Todas las entradas de: Álvaro Feito

Benito Lertxundi, el “bardo de Orio” publica un nuevo disco, “En la noche de la celebración”

San Sebastián/Hendaya.- Benito Lertxundi, “El bardo de Orio”, acaba de editar un nuevo disco de su ya larga trayectoria, “Ospakizun gauean” (“En la noche de la celebración”). Sin ánimo de exagerar, otra obra maestra que añadir al autor de discos tan sobresalientes como “Mauleko bidean” o “Altabizkar”, hace ya unos cuantos años.

Pregunta.- ¿Cómo te has planteado este trabajo y cuál es la impresión general que te deriva de él, una vez acabado y recién sacado a la luz pública?

Benito Lertxundi.- “Yo no soy un hombre al que le guste encerrarse en un estudio de grabación. Siento como si en él, no fuera realmente yo. Siempre he tenido esa sensación, y ahora ha ocurrido lo mismo. Parece como si fuese otra persona allí dentro. Luego, a la hora de las mezclas y de la compresión del disco, empieza a gustarme más. A veces, cuando escucho un tema mío en la radio, de manera insospechada o improvisada, me digo: Hombre, pues no está tan mal…”

P.- “En la noche de la celebración” retomas tus viejas ideas filosóficas, influidas por el pensador Krishnamurti, sobre la fugacidad de la existencia, las culturas impostadas, los caminos erróneos de la mente y el pensamiento. “La mente lacaya buscaba respuestas a preguntas erróneas / absorta por la confusión / en la noche de la celebración”, dice el texto del tema que da título al disco.

B.L.- “Nuestra mentalidad está condicionada por multitud de teorías equivocadas y confusas. Es necesario desaprender de todo eso que nos han legado. ‘Basta con desaprender, para desprenderse de hábitos impropios (…) Y para sentir el aroma del alma arcana’, se dice también en esa canción.

Benito Lertxundi – foto realizada por E. Moreno Esquibel

P.- En el tema “Munduak ez du bakerik” (“El mundo no conoce la paz”) se dice: “Sólo cuando ser pacífico / no sea necesario / habrá paz / emanada por el ámbito de libertad / La paz es esencial / nada ni nadie / puede crecer sin ella”. ¿No temes que esta letra pueda ser mal interpretada, por pacifistas y gentes de todo tipo?

B. L.- “Asumo que es un texto polémico y que a a alguna gente le pueda sentar mal. Pero es lo que pienso. “Pensar en la paz / emitir discursos complacientes / no consigue instaurarla”. ¿Qué se ha conseguido con proclamas bien intencionadas y posturas teóricas pero facilonas? No estoy en contra de los luchadores de la paz, pero creo que no es suficiente. Los sistemas son más poderosos.”

Grandes Canciones

Musicalmente, “Ospakizun…” ofrece grandes y notables alegrías y sorpresas. El piano inicial de “Nahiago Nuke”, sobre un texto de Fernando Pessoa (al igual que “Ibertzean”, donde el solo de guitarra eléctrica final a cargo de Gurutz Bikuña te deja sin palabras), las dobles voces de Olatz Zugasti e Intza Unanue, perfectamente integradas y audibles…la labor impagable de las cuerdas del Alos Quartet, la batería de David Gorospe por aquí y por allá, el “buzuki”, guitarra acústica y percusión del polifacético y virtuoso Angel Unzu (con sonido de “banjo” en “Belar nerabean”),…

El disco parece tener dos partes bien diferenciadas, aunque su unidad global es incuestionable. Tras cuatro canciones intimistas, introspectivas, degustables por su melancólica armonía, el tema “Kimu bat zuhaitzan”, con música del cantautor canadiense Allan Rankin y texto del bertsolari Jon Maia inaugura una nueva etapa en el cancionero de BL, próxima al sonido “country” como nunca antes, sin perder acentos célticos y muy “folkies”…

Benito Lertxundi – foto realizada por E. Moreno Esquibel

B.L.- “Parece que tiene aromas de Pete Seeger y Leonard Cohen. Descubrimos a este autor, Allan Rankin, en un concierto donde le vimos. Es un nombre muy conocido en su país. “Jon Maia formó parte de una expedición a Terra Nova, tras la estela de los balleneros vascos del siglo XVI… Jon escuchó una canción que hablaba de un árbol en medio de un lugar inhóspito, del cual nacía un brote. De ahí, el título de la canción. Jon tuvo el impulso de escribir esta letra en euskera”.

Canción lanzada como “single” del cd, sorprenderá sin duda a muchos y ofrece una perspectiva nueva, y quien sabe si futura, para el habitualmente reconcentrado y lírico Benito. El preludio de la canción es una breve, emocionante, introducción “a capella” a cargo de la Zaria Koru Eskola, voces juveniles de sabor clásico y eclesiástico, que no hacen presagiar lo que viene después. Un tema que engrosará la extensa lista de canciones coreables y recogidas por las audiencias como si fuera propio, en las futuras generaciones.

“Otzandu Herrian” (“Confuso parloteo”), con sus aromas lejanos (¿o no tanto?) del “Concierto de Aranjuez”, del maestro Joaquín Rodrigo, habla del euskera como lengua imprescindible, indispensable y necesaria para el pueblo vasco : “Sin impulso liberador / se puede contribuir a la liquidación / del pueblo sometido / y su lengua / en la propia lengua sometida”. Una vez más, la labor del violonchelo de Pello Ramírez, los teclados de Juantxo Zeberio y el bajo eléctrico de Amaiur Cajaraville se muestran implacables en su envolvente suntuosidad.

El disco se cierra con belleza total con el evocador y marino “Bizipen Margotuak”. Tras un breve recital del cantante, éste dice: “Vivencias pintadas / en el lienzo de la memoria / y en el corazón de las marismas / se adentran een el mar / cada alborada / bajo la niebla matutina”. Y así se cierra el diclo que comenzó, diez temas antes con estas palabras: “Ojalá fuera el polvo del camino / y que los pies del pobre me estuvieran pisando”.” Y también “Isil Isilik” (“Silenciosa, calladamente”) con su ritmo de plácido, sereno y evocador vals.

Benito Lertxundi – foto realizada por E. Moreno Esquibel

“En la noche de la celebración” no es un disco excesivo en minutos, pero su intensidad y su categoría alcanzan categorías máximas. No me importa que me llamen “jabonoso” o exaltado, pero estamos ante otra obra maestra en el “curriculum” del músico y autor de Orio (1942), al que lenguas viperinas y envidiosas de su absoluta madurez y creatividad, han querido achacar comienzos de la enfermedad de Alzheimer. No me importa abordar esta cuestión con el propio Benito, aunque sí me produce pudor y cierta vergüenza ajena.

B.L.- “Ja, ja, eso se viene diciendo de mí hace ya muchos años. Bueno, ¿qué voy a decir? Los que vienen a mis conciertos pueden comprobar mi estado de salud. ¿Quién se encargar de propagar estos bulos? No me quitan el sueño…ja ja.”.

Una nueva tanda de conciertos a lo largo y ancho del País Vasco servirán próximamente de presentación formal de este disco, aunque muchas de sus canciones ya han sido interpretadas desde hace algún tiempo en sus recitales. San Sebastián (Kursaal, 1 de diciembre), Bilbao (teatro Arriaga, 2 de diciembre), Pamplona, Donibane Garatze (Saint Jean Pied de Port), Vitoria, Bayona, etc. serán los escenarios, entre otros, de esta excelsa y exultante “noche de la celebración”.

Del Getxo Folk al Mercado de Música Viva de Vic. Olatz Zugasti marca la diferencia.

Coincidentes el mismo fin de semana en las Hispanias post-romanas, el Getxo Folk y el Mercado de la Música Viva de Vic (Barcelona) ofrecieron momentos para el regocijo y la fundamentada esperanza en el futuro.

En Las Arenas (Vizcaya), debajo del Puente Colgante -prodigio de ingeniería novecentista- el Getxo Folk Festival Internacional llegó a su 43 edición. Un cartel de lujo: Olatz Zugasti, la arpista, guitarrista, teclista, cantante, compositora, compañera del excelso Benito Lertxundi, abrió el certamen, y casi lo finalizó: no hubo, seguramente, nada mejor que ella en el fin de semana.

Acompañada de su hija Gratxina en las flautas (travesera, piccolo), en los teclados y las segundas voces, Olatz desgranó buena parte de su quinto y maravilloso disco, “Ur goiena, ur barrena”, así como dio paso a tres o cuatro nuevas composiciones que habrán de figurar en su próximo álbum (para el mes de noviembre).

Olatz Zugasti

Intimismo, delicadeza, belleza y también compromiso artístico, estético y social en la voz cada vez más ajustada y modulada de Olatz, en unión de un excelente, sobrio y a veces pelín pasota de su trío de instrumentistas acompañantes (en especial, el batería catalán Oriol) configuraron un recital mágico, ensoñador, evocador, como suelen ser los suyos. Esperamos con impaciencia su nueva grabación, que tiene eso, sí, una tarea difícil: superar el disco precedente, sin duda uno de los tres mejores del ámbito folk español en la temporada pasada.

Por cierto, Benito Lertxundi también anuncia nueva grabación, y conciertos de presentación de la misma (en el Kursaal de San Sebastián, y en teatro Arriaga de Bilbao para los primeros días del inminente mes de diciembre). Vitoria, Pamplona y otras citas están aún pendientes de fecha de confirmacion. Estaremos atentos a la jugada, cómo no.

Manuel Luna

En Guecho, por lo demás, el cartel restante era de lo más atractivo: el folclorista, antropólogo, cantante, líder musical Manuel Luna, desde su Cantabria natal a su región de Murcia adoptada, fue la figura central de la segunda jornada.

Eleftheria Arvanitaki

La excelente vocalista Eleftheria (“Libertad”) Arvanitaki y el legendario grupo folk-rock inglés Fairport Convention (51 años de actividad incesante les contemplan) redondearon un programa de primera línea, como corresponde a uno de los mejores certámenes anuales del Pais Vasco y de todo el entorno geográfico circundante.

En Vic, a casi 100 kilómetros de Barcelona, el Mercado de la Música Viva (MMVV) llegaba a su 30 aniversario, y lo quiso celebrar por todo lo alto. Invitados especiales, profusión de grupos y solistas famosos y/o en edad de merecer, se alternaron en los cuatro o cinco escenarios de la Atlántida (sede central del encuentro): Auditorio, Carpa Negra, Jazz Cava, Carpa Vermella, Teatre, Off Mercat. Todos los géneros musicales imaginables, todas las propuestas posibles, innovadoras mayoritariamente, todos los estilos y maneras de encarar el fenómeno sonoro contemporáneo.

Kiki_Morente – Foto: Alex Rademakers

Nombres ya célebres (Marc Parrot, Kiki Morente, Sr. Canario, Ko Ko Mo, Alma Afrobeat Ensemble, Niño de Elche, Toti Soler (sí, el mismo, fastuoso guitarrista acústico de larguísima trayectoria en el mundo de la canço y alrededores), Alba Carmona, Mercedes Peón, los vascos Korrontzi -que también estuvieron en Guecho, en magnífico doblete-, Sara Fontán….y el maravilloso estreno de la brasileña Larissa, una artista de Sao Paulo que habrá que atender y seguir en un futuro inmediato: entre Suzanne Vega y Bjork.

Aquí tenemos a una compositora de hermosa tesitura vocal y plasmación ultra moderna, entre muestreadores (samplers) y guitarra eléctrica, que viene directamente de una hermosa herencia (Hermeto Pascoal, Os Mutantes…). A descubrir y a disfrutar en un futuro muy próximo.

Ciento cuarenta mil espectadores dicen que siguieron el MMVV en directo. Más o menos, da igual. Lo importante fue el escaparate colectivo, común y solidario: buen rollo, excelente ambiente, a veces incluso agradablemente familiar, “ninots” incluidos… El Mercat sigue adelante, y se plantea nuevos horizontes para otros 30 años venideros. Que así sea, y que nosotros lo veamos.

Fatoumata Diawara: “´Fenfo´Es La Voz De Los Niños”

Hace 7 años, la cantante de Mali, Fatoumata Diawara se presentaba en los mercados internacionales con su primer disco, “Fatou” (World Circuit). “Con un pasado turbulento y familiar emigrante en París, en la tradición ´wassulu´del pueblo ´peul´, Fatou reaviva sus raíces musicales con una fórmula limpia y actual: canciones dignas, serenas y repletas de fuerza interior. Seguro que la gran Oumou Sangaré, reina del género, estará orgullosa de ella”, escribí en su momento en la revista Metrópoli.

Así saludábamos en su día la grata aparición de Fatou D. Ahora, su segundo vinilo/CD/single, ´Fenfo, ha confirmado, reafirmado y ampliado todas las expectativas.

Fatoumata Diawara – Fenfo

¿Qué aproximaciones, parecidos y diferencias encuentra la artista entre esas dos grabaciones, con el intervalo temporal de casi una década?

En el primer disco -contesta la maliense- quería presentarme al gran público internacional; con este segundo, quiero mostrar la persona que soy ahora y compartir todo mi aprendizaje y evolución, tanto a nivel artístico como personal“.

Usted está siempre en la primera línea de combate por la emancipación de la mujer universal y, especialmente, de la mujer africana. ´Fenfo´ es una prueba de ello, ¿no es así?

Absolutamente, eso mismo es lo que yo pienso“, corrobora y enfatiza la estilizada y extrovertida artista.

Ha hecho usted una muy interesante, casi apoteósica, síntesis entre la música tradicional de su pueblo y las sonoridades de rock-jazz a la manera occidental y contemporánea. ¿Qué le parece esta apreciación?

Desde siempre, he mezclado esos dos estilos de música”, asegura. “He realizado esa fusión con temáticas que me han preocupado y que son importantes para mí: con melodías adecuadas y con mucho amor“.

¿Qué significan para usted las figuras legendarias de Miriam Makeba, Nina Simone, y Oumou Sangaré?

Fatoumata contesta con total convicción: “Todas esas mujeres han sido un ejemplo y un modelo para mí, porque, a pesar de la dificultad que requiere imponerse a nivel internacional, ellas lo consiguieron…Stevie Wonder, David Bowie, The Beatles, Billie Holliday y otr@s much@s son artistas que me gustan también extraordinariamente“.

¿Habla de la incomunicación entre padres e hijos en el seno de la familia?

Fatou es escueta en este momento, precisa y rotunda: “´Fenfo´es la voz de los niños“.

Ahora mismo, usted es número uno de muchas listas de la ´world music´, en distintas revista de prestigio. “Songlines”, el estupendo magazine británico, es uno de los principales valedores de su trabajo. “Folk Roots”, “Mojo”, lo mismo de lo mismo. Eso le hará feliz, a buen seguro…

Me produce mucha alegría esa reacción y espero que esto pueda ayudar a las nuevas generaciones de cantantes africanas“.

¿Cuáles son sus proyectos inmediatos? Viene de triunfar recientemente en el festival español La Mar de Músicas, de Cartagena, y también en una jornada especial, veraniega, del afamado Celtic Connections de Glasgow, así como una presentación en el siempre difícil y competitivo ambiente musical de Londres. ¿Volverá usted a España?

Mi proyecto número uno en este preciso momento es defender este último disco mío; esa es mi prioridad absoluta ahora mismo. Y sí, claro que volveré España el año que viene“.

Buena suerte siempre, Fatoumata y gracias por su gentileza. Y también, gracias por su voz, sus canciones, sus palabras, su música, su presencia escénica. Contamos con usted en el futuro.

Bidasoa Folk 2018 ¿La Mejor Edición De Su Historia?

Los Sabandeños, Sharon Shannon y Dyaa Zniber: un gran cartel.

Por Alvaro Feito

Si no la mejor edición de su ya larga historia, el Bidasoa Folk 2018 se aproxima al primer puesto del ranking, con toda seguridad. Ya han pasado muchos y grandes artistas por la preciosa Bahía de Chingudi y su entorno (Fuenterrabía, Irún, Hendaya), nombres gloriosos como los de María del Mar Bonet, Benito Lertxundi, l’Ham de Foc, Paco Ibáñez, Vieux Farka Touré…y tantos otros, pero este año la selección ha sido rotunda y quizás más completa que nuca, no tanto por la fama a priori de los participantes, como por las excelentes prestaciones que han ofrecido todos ellos.

La medieval y entrañable Plaza de Armas, con el Parador Nacional al lado, agrietados aún sus muros por las salvas de los cañonazos guerreros de antaño, recibió la presencia de uno de los grupos más veteranos e ilustres del panorama español (Islas Canarias incluidas, como no podía ser menos). El grupo fundado por el infatigable Elfidio Alonso hace algo así como 50 años (Elfidio posee aún unos juveniles 83) demostró no solo estar en buena forma, sino exhibir una de las mejores formas de toda su vida.

Con la dirección musical de otro grande insular, Benito Cabrera, y con sus 29 músicos/cantantes en escena, Los Sabandeños son institución viva aquí y allá, allá y acullá (Latinoamérica incluida) del folk canario, valga decir también universal. Ahí es nada su trayectoria, y ahí es nada su plasmación actual, demostrada con creces en Fuenterrabía, separada de Hendaya por la isla de los Faisanes, de raigambre histórica sin cuento.

 

Los Sabandeños

 

Actuando en todo momento como maestro de ceremonias, y didáctico presentador de todos y cada uno de los temas interpretados, E. Alonso dio toda una lección erudita y sabihonda, sin artificio ni pretenciosidad alguna, de su “set” de canciones. Primera parte dedicada al folklore canario más profundo, desconocido, oscuro a veces (isas o jotas, folías o fandangos, seguidillas o boleros), fue una parte del recital necesaria y saludable, si bien a veces un tanto ardua y difícil para el público no ducho en la materia (entre el que me cuento).

La segunda mitad fue otra cosa : una sucesión de “grandes éxitos” (sic) de las canciones más reconocibles y cantadas del repertorio sudamericano : “Amapola”, “Alma Llanera”, “Guantanamera”, “La flor de la canela” (recuerdos imborrables de María Dolores Pradera), hasta completar un “set” repleto de bellas armonías, hermosas vivencias, temas eternos, boleros, incluso cuecas chilenas o sones montunos : un recorrido vital y entrañable por la geografía del llamado (hace tiempo) Nuevo Mundo.

Ahora, más nuevo que nunca. Los Sabandeños lo bordaron en sus increíbles voces -por encima de algunos gorgoritos tenores operísticos, mas propios del clasicismo musical que de lo popular ancestral.- Ni siquiera esos momentos consiguieron borrar la impresión general : el mucho público asistente lo disfrutó de lo lindo, y era hermoso ver cómo, al final de la actuación, el respetable se abalanzaba hacia Elfidio dándole abrazos, pidiéndole su firma, felicitando en su persona a toda esa antigua rondalla convertida ahora en majestuosa formación de folk contemporáneo, batería y percusiones varias incluidas.

A eso, de alguna forma, se le llama estar en la vanguardia. Musicalmente, uno de los conciertos más perfectos de toda la historia del Bidasoa: ni un solo fallo, ni un solo desajuste, ni un solo desafine. Eso tiene mucho mérito. Y tiene toda nuestra admiración, por más que este género musical no sea el preferido de quien suscribe. Eso no importa: importa lo demás.

 

Sharon Shannon

 

La acordeonista irlandesa Sharon Shannon (El famoso “Diario Vasco” se lució al mencionarla como “una de las mejores cantantes de su país”) nos regaló un concierto tan admirable como breve. Quizás presionada por los horarios de su vuelo de retorno a casa, su entrega no llegó a la hora y media de exhibición (bises incluidos). Lo bueno, si breve… Pero uno dice: lo bueno, cuanto más largo, mejor. Jigs, reels, baladas cantadas por uno de los miembros masculinos de su cuarteto acompañante, homenajes a quién sino Bob Dylan en “Don’t think twice, it’s all right”…el “set” de la simpatiquísima Sharon (que ha perdido ya su rostro aniñado y se aprecia el paso del tiempo, como no podía por menos de ocurrir, por su agraciado porte) estuvo marcado por la precisión técnica, la profesionalidad continua y la belleza y vitalidad de unas melodías y ritmos imperecederos. No pudo faltar, y no faltó, la “Music for a found harmonium”, tema original del Kronos Quartet, que Sharon ha hecho también suyo.

Finalmente, la tercera jornada, desarrollada en el ambiente lujoso y “chic” de la terraza Sokoburu de Hendaya, al ladito mismo de la Grand Plage, acogió la presencia del grupo marroquí de la vocalista Dyaa Zniber (nacida en Salé-Rabat, pero residente en Cannes, Francia) y su Conjunto Patrimonio de la Musique Andalusí Marocaine. Quizás no fue el marco más adecuado para este recital, donde se esperaba más presencia de gente magrebí. Así y todo, el quinteto supo ganarse el favor del público resistente, y logró momentos de máxima intensidad expresiva, sobre todo en temas reconocibles para la colonia andaluza-hispánica: “La Tarara” fue un buen ejemplo de ello. Ecos del recordado/añorado conjunto Radio Tarifa también aparecieron en su repertorio, repleto de melismas orientalistas, requiebros casi jondos y aromas mediterráneos, sin perder nunca de vista su arabismo connatural: extensas piezas instrumentales y vocales que persiguen y logran a veces el paroxismo, también llamado “trance”.

Las piezas de procedencia sefardita (judío-española) nuclearon la actuación de este joven grupo que, vestidos con sus típicas “shellabas” parecían esconder personajes más veteranos, y que, pese a ciertas limitaciones vocales de su líder (femenina) -difícil para ella acceder a las notas más agudas-, completaron una actuación más que correcta, con momentos de rara intensidad lírica y poética, para finalizar así con esmero y gracia unas jornadas del Bidasoa Folk que, si no pasará a la Historia Grande del certamen, estará muy, muy cerca de ella.

La Mar de Músicas 2018, un festival venido (un poco) a menos

Fatoumata Diawara, la gran estrella de la 24 edición cartagenera. Buenas prestaciones de Human League y Axel Ikot

Cartagena – Será quizás porque se está tomando un respiro, de cara a las bodas de plata del próximo año; o será porque La Mar de Músicas (LMM) está ya en esa edad de la pos-adolescencia, que tan mal le sienta a muchos jóvenes…el caso es que uno de los mejores (si no el mejor) festivales musicales del híper-cálido, achicharrante estío hispánico, da muestras, de un tiempo a esta parte, de un cierto cansancio existencial, un indisimulado hastío, hasta caer en la auto-complacencia y el confusionismo.

Del 20 al 28 de julio, nueve abigarradas jornadas conformaron un cartel de actividades tan extensas como rutinarias, tan dispersas como atosigantes, tan eclécticas como desiguales, tan atractivas (en pocas ocasiones) como prescindibles (en muchas otras).

Lejos quedan atrás ediciones brillantes, con presencias ineludibles (Youssou N’Dour, Marianne Faithfull, Franco Battiato…). Este año la gran estrella del certamen ha sido la maliense Fatoumata Diawara, en plena y meteórica ascensión al cenáculo de la calidad artística y la fama masiva; y es de agradecer que LMM nos la haya traído tan puntualmente, “live”, en pleno descubrimiento occidental. O, mejor, en total confirmación de su alto “status” vital y escénico.

 

Fatoumata Diawara – foto realizada por Angel Romero en 2012

 

“Fatou” trajo de la mano su más reciente grabación, “Fenfo” (“Something to say”), un disco que ya se vislumbra como gran candidato a mejor trabajo sonoro aparecido en 2018, aunque solo sea en el importante apartado de las “músicas de África”.

 

Fatoumata Diawara – Fenfo

 

Clara aspirante a ocupar en el futuro inmediato el lugar de honor que detenta Oumou Sangare, quien la pasada temporada barrió en listas y escenarios mundiales, Fatoumata se marcó un “set” repleto de vitalidad, intensidad, arrebato y conciencia social, feminista y humanista. Hubo guiños en su prestación a la histórica Miriam Makeba, y a la no menos admirable Nina Simone; y, sobre todo, a esas cadencias rítmicas que nos remiten a lo mejor de las tradiciones sonoras que nos llevan a la esencia del África Occidental.

Entre lo ancestral y la modernidad, estéticamente quizás demasiado virada a un sonido occidental, con querencia particular por arreglos jazzísticos y rockeros (más que a los cantos “griots” o “wassulu” de su tierra). Pero no se le puede achacar en exceso esa opción, porque Diawara está construyendo (o ayudando a crear) una nueva sensibilidad expresiva, que no reniega de su historia, ni de su época ni de su espacio en el mundo planetario.

Canciones como la propia “Fenfo”, que da título al disco, es bien clarividente en este sentido : “¿Por qué nadie me dijo nada? Ni papá. Ni mamá, ni mis amigos ni mis familiares me hablaron del mundo que yo habitaba…Todos ellos tenían algo que decir, pero no lo hicieron...”

¿Rebeldía o protesta? Ni lo uno ni lo otro: Fatoumata registra, documenta la situación y la denuncia, sin acritud, pero con firmeza. Su querida “Mama” merece otra canción, y se la ofrece. En su lengua bambara canta también con fervor “Ou y’an ye” o “Negue Negue”, pero asimismo abraza el universal lenguaje del inglés para reconocer que hay otros ámbitos, y no vale de nada quejarse todo el tiempo de la “globalización”, Mas bien, su postura ante ella es la de ofrecer la alternativa de un producto artístico de notable altura, pasando por una tecnología punta, pero sin olvidar el espíritu inconformista y luchador.

Tras la exhibición vocal e instrumental de su excelente banda acompañante, Fatoumata se soltó el pelo y bailó como una posesa, fiel a la polirritmia y pasos de danza de su “background”, posturas rocambolescas, desmelenes y exposiciones corporales hasta alcanzar ese clímax final que no puede faltar en ningún concierto africanista que se precie.

 

Alex Ikot

 

Otra buena actuación corrió a cargo del guineano ecuatorial Alex Ikot, residente en España (Madrid, sobre todo) hace bastantes años, pero conservando la fuerza telúrica de sus ancestros, la polivalencia de sus tambores y percusiones varias, y la indudable capacidad para construir canciones enrolladas y pertinentes. Otra gran banda en el escenario, con un guitarrista eléctrico de mucha valía, y dos coristas/bailarinas de fuerza arrolladora y gran sensualidad.

El grupo “pop” y “post punk” Human League, procedentes de Sheffield (Reino Unido) cerró el festival y lo hizo con una prestación impecable de sonido, luz y videos. Pero su música parece ya a estas alturas, desde el punto de vista de la vanguardia, un tanto obsoleta y previsible.

Adelantada en los años 80 del pasado siglo de un pre-tecno neo-romántico, la banda, tras varios cambios en su formación, ha derivado hacia un pop-rock, con su manierista líder vocal y otras dos voces femeninas, elegantes y “glamorosas, pero a años luz de la gracia y naturalidad de las procedentes del Sur “beyond” Gibraltar. Human League realizó un concierto fácil y agradable para llegar al gran público, y en eso se quedaron. No faltó su gran “hit”, “Don’t you want me” -más de dos millones de copias vendidas en su día-, y el personal asistente disfrutó de lo lindo.

Totó la Momposina, colombiana esencial; el ya consagradísimo Rubén Blades, con su salsa politizada y de medio pelo, y el inefable cantante estadounidense Gregory Porter ofrecieron, al parecer (no pude asistir) recitales por encima de la media; y la única presencia en España de la neozelandesa Marlon Williams significó igualmente un hito dentro de la semana cartagenera.

Pero fue el encuentro de la familia Montoya, con Alba Molina y la recordada Lole (de Lole y Manuel, una de las únicas voces andaluzas que se han atrevido con el repertorio de la inmensa egipcia desaparecida Om Kalzum, interpretando incluso en lengua árabe) el recital que mayores emociones despertó, en el terreno siempre bien recibido del flamenco.

Hubo más artistas procedentes del Gran Continente Negro, siempre santo y seña desde los inicios de su andadura de LMM: los congoleños Kokoko¡, los malienses Kokoi Blues y Bamba Wassoulou, la guineana Djanka Diabaté, le ecuatorial Nélida Karr…Brasil, Venezuela, Escocia, Tibet, Palestina, Jamaica y Portugal, sin olvidar a los Estados Unidos de la muy excelente Cecile McLoin Salvant, fueron otros países representados en la convocatoria. No se le puede negar a LMM su vocación internacionalista, descubridora de talentos y atraída por los desconocido y/o exótico.

Pero otra zona importante de la programación dejo bastante que desear. El país escogido este año como “invitado especial”, Dinamarca, tiene todavía muy poco que decir en el terreno musical, excepciones tipo The Savage Rose al margen.

Demasiada presencia inocua, excesiva atención a quien poco la merece, pleitesía a corrientes artísticas todavía en mantillas, y en todo caso absolutamente prescindibles.. A los programadores les debe gustar pasar unos cuantos días en zonas ricas, intentando resolver la cuadratura del círculo. O será para compensar la “africanidad” del evento. Y ¿qué decir de la (in)dependencia murciana?. Grupos y solistas en edad de merecer, coleguillas del entorno, que aquí encuentran acomodo fácil pero inmerecido. Dejen todo eso para concursos noveles y actos colegiales.

Así pues, en Cartagena 18 ha coexistido lo sublime con lo grotesco, lo admirable con lo desdeñable, lo válido y lo irrisorio…Un festival al 50%, o poco más. Síntomas de “faiblaise”, donde la cantidad supera la “qualité”, y donde se cuelan muchas cosas que no debieron colarse, para engordar un programa ya de por sí bastante grueso. El gusto por el gigantismo.

Seguro que se estaban calentando motores de cara a los 25 años próximos del certamen. La progresiva disminución de presupuestos oficiales y de subvenciones quizás explique algo de la situación actual. Pero ¿dónde fueron a parar aquellos magníficos libros editados antaño, programas de apoyo y ayuda? Hace tiempo que ya desaparecieron: se los llevó el viento.

Por lo demás, y por último, deplorar la insolidaridad y escasa altura humana de la dirección del festival. Ella sabe por qué… Pero eso lo dejamos para otro momento, otro año, otra galaxia. O quizás para nunca jamás, como la Tierra de aquel que no quería crecer nunca del todo.

16 Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián

Beauty and the dogs

Abril 2018.
Un Certamen Duro, Necesario, Coherente

Violencia institucional y particular, malos tratos hacia la mujer, refugiados del mundo entero unidos, un Mundo de caos y penurias, desgracias de todo tipo, auges de los nuevos fascismos, resistencias pacíficas, nacientes organizaciones anti-consumistas…el catálogo de temáticas de un certamen como el de San Sebastián (“Festival de Cine y Derechos Humanos”) no es precisamente la alegría de la huerta. Pero, precisamente por ello, es una exposición cinematográfica dura, coherente, necesaria, nada complaciente.

Porque no es nada agradable asistir a todas las miserias que circulan por el planeta Tierra y es necesaria una gran capacidad de asimilar y tragar para enfrentarse a estas realidades mundanas que, queramos o no, están ahí para quien quiera conocerlas/recordarlas/revisarlas.

No hubo en esta ocasión la Gran Película, como la del pasado año de Goran Paskalievich, pero hubo un tono medio de calidad apreciable, y dos o tres filmes se acercaron al cénit.

Sin duda, y por una vez público y crítica especializada se pusieron de acuerdo, la cinta ganadora, “Beauty and the dogs”, de la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania fue la más destacada de los siete días de proyecciones (a razón de dos, tres, a veces cuatro propuestas cotidianas). La historia de una joven, agraciada, sensible chica de nuestro tiempo, por más árabe que sea su procedencia, es tan verídica como lamentable. Violada por dos o tres policías, la mujer tiene que denunciar al propio cuerpo de “seguridad” su situación. Como meterse en la boca del lobo, vamos. La película es valiente en su denuncia de la corrupción policial, impregnada hasta la médula de autoritarismo fascista, aun revestido con ropajes y modales “democráticos” y “amables”.

Los que conocen cómo se las gastan los anti-cuerpos policiales en Marruecos, Senegal, Mali, Níger, Egipto y demás países africanos no podrán estar más de acuerdo con esta visión. Ni primavera árabe ni eufemismo de ningún otro tipo. El mal anida en las personas, y la violencia contra la mujer, y más si es joven, guapa y moderna, se ampara en la impunidad de una chapa en la solapa y el corporativismo cobarde de una institución. Mención muy especial en este film, de múltiple coproducción de siete países, para su notabilísima actriz, que sabe transmitir con su mirada, muchas veces vacía, todo el asco, toda la repulsión, todo el dolor que le produce su sometimiento.

Buen subtitulo del festival para esta sesión: “Culpabilizar a la víctima”. El omnímodo poder, ciego y sordo, de las instituciones que se suponen tienen que velar por los ciudadanos, se muestra aquí sin aspavientos ni gritos, más bien con susurros silenciosos que son algo más que elocuentes.

Otra película merecedora de premio público fue “La Cifra Negra de la violencia institucional”, del catalán Ales Pay. Denuncia de torturas reales, violencias insoportables ejercidas por funcionarios españoles en centros carcelarios o de reclusión. Los damnificados cuentan sus historias pero lo hacen, ay¡, de la manera menos cinematográfica posible: planos fijos e inamovibles, bustos parlantes, retórica verbal que no visual. Lástima de tan pobre realización para un tema tan grave y denunciable.

Otra buena cinta fue “Freedom for the wolf”, de Rupert Tussel (Alemania), caleidoscopio deslumbrante de la situación actual de muchas “democracias” que pululan por el mundo. Rodada en India, Japón, Hong Kong, Túnez y Estados Unidos, el film es un recorrido de una enrome riqueza y belleza visual, todo lo contrario que la película anteriormente mencionada-

El Festival se cerró, fuera de concurso, con la proyección de “El taller de escritura”, del gran director francés Laurent Cantet. Nueva incursión suya, tras la excelente ”La clase”, por el mundo de los jóvenes, de la Enseñanza, los rebrotes nazis en contextos sociales deprimidos, la importancia de la educación…Como si de un nuevo François Truffaut se tratase (“El buen salvaje”, “Los 400 golpes”, vida y milagros de Antoine Doinel, Cantet refleja con sobriedad y rigor/vigor, no exento de toques humorísticos y satíricos, una sociedad que está luchando por nacer, cuando todavía hay otra, mucho más poderosa, que está trabajando por morir.

“Las rutas de la esclavitud” – Jordi Savall, Músico De Músicos

Las rutas de la esclavitud” es una magna obra narrativo-musical que ilustra la vergonzosa historia de la trata de esclavos negros.

Intérpretes:

Jordi Savall (viola de gamba, director musical). La Capella Reial de Catalunya. Hesperion XXI. Tembembe Ensamble Continuo. Mali: Kassé Mady Diabaté (canto), Ballaké Sissoko (kora), Mamani Keita, Tanti Kouyaté, Nana Kouyaté (coristas). Madagascar: Rajery (valiha). Marruecos: Driss el Maloumi (oud). México-Colombia: Ada Coronel (vihuela, wasá, danza y canto). Leopoldo Novoa (marimbol, Marimba de chonta y triple colombiano), Enrique Barona (vihuela, Leona, Jarana, Quijada de caballo, danza y canto), Ulises Martínez (violín, vihuela, danza y canto). Brasil: María Juliana Linhares (soprano), Zé Luis Nascimento (percusión). Argentina: Adriana Fernández (soprano). Venezuela: Iván García (bajo). Recitador Emilio Buale. Selección, adaptación de los textos y de la cronología: Sergie Grau y Manuel Forcano.

Escenario: Auditorio Kursaal. San Sebastián.

Fecha: 7 de marzo 2018

Cita histórica en el Kursaal de San Sebastián: el genial músico, director escénico, investigador artístico Jordi Savall, representante ilustre de Cataluña, presenta su magna obra “Las rutas de la esclavitud”, una contribución impagable de carácter histórico, filosófico, sonoro (tradicional y plenamente moderno, al mismo tiempo) encaminado a hacer un mundo mejor a través del conocimiento, la sensibilidad y la empatía hacia los pueblos oprimidos, simbolizados en la ignominiosa historia de la trata de esclavos negros.

Así, Jordi Savall se configura, una vez más (y ya van muchas) como un verdadero “músico de músicos”, un maestro de maestros, uno de los artistas contemporáneos (no solo europeo u occidental) más preclaros, inspirados, solidarios, eruditos, sensibles de todo el ancho y vasto mundo. (“ Mira, el mundo es pequeño si no tienes corazón”, dijo él; “el mundo es muy grande si tienes corazón”. Llan de Cubel, el gran grupo “folk” asturiano en su álbum memorable “De un tiempo meyor”, 2004).

Jordi Savall – Las rutas de la esclavitud

“Las rutas de la esclavitud” -recordemos: magnifica obra discográfica/literaria, con una presentación gráfica de quitarse el sombrero, dos CDs, DVD y libreto acompañante en francés, inglés, catalán, alemán, italiano y castellano. Sello Hybrid, 2016. 25 euros- se estructura a través de múltiples recitados que contextualizan la cronología de los hechos narrados.

Comienza con la “Crónica del descubrimiento y la conquista de Guinea”, a cargo de mercaderes y marinos portugueses (1444) y se ilustra con música tradicional de Mali, un tema brasileño de tradición africana y una melodía Romanesca a la guitarra,

Recitado 2: “1505. El 15 de septiembre el rey Fernando el Católico escribe una carta a Nicolás de Ovando”, con citas sonoras de Mateo Flecha, el Viejo (son jarocho), el tema anónimo maliense “La Negrina” y el canto de griot “Manden Mandinkadenou”.

Recitado 3: ”1620. Los primeros esclavos africanos llegan a las colonias inglesas”, sobre el fondo musical de melodías brasileñas populares, el “Canto de Guerreiro”, un son tradicional de Colombia y el Canto sacro “Velo que bonito” o San Antonio.

4: “1657. Richard Ligon publica en Londres ‘A true and Exact History of the Island of Barbados”- Ecos tradicionales procedentes de Escurinho y Ciranda (Brasil), de Puebla (México) y la “negrilla” Tambalagumbá”.

Recitado 5 : “1661. Los castigos de los esclavos contemporáneos en el ‘Código de la esclavitud de Barbados’”. Se escucha “Follow the drinkin gourd”, canción de esclavos norteamericana, seguida de los sonidos hipnóticos de la kora y el ud.

Recitado 6: “1685. El ‘Código Negro’, promulgado por Luis XIV, se mantiene vigente hasta 1848”. Se oye el canto de griot “Sinanon Saran” y otro anónimo de Mali.

8: “1772. Raynal, historia filosófica y política de los asentamientos y el comercio de los europeos en las dos Indias”. Maracatú y samba brasileiras.

9: “1782. La esclava Belinda solicita al Congreso de Massachusetts una pensión”. “Simbo (canto de griot) y otro anónimo.

Recitado 10: “1848. Decreto de abolición de la esclavitud”. Músicas ad hoc: anónima, Códice Trujillo (Perú y Bolivia) y Tonada El Congo: “A la mar me llevan”.

11: “1885. Carta de Abrahan Lincoln a Joshua, amigo personal y propietario de esclavos en Kentucky”. Subrayado : la célebre canción espiritual “Amazing grace”.

Y 12. Conclusión: “1963 : ‘Por qué no podemos esperar’, de Martin Luther-King. Con una canción de esclavos estadounidense, “Another man done gone”, un anónimo maliense y, para finalizar, cómo no, un canto de griot, concretamente el titulado “Touramakan”.

 

Jordi Savall

 

“Las rutas de la esclavitud” quedará para la posteridad como una obra decisiva, estimulante, adelantada a su tiempo, necesaria y sorprendente. Una obra que combina música popular/tradicional con elementos de autor y de nueva elaboración, con predominio -afortunadamente- de las primeras.

Para Jordi Savall las divisiones entre popular y clásico no tienen sentido y son artificiales, además de estar obsoletas. Todo su trabajo se basa en esa premisa. Ha indagado en las músicas de Oriente, del Medievo y del Renacimiento, se ha acercado hasta la “Ruta de la Seda” y a conocer a fondo la cultura musical de Venecia. Próximamente, en Fès (Festival de las Músicas Sagradas) estrenará otra partitura sobre los recorridos del viajante pionero hispano-marroquí Ibn Batuta.

Jordi Savall no para. Y nosotros que lo veamos.

Una semana en Donostia, de Sofia Rei a Traficadas

Sofia Rei

Sofia Rei: El gavilán (Homenaje a Violeta Parra). Club del teatro Victoria Eugenia. Intérpretes: Sofía Rey (guitarra, voz). Fecha: 30 de enero 2018

Mikel Urdangarin. Teatro Victoria Eugenia. Intérpretes: Mikel Urdangarin (guitarra acústica, voz), Ander Hurtado de Saracho (batería), Jon Cañaveras (bajo eléctrico), Koldo Uriarte (teclados, piano), Rafa Rueda (guitarra eléctrica), Nika Bitchiasvili (violín). Fecha: 1 febrero 2018

Traficadas (Viajes a la esclavitud). Exposición. Centro Cultural Okendo. Gros. Del 2 de febrero al 16 de marzo 2018.

Semana intensa de música y arte en San Sebastián, una más dentro de la excelente programación cultural que vive esta ciudad, pequeña y coqueta, para ejemplo y escarnio de más altas magistraturas y presupuestos.

Mientras Benito Lertxundi y Olatz Zugasti finalizaban sus habituales giras de otoño e invierno, recorriendo las geografías, aún las más recónditas, de esta zona (de Bayona a Vitoria, de Pamplona a Santesteban (Navarra), de Alsasua a Rentería, etc. etc., en San Sebastián se tomaba el relevo con amplias programaciones de interés en los tres centros emblemáticos de la actividad: el teatro Victoria Eugenia, el Auditorio Kursaal, y el centro Takabalera -que amplía ahora sus programaciones, añadiendo al teatro, cine y música, las de diseño, gastronomía, y otras.

Por no hablar de las Kultur Extea de los barrios y pueblos próximos: el Ernest Lluch, en Amara-Anoeta, el Lugaritz en El Antiguo, el Koldo Mitxelena en Buen Pastor, el Okendo en el delicioso barrio de Gros, el CC Aiete, los de Inchaurrondo, Egia y tantos otros.. ¿.Hay quién dé más en un radio de acción de diez kilómetros a la redonda?…Por no hablar de las innumerables salas de conciertos de rock, reggae, jazz, indies, etc, etc diseminadas por todas partes.

Violeta Parra, en el recuerdo

La transición del super-lluvioso mes de enero de este año al casi gélido febrero vio la presencia de la cantante argentina Sofía Rei, con su espectáculo “El gavilán, Tributo a Violeta Parra” (mismo nombre de su último CD). Oportuno homenaje con motivo del centenario del nacimiento de la grandísima Violeta (1917-1967).

Sofía Rei – El gavilán, Tributo a Violeta Parra

 

Acompañada de guitarrista experimental, en la línea del Marc Ribot que participa en el disco, Sofía ha querido actualizar el enorme repertorio de la autora de “Gracias a la vida”, con unos arreglos musicales discutibles, entre “vanguardistas” y pretenciosos, que no solo no arropan las viejas y eternas canciones, sino que a veces las anulan o ningunean.

Dudo mucho que Violeta hubiese dado su aprobación a estas versiones de canciones como “Casamiento de negros, “Run run se fue p´al norte “-ahora irreconocible-, “Maldigo del Alto Cielo”, o “Arriba quemando el sol”.

Solamente “El gavilán” parece recuperar algo del espíritu popular y salvajemente inocente de aquella gran sufridora del amor que fue la chilena Violeta. Su desgraciada vida pasional, que terminó en lamentable y trágico suicidio, se plasma en este largo tema (excesivos 14 minutos en el disco, algo menos en directo), una denuncia del alma depredadora del hombre abusador o insensible (su pareja inalcanzable en vida fue el francés Gilbert Favre), donde el voraz ave de rapiña devora y anula simbólicamente a su víctima indefensa.

El cancionero de Violeta Parra no se agota, ni muchos menos, en los 8 temas contenidos en la grabación, o en otros pocos añadidos en vivo. “Mazúrquica modérnica” (no contenida en el CD) fue, con sus humorísticas esdrújulas, otro de los momentos notables del recital. Pero se quedaron en el tinteros creaciones sublimes de Violeta como “¿Qué dirá el Santo Padre?” (que habita en Roma), , “Volver a los 17”, y la ya citada y universal “Gracias a la vida”, que también hicieron suya, entre otras, Mercedes Sosa y Joan Baez.

Sofía Rei, cuya bienintencionada empresa está fuera de toda duda, así como su hermosa, modulada y versátil voz, ha ofrecido su granito de arena, y es también de agradecer, a recordar la figura y la inmensa ternura de una de las mejores cantantes “folk” de la historia. Un granito a veces un poco indigesto, pero valioso al fin y al cabo. (1)

Un concierto solvente

El de Mikel Urdangarin en el teatro grande, histórico y pelín barroco de San Sebastián. Con el repertorio de su último disco, “Margolaria” como base, Mikel se mostró en pleno estado de forma vocal, tras una amplísima gira que le ha llevado también por medio País Vasco en los pasados diez o doce meses. Hemos hablado ya largo y tendido este trabajo y hemos conversado con el cantautor en estas mismas páginas, por lo que no que hace falta enfatizar la calidad y profesionalidad del empeño, así como su valor poético y musical.

 

Mikel Urdangarin

 

Solo insistir igualmente en la bondad de su banda acompañante, un grupo sin fisuras ni apenas florituras, siempre al servicio de vehicular la rotunda y empática presencia de Mikel, al que no le hace falta una gran expresividad corporal. Lo dice todo con su enérgico o sutil timbre vocal, según los casos. Pero el que sí ofrece gran expresividad escénica es el excelente guitarrista eléctrico Rafa Rueda, que se marcó unos “solos” de alto voltaje y virtuosismo. Asimismo, violín, batería, bajo y teclados contribuyeron con nota a construir un espacio sonoro reconocible, redondo y en ocasiones cercano al paroxismo, alcanzando notables cimas de clímax o trance compartibles.

Canciones como “Kopla bihotzekoak”, “Zurea da”, más intimistas y líricas, dieron paso a algunas de las creaciones más difundidas y célebres del repertorio del antaño bertsolari: “Zurekin”, rockera a tope, “Non gertzen den debora” o el bis final, “Kieari”, sin olvidar la extroversión de “Libre” y Hiritik urrun”. Y, sobre todo, sus clásicos y cantables “Euria ari du” y “Agian irailean”. Temas que ya figuran, por méritos propios, en el imaginario colectivo de un tiempo y de un paisaje/paisanaje. El cantante de Zortnoza sigue ampliando su cada vez mayor leyenda, una figura querida e incardinada en un entorno geográfico, histórico, cultural, cancioneril. Emociones viejas para tiempos nuevos.

La pintura y el maestro

Una exposición de arte inaugurada el 2 de febrero en el centro cultural Okendo, “Traficadas, viajes a la esclavitud”, fomentada/promocionada por el colectivo artístico EmPoderArte, reúne la obra de 42 mujeres que trabajan en el tema de las artes plásticas y audiovisuales, siempre con el objetivo de visualizar el tráfico y la trata de blancas (fotografía, video, pintura, escultura…). Se pretende “reflexionar y denunciar las distintas humillaciones y violencias a las que son sometidas las mujeres “traficadas”: el engaño, la amenaza, la violación, la ausencia de libertad”.

Obras de desigual y variado mérito estético, pero con el denominador común de su valentía y su perentoria necesidad. Algunos nombres de autoras : Paz Barreiro, Helena Revuelta, Erica Landfors, Viviana Duncan, Marta Garcia del Salto, Martina Dasnoy, señora Milton…Se ofrecen visitas guiadas a la exposición, y habrá también una conferencia, seguida de “mesa redonda”, el día 16 de marzo. Comisarias de la expo: Sara Beiztegi, Pepa Santamarina y Silvia Martínez Cano.

Y enlazando, de alguna manera, aunque sea tangencial, con la temática de esta muestra, se atisba uno de los conciertos más esperados del año en San Sebastián, al menos para quien esto suscribe. El maestro de la viola de gamba, el erudito musicólogo, el investigador profundo de la música antigua, medieval y renacentista, el catalán Jordi Savall presentando lo que es su último y excepcional trabajo literario-musical: “Las rutas de la esclavitud”.

 

Jordi Savall

 

Una mirada al mundo de la trata de esclavos (esta vez, hombres) en el tiempo de la colonización de América. Descubrimiento profundo de un mundo, sí, el de las culturas autóctonas, sus músicas tradicionales, que han sobrevivido a pesar de todo, siempre con un texto y un contexto por medio. Obra a inscribir entre el ya sobresaliente inventario y repertorio de Savall, siempre con sus inseparables grupos acompañantes, Hesperion XXI y la Capella Reial de Catalunya. Ahora, por desgracia, ya sin la presencia de Montserrat Figueras, la gran vocalista desaparecida aún non hace tantos años.

Cita a no perderse, por tanto, y que se ha programado ya en otras ciudades españolas, o que lo seguirá haciendo (espero, deseo). Con la participación de artistas indígenas o mestizos, necesarios sin duda en este tipo de obras y montajes. Jordi Savall rompe otra vez los moldes rígidos del academicismo, lanza un órdago a la grande y con su rigor de siempre, ofrece luz y voz a culturas e historias a punto de extinguirse. Admiración sin límites hacia su figura, hacia su magna Obra. Gracias, Maestro.

Proximamente:

Miércoles 7 de marzo 2018
Jordi Savall. “Las rutas de la esclavitud”. Auditorio Kursaal.
Intérpretes: Jordi Savall (viola de gamba). Grupo Hesperion XXI. Capella Reial de Catalunya, y otros músicos africanos y de la diáspora.

NOTA

(1) Se publica también en estos dias conmemorativos del natalicio de VP, el libro “Después de vivir”, de Víctor Herrrero (Editorial Lumen, 552 páginas, 21.90 euros), biografía detallada de la inolvidable artista, con testimonios de quienes la conocieron de cerca, como su hijo Angel, por ejemplo.

Festival Dock of the Bay, Notable Cine Documental/Musical, Palmarés Sorprendente

San Sebastián, 6-13 enero 2018)
Eric Clapton, Marianne Faithfull, John Coltrane, Los Bravos, Maria Callas, Tony Palmer, Iggy Pop…

Los Jurados que otorgan los premios en los festivales de cine de San Sebastián no cesan de sorprendernos. En “Derechos Humanos”, en el Zinemaldia y ahora en “Dock of the Bay”, lo más discutible e incluso insulso fueron los premios otorgados por los “sabios” escogidos no se sabe bien cómo y por qué.

En un buen festival de cine documental musical como éste, seguramente el mejor (y de los pocos) que se celebran en Europa (dato confirmado por el invitado especial de este año, el crítico, escritor y cineasta británico Tony Palmer), la única nota discordante (al lado de alguna película infumable) es el palmarés oficial, decisión que roza el ridículo.

Otorgar el primer premio a una obra menor, por muy “vanguardista” que sea en su realización, como “If I think of Germany at night”, de Romuald Karmakar, deja entrever las carencias ideológicas del festival, a estas alturas de su historial. Como Peter Pan, el certamen no quiere crecer y prefiere seguir instalado en la inmadurez y el miedo a ser adulto. En consecuencia, los componentes del jurado se corresponden con estas premisas, y prefieren mirar al lado de la adolescencia y jugar a “epatar al burgués” (como se decía hace siglos), en lugar de juzgar con objetividad y sin apriorismo las obras presentadas.

 

 

Y es que esta edición del Dock parecía obsesionada con presentarnos con profusión machacona el estado de la escena “tecno” de los años 80 y 90 en media Europa.

La bastante pija y auto-suficiente de Francia en “French Touch”, donde solamente una banda y dos djs se salvan de una quema que incluso, al final del film, “goza” de la teorización pedante de un señor con canas y apajaritado que pretende hacernos creer que no hay nada mejor ni más profundo que esa música más bien vacua para delirio de los incansables bailongos del “after”.

 

 

Semejante comentario se puede aplicar a “I think of G…”, que, al menos, ofrece algún pequeño hallazgo técnico y creativo en las entrevistas realizadas, “mientras secuencias hipnóticas muestran lo que sucede en la pista de baile” (¡guau, qué interesante!).

Lástima ver a guap@s , inteligentes y simpáticos jóvenes y jóvenas en el ejercicio masturbatorio del individualismo y la exhibición voyerista. Si este es el nuevo “trance”, que venga los dioses de los “gnauas” marroquíes, los “griots” subsaharianos y los derviches turcos y lo vean. Alá y los Mesías han sido sustituidos ahora por el “skate”, el “break dance” y Armani. Amén.

 

 

La cinta “La Chana” (España-Islandia), de Lucíja Stojevic, consiguió llevarse el Premio del Público, y algún otro accésit. Decisión entendible, aunque en ella privan más las buenas intenciones y la empatía con el personaje que la calidad de su metraje.

La Chana es una figura del flamenco, hoy día completamente olvidada. Pero triunfó en medio mundo en los años 50 y siguientes del pasado siglo y estuvo a punto de dar el salto a Hollywood de la mano, nada menos, que el ilustre actor inglés, comediante y algo histriónico, Peter Sellers.

 

Faithfull

Menos mal que la mayor parte del programa del Dock discurría por otros derroteros. Los del buen cine o, al menos, interesante en sus premisas. “Faithfull”, de la francesa Sandrine Bonnaire fue, para quien esto escribe, el mejor film visto en el Zine Principal del distrito de “Lo Viejo” donostiarra.

Apasionante y apasionado retrato de la figura de la novia de Mick Jagger, amiga de Bob Dylan, hija de una condesa centroeuropea, ídolo “teen” en los 60 con la canción “As tears go by”, belleza deslumbrante, adicta a la heroína en los 80, años de vida en el “wall” y en la calle (okupa) londinense, intentos de suicidio, larga y dura desconexión, retorno a los escenarios convertida en señora sabia, elegante y con clase, reivindicando la vida y el amor en el tramo final de la película (y de su vida, por ahora).

Bonnaire se deja llevar por el carisma y la personalidad de Marianne, que mantiene el tipo y la mirada ante una cámara escrutadora, pretendiendo desvelar el secreto de la cantante y su más recóndita esencia. Irónica, deslumbrante, sincera, inocente o perversa según los casos, Marianne Faithfull sale reforzada de su tributo a los tiempos modernos del escaparate y la confesión.

Palmer

El ya mencionado Toni Palmer presentó, in situ, cuatro obras de su filmografía: “All you need is love” será un gozo para los amantes de la “década prodigiosa” inglesa (1963-1973). Desfilan en ella los absolutamente grandes John Lennon, Paul McCartney, Donovan, Eric Burdon, Frank Zappa y el inevitable Mick Jagger. “The Wigan Casino” es menos interesante, una mirada a la escena del baile de última hora en la Inglaterra cambiante de los 70.

“Callas”, por el contrario, nos acerca la figura, ya casi legendaria, de la soprano italiana Maria Callas, una de las mejores voces del “bel canto” de todas las época. Una fotografía oscura y algo deficiente lastran la realización de este más bien austero film.

Finalmente, “Ginger Baker en África” nos relata la aventura de este enorme batería, que participó en el supergrupo Cream y fue un pionero del descubrimiento europeo de alguna música africana. Pero el documental se detiene, ¡ay!, en un solo interminable de Ginger y deja de lado toda referencia apropiada, todo un contexto histórico y ambiental que hubiese sido de agradecer.

Y el resto

Del resto del amplio programa (20 filmes a ver), destacamos “Chasing Trane” (John Scheinfeld, 2016) aproximación empática a la personalidad de uno de los mejores saxos de la historia del jazz, John Coltrane. El autor de “Ascension”, “A love Supreme”, “Africa” y muchas otras “aes” es visto a través de los testimonios de Miles Davis, Dizzy Gillespie y Thelonius Monk.

 

 

“Black is black”, de Frank Parra, es la historia del grupo español (aunque en muchas de sus grabaciones figuraban músicos ingleses de estudio) Los Bravos, con su indomable solista Mike Kennedy al frente. Divertida peli de tiempos seguramente más inocentes, pero con el telón de fondo de una vida convulsa, independiente a tope y de tonos tristones, la del propio Mike.

Y dejo para el final la otra gran cinta del DOTB, “Eric Clapton in 12 bars”. Proyectada en San Sebastián el mismo día de su estreno mundial en Londres (un sobresaliente para el festival), es un detallado recorrido por la evolución personal y artística del mejor guitarrista de rock y aledaños (blues, acústico) de los últimos tiempos.

“Clapton is God”, se vino a escribir en los “grafiti” de la época. Pero su vida personal está repleta de desgracias: enamorado de Patty Boyd, esposa por entonces de su amigo George Harrison, inmersión profunda en la droga dura, primero, y en el alcohol después, padre destrozado por la muerte prematura de su querido hijo, solo un niño, y posterior desenganche y descubrimiento de la mejor vida posible: el amor, los amigos, la amplia familia, la música redescubierta. Happy end para una terrible historia.

 

 

Otros filmes: “American Valhalla” (Josh Homme y Andreas Neumann, 2017) formalmente muy brillante y vistosa realización sobre el punki-rockero-venido a menos Iggy Pop; “Marley” (Kevin MacDonald, 2012), didáctica y adecuada proyección especial para jóvenes estudiantes; y “The public image is Rotten” (Tabbert Philler, 2017), acerca de ese hiper-punki, John Podrido, que militó en los Sex Pistols y más tarde fue creador de PIL (Public Image Limited), hoy día superviviente musical con labia y determinación.

 

 

MARLEY – tráiler v.o.s.e (Estreno 29 de junio) from AVALON on Vimeo.

El Festival Celtic Connections de Glasgow llega a su 25 edición

Kate Rusby

 

Shaun Colvin, Kate Rusby, Cara Dillon…y Oumou Sangaré, luminarias destacables

El pasado jueves, dia 18 de enero se inició en la capital de Escocia, Glasgow, una nueva edición del más célebre certamen europeo, e invernal, de música popular, el Celtic Connections. Llega ahora a su 25 edición, y los organizadores están dispuestos a celebrarlo por todo lo alto.

Una gigantesca reunión de músicos, cantantes, grupos, productores, técnicos y auxiliares de todo tipo, lo que significa un magnífico esfuerzo de organización y coordinación, gracias todo ello a la Fundación del festival y a toda suerte de patrocinadores y “sponsors”.

El concierto inaugural no podía ser otro más que un espectáculo conmemorativo del evento. Una gran orquesta y múltiples solistas contribuyeron a la fiesta colectiva, a la que solo faltó la clásica tarta con velitas. Fue como un prólogo, un correr las cortinas de un evento que anima las frías calles de Glasgow en estas fechas gélidas y pasadas por aguanieve.

 

Cara Dillon

 

En el abigarrado y super extenso calendario del CC, cuyas sesiones se prolongan hasta el 5 de febrero, figuran, en primera plana, los nombres de famosas cantautoras y “folk women singers” anglosajonas, a saber: la maravillosa Shaun Colvin, la no menos admirable Kate Rusby, la excelsa Cara Dillon y la más localista, pero no por ello menos interesante, Julie Fowlis. Además, habrá un muy justo y oportuno homenaje a la canadiense Joni Mitchell, la autora de “Blue”, “Both sides now” y tantos otros notables temas, ahora en tiempo de dificultades médicas y de salud personal.

Habrá más jornadas de tributo: al recientemente desaparecido rocker estadounidense Tom Petty (recordado igualmente por su continua presencia, en unión de su grupo los Heartbreakers, al lado de Bob Dylan). Y el segundo de estos homenajes multitudinarios será para el añorado Johnny Cash, con ocasión del 50 aniversario histórico de la edición de su disco favorito, “Folsom Prison Blues”. En esta ocasión, será un viejo amigo y admirador suyo, Dale Watson quien estará en primera fila del reconocimiento público hacia la figura del “man in black”.

 

Tannahill Weavers

 

Los músicos y grupos escoceses de ayer y hoy tienen un puesto fundamental en el programa del CC, como no podía ser menos: bandas como la de los legendarios Tannahill Weavers estarán al lado de grupos más recientes: Old Blind Dogs, Shoogenitfly. Además, los británicos se suman al “party”: el “fiddler” (violinista) más cachondo de las Islas, Dave Swarbrick, el primero de ellos. Y, por si fuera poco, el gran Aly Bain, de las islas Shetland, en unión del no menos divertido acordeonista, Phil Cunningham.

 

Oumou Sangare – foto realizada por Ed Alcock

 

No se olvida el CC de las músicas del mundo más ardientes y actuales: la extraordinaria cantante de Mali, Oumou Sangaré, ganadora de todos los premios de los años habidos y por haber, iluminará a su manera cadenciosa y brillante las sesiones en el Royal Central Hall, teatro-sede central del certamen. Igualmente, Vieux Farka Touré, continuador de la memorable saga iniciada por su progenitor, Ali Farka Touré. Por fin, ritmos cálidos y caribeños a cargo de la Orquesta Juan de Marcos Afro Cuban.

 

Le Vent du Norde – foto realizada por Stephane Najman

 

Luar Na Lubre

 

De tierras canadienses, vertiente francófona, vendrá el animoso grupo Le Vent du Nord. Y de los parajes celtas hispano-ibéricos, dos exponentes de lujo: el veterano grupo pontevedrés Luar Na Lubre, de gira mundial estos mismos días, en recuerdo de sus propios 25 años de existencia; y el “trikitilari” (acordeonista) vasco Xabi Aburruzaga, que lleva una carrera tan ascendente como aún promisoria.

Finalmente, figuras históricas, aún en su relativa modestia, del folk británico, aportarán sus granitos de arena: el venerable Dick Gaughan, garganta gangosa de las Tierras Altas; Dougie McLean, fino song-writer de larga trayectoria y John Martyn, guitarrista de altos vuelos y exquisita técnica.

Y también, por no hacer mucho más larga la lista: los irlandeses Lúnasa, Martin Simpson, Ducan Chisholm, The Poozies, The Levellers…y las amplias sesiones transatlánticas en las que músicos europeos y norteamericanos colaboran entre sí. ¿Hay quien dé más en casi un mes?