas piezas de “The Enchantment”, que languidecen pálidas en su versiones originales como “Señorita”, “Spectacle”, “Waltse for Abbey”, “Brazil” y “Sunset road” son llevadas a niveles de mayor creatividad y relevancia con este álbum. La mejor música se gesta en vivo, en el calor del momento. Nada de fricciones, solo un continuo fluir.

Ritenour mira el pasado con ojos de esta época

Lee Ritenour - A Twist of Rit
Lee Ritenour – A Twist of Rit
Lee Ritenour

A Twist of Rit” (Concord Records)

Existe un jazz contemporáneo, ese que se escudaba y se escuda en el jazz descafeinado, que quiere sacudirse de las trampas de la ligereza. Y son esos mismos exponentes de ese manido jazz ligero que se percatan que esta música tan mecánica y tan predecible necesita revitalizarse. Muchos oyentes –es complicado medir el impacto de la música con tantos medios actuales de distribución- la relegan. Indicios hay de un despertar aunque queden en tímidos intentos.

Lee Ritenour trata de sacudirse de ese laste con “A Twist of Rit”. El guitarrista retoma piezas ya grabadas años atras de una carrera de más cuarenta años e intenta inyectarle nueva savia. Ritenour tiene un legado que le da derecho a repasar su carrera. Porque nadie fue como Miles Davis que no miraba hacia atrás. Para Miles, lo mejor era lo que no había compuesto todavía y no era de hacer lecturas nuevas de su legado.

En “A Twist of Rit” laten unos temas bien recargados y con gran intercambio de energía entre sus instrumentistas. Palpable desde el primer momento en que uno toca este álbum. Entre ellos, “Wild rice”, que alardea una volátil guitarra eléctrica de parte Lee, seguida de fascinantes solos del saxofonista tenor Ernie Watts y efectos del sintetizador de John Beasley. Todo descansa sobre un paisaje armónico sugerente y lleno de detalles desde un trombón y una aguda percusión. “Countdown”, es otro tema bien logrado, parece un tren en rápido devenir con un pulso bailable llamativo.

Otros temas saben duplicar la vitalidad de Wild Rice pero en otros tempos menos vertiginosos. Desde un funky “A little bit of this and little bit of that” con armonías provocantes, una vez más resaltadas con sección metálica precisa.

Otra gran porción de la jornada, son 14 temas, no tiene esa cualidad de la sorpresa, son pálidos, sin conversaciones animadas de sus partes. O tal vez esa sea la idea, como para decorar una sala de espera.

Y he aquí donde este relanzamiento de este jazz contemporáneo adolece de mayor impacto. El álbum en su totalidad debiera tener ímpetu y no piezas dispersas. Una vez la industria disquera nos metió gato por liebre. Hoy hay mucho de donde elegir y otras músicas se pueden ver condenada al olvido.

Sicodelia congoleña de otro planeta

Mbongwana Star - From Kinshasa
Mbongwana Star – From Kinshasa

Mbongwana Star

From Kinshasa” (World Circuit/Nonesuch, 2015)

Un astronauta aparece en la portada del disco de esta banda africana. La misma se presta a misteriosos augurios. En el interior del disco: humo, cigarrillos, caretas y planetas colgantes para acentuar el acertijo.

La envoltura del álbum insinúa una música futurista y presumida. Por esos pagos parece andar la banda congolesa Mbongwana Star en su disco debutante.

Los vocalistas Yakala Ngambali and Nsituvuidi Nzonza –conocidos como Coco y Theo- son parapléjicos y desde sus sillas de ruedas se encargan de animar hacienda gran uso de sus brazos. Un irlandes Liam Farrell, afincado en Paris y que también se identifica con el mote de Doctor L, hace de productor y bajista del grupo. Igualmente, se podría creer que es el sospechoso de enfatizar ese toque occidental, si se quiere.

Coco y Theo se desprendieron del grupo Staff Benda Bilili, que gozo de un moderado éxito en los circuitos de las músicas del mundo y formaron este colectivo.

Afro beat, funk, rock, electrónica, heavy metal, hip-hop, soukous, rumba, guitarras chirriantes, percusion metálica, un bajo espeso y el recurso de la distorsión son partes de la receta bizarra que pinta el ruido de la capital congoleña, precisamente Kinshasa.

Y no todo cunde o llega. A simple oídas, unos temas no tienen vigor suficiente para provocar. Ni lo consigue tras repetidas escuchas. El inicio con “From Kinsha to the moon” se monta sobre unos sonidos turbios, un rasgueos de guitarra eléctrica repite la melodia una y otra vez hasta la saciedad. Mejor suerte corre sobre “Shegue”, especie de soukous bien disimulado y vestido de efectos de sintetizador que extienden sonidos electrónicos cósmicos. “Nganshe”, por su parte, es galopante pero nada apabullante, recordándonos más que todo al género urbano dembow, que se cuece en República Dominicana.

Las cosas toman mejor curso con “Malukay” y sus invitados los congoleños Konono No 1. De nuevo el sintetizador avispado se sube sobre la pieza y ese sintetizador se alía con el pulso del bajo y provoca una sensación electrónica etérea y espacial. El tema recibe la colaboración de Konono No. 1, la banda que aparece como invitado.

Si algo vale la pena en el álbum es “Suzanna”, un soukous voraz, desenfadado y a electrónico, marcado por punzante ritmo y sentido distorsionador. Es un temazo. Al menos, Mbongwana trata de evadir la obviedad y salirse de la norma aunque no nos convierta en el intento.

 

 

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Sones desmesurados que honran al bailador

José Alberto El Canario & Septeto Santiaguero - "No quiero llanto: Tributo a los Compadres"
José Alberto El Canario & Septeto Santiaguero – “No quiero llanto: Tributo a los Compadres”
José Alberto El Canario & Septeto Santiaguero

No quiero llanto: Tributo a los Compadres” (2015)

Gracias al restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, encuentros como el de José Alberto El Canario y el Septeto Santiaguero son más factibles. Y no hay dudas, quien es aficionado a la música debe estar contento que un país con tanta riqueza musical como Cuba estará más ante los ojos del mundo. El dominicano José Alberto no ha estado ajeno a Cuba. Había estado ya en Cuba en el 1978 con el grupo neoyorquino Típica 73 y ya en 2012 había colaborado en el disco “Vamos Pa’ la fiesta” del Septeto Santiaguero.

El primer gran acierto de este trabajo es abrazar la música de Los Compadres. Los cubanos, oriundos de Santiago, en el este de la isla, están bien incrustados en la piel de América Latina. Su repertorio bulle de humor y jocosidad. No es una exageración decir que representan la quintaesencia del son. Es más, son al son lo que los Beatles son al rock.

“No quiero llanto” es un doble disco con mucha música, 18 temas, que consigue fusionar la tradición sonera con gran respecto y una deliberada dosis de modernidad. El Canario encarna ese rol sonero a cabalidad y la química con el Septeto Santiaguero es magistral.

De punta a punta, el repertorio es fiesta eterna. Una serie de artistas desfilan por este disco y las participaciones son certeras. Los invitados son Oscar D’ León, Eliades Ochoa, Andy Montañez, Aymee Nuviola, Ismael Miranda, Tiburón Morales, Edwin Bonilla, el Grupo Esencia, la Conga de Los Hoyos, Estrellas de la Charanga, el Orfeón Santiago, y la Orquesta Sinfónica de Oriente, entre otros. El álbum es una coproducción de El Canario y el Septeto Santiaguero

El disco transcurre con pocos momentos flojos. La canción “Rita la caimana” posee una cadencia elegante suministrada por unos sublimes violines (Estrellas de la Charanga) y la trompeta remata la pasión elegante del baile, bajo silbidos de la simulada flauta de El Canario ejecutada por su boca.

Otras del muestrario, como “Baja y Tapa la olla”, arranca con coros contundentes y pegajosos. El Canario ensimismado en su fuste sonero, el boricua Andy Montañez en su clamor humorístico mientras el tres de Fernando Dewar y el guapeo de la trompeta Alain Dragoní atacan sin tregua. Oh, esa trompeta genial!

El primer disco cierra con una épica y apabullante “Su Señora la conga”. Un terremoto para sacudir los bailadores con la participación estelar de los cubanos La Conga de los Hoyos. Tema soberbio. En tanto, para calmar los ánimos, “Pensamiento”, un bolero son se despacha magistralmente en la voz de Ismael Miranda y El Canario. Y estas son tan solo cuatro muestras de un repertorio piezas que no da espacio al bostezo. No deja de deleitar al oyente ni al bailador. El segundo disco no deja de defraudar y mantiene la intensidad del primero.

El Septeto Santiaguero, dirigido por Fernando Dawar, se fundó en 1995 y celebra sus 20 años con este homenaje musical.

“No quiero llanto” es una irresistible lectura de la música de Los Compadres.

Dos en búsqueda de la empatía total

David Benoit featuring Jane Monheit - 2 in love
David Benoit featuring Jane Monheit – 2 in love
David Benoit featuring Jane Monheit

2 in love” ( Concord Records)

Dos cosas a resaltar sobre este disco. La primera, prácticamente todo el material es original, compuesto por el pianista David Benoit y sobre las canciones, un trío de letristas se encargan. No se puede vivir de exclusivamente de los estánderes. Eso es aplaudible.

Segundo, si existe una voz hermosa, es la de de la neoyorquina Jane Monheit. Y ella es la que lleva la antorcha vocal del material. Monheit fue una de las finalistas en el festival de la voz Thelonious Monk en 1998.

“2 in love” es un intento de generar esa ansiada empatía entre pianista e intérprete. Benoit, veteran de ese jazz ligero y Jane Monheit, una gran vocalista que aún busca su opera prima sin haberlo logrado en doces lanzamientos.

La entrada del álbum recae sobre “Barcelona Nights”, un bossa nova vivaz, que sí bien parece no ser novedoso, no deja de agradar. Sobre todo por un momento donde el piano, la bactería y el scat fluido de Montheit se entrelazan con magnetismo.

Al segundo tema, ya se respira el encanto pop que respira el trabajo. Se manifiesta con “This Dance”, pieza poseedora de todas esas caracteristicas propias para ser el tema central de un filme romántico. Llega fácil y unos estribilllos se quedan.

El camino del bossa nova sigue con “Too in Love”, de serena narración y al final unas cascadas de notas agudas de la mano derecha de Benoit amarran la pieza. Llega imbuído de un suspenso bien contenido marcados por los scats fabulosos de Jane y atinado uso de los reposos o descansos.

Este no es un trabajo aventurero ni que paute tendencias. Empero, Benoit y Monheit se entienden a la perfeccion. Sencillamente, son diez temas marcados con la sensibilidad pop, accessibles y manufacturados en la esencia de la balada a medio tiempo. Ni más ni menos en estos tiempos donde el oyente parece un inerte espectador.

Compra 2 in love