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La etapa Gospel de Bob Dylan

Bob Dylan – Trouble no more (Columbia Records)

A la altura de l978-1980, Bob Dylan atravesaba una grave crisis personal, ocasionada por el doloroso (y costoso) divorcio de su gran musa de los años 60, la anterior modelo de la revista erótica Playboy, Sara Lowdnes, la mujer que inspiró joyas musicales y ardientes profesiones de amor de parte de Mr. Tambourine man (“If not for you”, “Sarah”, “Wedding son”). El álbum de 1974, “Blood on the tracks” documentó con especial sentimiento de pérdida y dolor esta situación de la pareja (“Fuimos unos buenos padres, pero no supimos ser un buen matrimonio”, confesaría más tarde el autor de “Blowin’ in the wind”).

Confuso y aturdido, desquiciado y deprimido, el creador de Minnesota se entregó con furor al trabajo artístico, como no podía ser menos en un autor de su categoría. “Street legal” fue un disco esotérico y volcánico, donde el tarot y la cábala insuflaban algún alivio al amante desesperado. Pero no fue hasta la conexión con alguna pequeña comunidad evangélica de California, a través de su amiga de la compañía discográfica CBS, Mary Alice Artes (“Covenant woman”), cuando Mr. Bobert Zimermann (recordemos, de familia y religión judía, procedente de Duluth, en el Iron Range del Medio Oeste) abrazó sin reparos la fe cristiana, y el descubrimiento de Jesús Salvador como único y exclusivo leit motiv de su redención.

Una trilogía de discos (“la etapa góspel de Dylan”), ilustra a la perfección este camino de penitencia hacia la Gracia divina: “Slow train coming”, “Shot of love” y “Saved”. Los dos primeros eludieron el fundamentalismo militante para entroncar directamente con una de las tradiciones más notables de la cultura afro-americana, en absoluto ajena al más joven y seminal Bobby Dylan de su primer álbum homónimo (1962). Allí encontrábamos ya temas como “Gospel plow” o “Fixin´to die”, del más puro estilo “spiritual blues”.

Nunca abandonó Dylan esa vertiente anti-materialista del folk (Woody Guthrie es su otro gran mentor en los primeros tiempos). Pero la profesión iluminada de conversión de los últimos 70 es otra cosa: un arrebato rotundo, sin fisuras, una declaración absoluta de vasallaje a Jesús de Nazaret. Sus conciertos “live” de esta etapa, desde Toronto hasta San Diego pasando por el Earls’ Court londinense, recogidos con profusión en este “Trouble no more” (ocho CDs y un DVD), muestran a un “entertainer” inspirado y en trance, deseoso de mostrar y defender con fiereza y firmeza su Buena Nueva. “Salvado, por la fuerza de la Cruz”.

Una gran banda de acompañamiento (Fred Tackett, guitarra de resonancias stonianas, eclesial órgano Hammond a cargo de Spooner Oldham, bajo funky de Tim Drummond, Jim Keltner a la bateria y un apoteósico coro femenino de voces rutilantes, lastimosas y chillonas (Clydie King, Madelaine Quebec, Carolyne Dennis) contribuyen al milagro de hacer audible y asimilable un mensaje más bien indigesto y estomagante. Dylan se lo cree, y nos hace creer a nosotros a través del único canal que nos interesa: un sonido perteneciente a lo mejor del histórico “góspel” de Alabama y Misisipi, al rock and roll que viene del más afroamericano “rhythm and blues” (Little Richard, Chuck Berry), y al funk machacante y reiterativo deudor de James Brown y Sly Stone.

Gran música para ser oída en los años 80, especialmente al calor del “directo”. Hoy, estos conciertos repletos de fuego y de azufre, quedan como testimonio de una época turbulenta, quejumbrosa, inconformista de Bob Dylan. Puro Dylan, pues, aunque con envoltorio pegajoso y a veces reiterativo (se repite incesante, al comienzo de casi cada álbum, la declaración de intenciones del Maestro: “Un lento tren se acerca, a la vuelta de la esquina”. “Tienes que servir a alguien, ya sea al Lord o al Diablo”. Aun así, cuatro o cinco pinceladas del penúltimo Premio Nobel de Literatura, nos remiten a lo mejor de su extraordinaria e inacabable trayectoria: “What can I do for you”, “Lenny Bruce”, “Pressing on” y, sobre todo, “Caribbean wind“ y “Every grain of sand” son joyas que ni el mayor de los desmadres confesionales pueden hacer olvidar, menos aún ningunear.

En las tiendas, un CD doble significa el resumen de esta borrachera de luz y sonido que supone esta nueva entrega de las “Bootleg series” (que recientemente bucearon en las legendarias “The Basement Tapes” de la Big Pink con The Band; la gestación pormenorizada de la trilogía “Bringin it al back home”, “Highway 61 Revisited” y “Blonde on Blonde”, el Dylan majestuoso y anfetamínico del 64-66. Y también la nueva revisión del “Self Portrait” uno de los vinilos más injustamente vituperados de la historia del rock (“¿Qué es esta mierda”, saludó en su día el inefable crítico Greil Marcus).

Ahora, “Trouble no more”, en tiempos de incredulidad y descreimiento, viene a advertirnos de que no todo está perdido en las tenebrosas tinieblas del Mal. Dios eterno y su Hijo en la Tierra puede ser una Verdad absoluta o simplemente una metáfora alegórica, una senda hacia la salida personal. Dylan encontró ese resquicio y pronto volvería a lo secular y a lo más humano. Le costaría una década de decadencia pero volvería por sus fueros en “Oh, Mercy”, “Time out of mind”, “Modern times”, “Tempest” y en el más reciente y conmovedor “Triplicate”.

Festival de Fes de la Cultura Sufí, Música espiritual en busca del centro de gravedad permanente

 

Los textos inalterables de Halladj, de Ibn Arabi, de Rumi, de Shustari, de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, o “El Cantar de los Cantares” me producen siempre una profunda emoción” (Moulay Idriss Mdaghri Alaoui, presidente de la Asociación Fès-Saiss)

“…Abdelkader Al Jilani, Attar, Rumi y otros muchos forman parte de nuestra historia contemporánea, cuyas enseñanzas y obras permanecen como rastros vivientes hasta nuestros días, en ese largo recorrido que va desde el Magreb al Aqsa (el extremo occidental : Marruecos) hasta el Lejano Oriente, y en particular la India, tierra de re-encuentros de todas las grandes espiritualidades…. Esa cultura del sufismo será el ‘humus’ sobre el que se producirán obras literarias, poéticas, artísticas, filosóficas…

A este viaje, que es al mismo tiempo geográfico, cultural y simbólico al que nos invita, en su décimo aniversario, el Festival de Fes de la Cultura Sufí” (Faouzi Skali, presidente del Festival).

A las cuatro de la tarde del 14 de octubre del presente año tenía lugar en la bellísima Medersa Bou Inania (escuela coránica) la inauguración oficial del X Festival de la Cultura Sufí. Poco después, media hora más tarde, se celebraba la primera de una larga serie de conferencias y mesas redondas en torno al tema convocado: “El sufismo al encuentro de las Sabidurías del Mundo”. Y, en concreto, esta primera charla dedicada a “El sufismo y el paradigma andaluz”.

A las 20:30 horas del mismo día abría sus puertas el paradisíaco jardín Jnan Sbil para abrigar el primer concierto musical del certamen. Se trata de un “Homenaje a Al Shustari: alientos del Amor Divino, de Marruecos a la India”. Fue un encuentro original e inédito entre la gran diva bangladesí Farida Parveen y el “Ensemble de los cantos de Saaman, Fes”, bajo la dirección artística de Abdellah Ouazzani.

 

Farida Parveen – foto de archivo

 

Otras 7 jornadas similares tuvieron lugar en fechas sucesivas, con conferencias tan atractivas a priori como las tituladas “Rumi, Attar e Ibn Arabi: las vías espirituales de la civilización del Islam”, “La espiritualidad como arte de vivir”, “El lugar del sufismo en la cultura árabe contemporánea”, “Sufismo, arte y poesía”, “El sufismo, un patrimonio vivo”, “Culturas sufís del Asia Central”, “El movimiento mogol, sufismo en la India”, “Rumi, o la religión del amor: poética del camino espiritual”** y, finalmente, “ ¿Se puede enseñar hoy día el sufismo en tanto que movimiento cultural?”.

Entre los conferenciantes, profesores universitarios, estudiosos, eruditos y conocedores profundos movimiento y la filosofía mística sufí, así como de los conocimientos de las religiones comparadas. Nombres tan relevantes como los de los franceses Edgar Morin y Françoise Altan, el marroquí Mohammed Chekaouri, el británico Andres Harvey, los norteamericanos Courtney Erwynn, Omid Safi y Katherine Marshall, la nigerina Salamatou Sow…y tantos otros.

Sonidos Verticales

Momentos memorables del certamen musical fueron la doble presencia de la gran estrella de la canción Farida Parveen, el recital del afgano Ustad Daud Khan, la admirable prestación de la excelente cantante india Bhavena Kandadui, y, por encima de todo y de todos, la espectacular y demoledora exhibición de la Tariqa Naqshbandi, de Turquía, un sublime arrebato de exaltación en trance, allí donde la expresión corporal accede a un grado máximo de comunicación con la Divinidad.

 

Ustad Daud Khan – foto de archivo

 

Con la incorporación de los “Derviches danzantes”, el espectáculo colectivo y masivo se transforma en un “show” en toda la regla, donde cuerpo y alma confluyen en la expresión artística llamada música sufí, paradigma de una dimensión religiosa, soterrada a veces pero cotidiana en el seno de los pueblos del Cercano Oriente, siempre en búsqueda íntima de un “centro de gravedad permanente”, punto de equilibrio vital, como ya intuía y perseguía, a su manera occidental, el gran cantante siciliano Franco Battiato.

** Rumi, el enorme poeta clásico persa, gran amor oculto de la mejor cantante árabe de todos los tiempos, la inolvidable Um Kulthum (también conocida como Om Kalsum).

Más es menos, 14 Festival de Cine Europeo de Sevilla

 

La revisión documental y esperpéntica de la Transición a la democracia (“Histeria de España”, de Kikol Grau) y “Nico”, con Trine Dyrholm, lo más salvable de un festival ambicioso pero venido a menos.

Hasta 15 secciones diferentes (¿para qué tantas?) componían el abigarrado y ambicioso programa general de la 14 edición del festival de Cine Europeo de Sevilla. Entre tantas y tantas películas (hasta 15 o más al día, en proyecciones simultáneas que se solapan unas a otras), muy poco salvable y saludable. Mucha paja y poco trigo. Mucho ruido y pocas nueces. O lo que es lo mismo, “más es menos”. Querer y no poder.

 

“Barbara” de Mathieu Amalic

 

Por ejemplo, entre los 17 filmes a competición dentro de la sección oficial, nuestra retina retiene finalmente muy poca cosa. A saber: “Barbara”, de Mathieu Amalic, “antibiopic” de la legendaria cantante francesa del mismo nombre; “El taller de escritura”, de Laurent Cantet, cine político lejos de consignas mononeuronales (ja, ja); “Western”, de Valeska Grisebach (“Nostalgia”), que no es lo que dice el título, sino una aproximada descripción de la “ley del más fuerte” que se impone ahora en esa Europa descreída de sus supuestos valores de tolerancia y admisión de los parias del mundo…

 

 

La española “Tierra firme”, de Carlos Masques Marcet, exhibe una primera hora admirable y promisoria, sustentada sobre todo en las notables interpretaciones de Natalina Tena y Oona Chaplin, pero pronto descubre sus viciosas trampas: un guion machacón y reiterativo hasta decir basta, un planteamiento sin resolución, un rizar el rizo sin venir a cuento. La historia de amistad y lesbianismo de dos inteligentes mujeres, la presencia de un macho semental (pero simpático) dispuesto a ser papá sin comerlo ni beberlo…la media hora final es insufrible y echa por tierra todo el castillo anterior bien construido. Director y trio actoral se gustan mucho a sí mismos y no saben poner punto final donde hubiese sido mucho más eficaz y comedido. Una lástima.

 

 

La cinta ganadora del festival “A fábrica de nada”, del portugués Pedro Pinho, previo premio Ficespri (premio de la crítica internacional) del último festival de Cannes, es una bienintencionada y algo seca descripción de la nueva lucha obrera en el seno de una empresa cuyos directivos roban maquinaria y material de la propia entidad. Corrupción empresarial al canto, asunto sin duda candente, previsible y recurrente de cara a la galería, y de ahí quizás el reconocimiento ofrecido en el palmarés.

 

 

Fuera de concurso

Lo mejor de la semana sevillana (gran, luminosa y moderna ciudad sustentada en valores tradicionales, el rancio patriotismo nacional católico, el amor a unas raíces tradicionales musicales, entre el flamenco jondo y el flamenquito de sevillanas y olé, y la bonhomía mayoritaria de sus conciudadanos, por no hablar de las riquísimas y generosas “tapas”, al calor de una buena manzanilla o al frescor reparador de una rica cervecita bien tirada), llegó de la sección “Resistencias”.

En concreto de los documentales “Histeria de España” (“gran corrida patriótica”) y “La Transacción: un recorrido audiovisual”), concienzuda, sesuda, combativa y sarcástica recopilación de películas españolas malditas o a punto de serlo, en la negra noche del franquismo y en sus postreros y demenciales arrebatos (que llegan hasta nuestros días). Una desmitificación ardiente, necesaria, irreverente y clarividente de la tan alabada (por algunos próceres) Gran Transición Española a la Democracia, ejemplo y espejo donde se deben mirar otros regímenes autoritarios/dictatoriales. Ja, ja, ja…

Entre los 22 “bravos realizadores” que torean, investigan o contribuyen al invento, figuran gentes como María Cañas, Andrés Duque o Manolo Vázquez, y sobre todo, se valora la recuperación de imágenes impagables de obras como “Caudillo”, “Los santos inocentes” o “El sur” (y muchas más, hasta sobrepasar largamente el centenar), siempre recorrido por el espíritu bien presente de cineastas como Basilio Martin Patino, Carlos Saura, Víctor Erice, Chus Gutiérrez, Iciar Bollaín, Jordi Grau o Joaquin Jordá, entre una multitud)

“Radiografía de la historia/histeria reciente, espejo negro cañí, cadáver exquisito que concentra la sangre, el sudor (las lágrimas) y la caspa de la piel de toro, y por el que desfilan desde El Fary hasta Rita Barberá, se habla de temas como el independentismo, y hay fútbol, tortilla y safaris, entre mil cosas nuestras más” (Kikol Grau). “Españolito que vienes al mundo…te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón (Antonio Machado).

Y Nico

De las películas “fuera de concurso”, retenemos, sobre todo, “Nico, 1988”, de la realizadora estadounidense Susanna Nichiarelli, retrato de la ex-musa del ilustre grupo de la escena punk rock de Nueva York en los últimos años 60 del pasado (sí, pasado) siglo XX : la Velvet Underground. Banda donde también figuraban el inefable Lou Reed y el no menos conspicuo John Cale, todos ellos bajo la atenta mirada del rupturista y muy avispado Andy Warhol desde su fábrica de sueños/dólares The Factory..

 

 

La cinta, afortunadamente, no se centra en aquella época, sino en la situación psicológicamente terminal de la persona Nico, cuando intentó lanzar su carrera musical en solitario, con una propuesta personal, auténtica y sincera que le llevó a construir canciones de una extraña intensidad, sensibilidad a flor de piel y poesía furiosa y rotunda. Eso es lo que documenta el film, apoyado en la asombrosa interpretación de Trine Dyrholm (“Celebration”, “La comuna”). Tribulaciones, tristezas y alguna pausa feliz de una mujer extraordinaria, con un pasado familiar turbulento y un desenlace que tampoco podía ser muy risueño. No happy end.

El Festival de Sevilla, finalmente, ofreció una suerte de homenaje a la figura de la actriz malagueña Kiti Mánver, una de las muchas “chicas Almodóvar”, y protagonista femenina de filmes como “Habla, mudita”, “Todo por la pasta” o “Pagafantas”y partícipe asimismo en más de 70 telefilms y obras de teatro. Tributo merecido, sin duda, pero que, ¡hay!, no vino acompañada por la proyección de su mejor trabajo, el último film de su largo currículo.

P.S. Esta crónica está dedicada al “atento” director del Festival, Cienfuegos, y al no menos “amable” equipo de prensa del mismo, que me otorgaron toda clase de felicidades (facilidades) para realizar este trabajo, ordenador gratuito incluido. Thank you for nothing.

Festival de cine de San Sebastián 2017, Entre El Cielo y El Suelo

 

Una pobre selección a concurso no hace olvidar los grandes logros del certamen: el ciclo Joseph Losey y los premios Donostia (Darín, Varda, Belucci)

No pasará ciertamente a la gran historia del festival, pero la 65 edición del Zinemaldia contuvo suficientes elementos paralelos de calidad e interés como para considerar a 2017 como un buen año, sin más, en el devenir del evento.

 

The disaster artist

 

La selección oficial de películas a concurso fue más bien deficiente. Apenas un par de títulos o tres se salvaron del olvido. Entre ellas, ciertamente, la película que, a la postre, resultaría ser merecidamente la Concha de Oro, “The disaster artist”, divertida y amena historia sobre el rodaje de “The room”, considerada una de las peores películas de Hollywood, “el ciudadano Kane de las malas películas”. Dirigida por James Franco, actor (“Spider man”) y realizador (“Bukowski”), “The disaster” supuso un soplo de aire fresco y aliviante dentro de una adocenada y trivial, más bien aburrida, colección de obras menores.

 

 

También se salvaron de ese mencionado “disaster” títulos como la argentina “Alanis” de Anahí Berneri (Concha de Plata a la directora más destacada, y a la mejor actriz, Sofía Gala, compartida ésta con Anne Gruwez por “So help me God”), historia cotidiana de una prostituta callejera, con todo su dolor, su miseria y su dignidad; “El autor”, del español Manuel Martin Cuenca (“La flaqueza del bolchevique”), que se inicia con una prometedora y aleccionadora media hora y luego se va diluyendo como azucarillo en su sucesión de “gags” intermitentes, previsibles e inocuos; o, finalmente, la contribución vasca al certamen, “Handia”, de Jon Garaño, (premio especial del Jurado), una estéticamente cuidada y simbólica reflexión sobre una anécdota simple acerca del “hombre más alto del mundo”, surgido de un caserío tradicional.

 

Submergence

 

La película que abrió la semana, la esperada “Submergence” (“Inmersión”) del admirable autor alemán Wim Wenders supuso algo más que una notable decepción: la constatación de cómo la industria de las coproducciones internacionales puede arruinar el discurso personal y genuino de un gran artista (“Paris-Texas”, “El cielo sobre Berlín”… “Buena Vista Social Club”).

Inexplicable Concha de Plata al actor rumano Bogdan Dumitrache, por la aburrida y cinematográficamente plana “Pororoca”, mientras que “el mejor guión” fue a parar a las manos de los argentinos-brasileños Diego Lerrman y María Meira, por la muy irregular “Una especie de familia”.

Por su parte, el premio del Jurado a la mejor fotografía (un Jurado presidido por el excelso John Malkovich y con la presencia, entre otros, de la actriz Emma Suárez y del guionista Jorge Gerricaechevarría), recayó en la recurrente película alemana “El capitán”, historia de una patrulla militar nazi en tiempos de derrota final, descomposición y venganzas personales.

Los Premios Donostia

Habitualmente destinados a reconocer la trayectoria profesional, incluso personal, de las gentes del cine internacional, su designación depende en muchos casos de la posibilidad de que los galardonados pueden estar presentes en Donostia en las fechas precisas. Es un escaparate de cara a la proyección global del certamen, así como un “guiño” al siempre bien recibido (por los medios) “glamour”.

Este año, las menciones estuvieron bien seleccionadas y escogidas. Por orden de aparición, el primer premio Donostia recayó en la figura del actor y director argentino Ricardo Darin (“La señal”, “Nieve negra”), cuyos méritos profesionales están más que justificados en su larguísimo “curriculum” actoril. Títulos como “Nueve reinas”, “El hjijo de la novia”, “El secreto de sus ojos” y, más recientemente, “Un cuento chino”, “Truman”, “Relatos salvajes” y la actual “La cordillera”, entre otros muchos, jalonan una calidad interpretativa pocas veces cuestionada. “Todos los personajes que interpreta parece que hubieran sido escritos especialmente para él y solo para su interpretación…Darín transparenta al personaje que encarna. Le sentimos, nos emociona”, ha escrito el director cántabro Manuel Gutiérrez Aragón.

El caso de la realizadora francesa Agnes Varda es verdaderamente particular, y ha sido muy encomiable que el Zinemaldia se haya fijado en su figura. Nacida en Bruselas pero vecina de Paris desde 1951, Varda es una de las mejores documentalistas de la historia del cine. Comenzó como fotógrafa, alcanzando cierto renombre, pero fue su paso al cine lo que la encumbró pronto, hasta recibir el apodo un tanto humorístico de la “abuela de la nouvelle vague”. Casada con el ya fallecido Jacques Demy, en la amplia filmografía de Varda figuran titulos indispensables como “Cleo de 5 a 7”, “Panteras negras”, “La felicidad”, “Sin techo ni ley”, y la más divulgada en España, “Los espigadores y la espigadora”.

Finalmente, Mónica Bellucci. La actriz italiana, de extraordinaria belleza (digna sucesora de las mega-stars Sofia Loren, Claudia Cardinale, Gina Lollogribida), ha demostrado también ser una notable actriz. Entre sus trabajos: “Drácula de Coppola”, “Cleopatra”, la deplorable “Irreversible” (sin duda un borrón en su carrera el haber aceptado trabajado en este film hiper machista de Gaspar Noé), “Bajo sospecha”, la saga “Matrix”, “La pasión de Cristo” (donde hizo la Maria Magdalena), “El país de las maravillas” y la reciente “On the milky road”, de Emir Kusturica.

Mónica lució su lindo palmito por las calles de Donostia, pero no tanto como fans, diletantes, cazadores de autógrafos y “paparazzi” hubieran deseado. Su estancia fue más bien corta y se dejó ver poco. Es lo que tienen algunas estrellas rutilantes: una agenda excesiva.

EL gran Joseph Losey

En cuanto a cine, cine, más cine por favor, no hubo más ni mejor que el correspondiente al “Ciclo Joseph Losey”, casi exhaustiva y memorable retrospectiva (32 largometrajes y 6 cortos) dedicada al director norteamericano (La Crosse, Wisconsin, 1909), pero cuya mejor y más amplia obra se desarrolló en Europa (se instaló en Londres en 1950), ante la imposibilidad de trabajar en su propio país, señalado y perseguido como “peligroso” comunista por el Comité de Actividades Antiamericanas. La famosa “caza de brujas” del ultra-reaccionario senador Joe McCarthy (años 50).

Figura de culto en los años del “cine de arte y ensayo” (sic), las obras más famosas y divulgadas de Losey proceden de esa larga etapa: la “década prodigiosa” de los años 60 y sucesivos de reflexión, madurez y posterior recogida de velas y retirada al terreno del ostracismo, en el que todavía se encuentra su obra (felizmente truncada ahora por esta excelentísima recuperación de gran parte de sus “opus”).

La etapa inglesa de Losey (más o menos relacionada con la aparición del movimiento del “free cinema”, el de Karel Reisz, Lindsay Anderson, el dramaturgo Harold Pinter, el actor Tom Courtney, el también director Ralph Richardson), está trufada de grandes títulos. No tan solo los aclamados masivamente “El sirviente” (1963), “El criminal” (1960) y “Accidente”(1967), trilogía magistral sobre las dominaciones de clase social, humillación y perversión, el poder del sexo y del dinero…) sino también otros títulos menos trascendentes pero igualmente tocados por la magia de la creatividad: “Estos son los condenados” (1962), “Modesty Blaise” (1966), “Eva (1962)”, “Rey y Patria” (1964), hasta desembocar en la admirable y algo metafisica “Caza humana” (“Figures in a landscape”, 1970).

Para ese tiempo, el ya muy reconocido Losey se dispersa y pierde algo de su vigor social y de su combate político. Pero tiene aún arrestos para derribar tabúes en “El asesinato de Trostky” (1972), “Una inglesa romántica” (1975), “Galileo” (1975), “Don Giovanni” y otros muchos proyectos que cayeron en el olvido por falta de financiación. A pesar de sus éxitos, Losey siempre fue siempre un director “maldito”.

Festival de jazz de San Sebastián – Jazzaldia 2017

Cinco días parecen, en principio, ser pocos días para desarrollar en plenitud un ambicioso y detallista festival de jazz, o de cualquiera otra actividad musical y/o artística.

El Jazzaldia 2017 demostró que, en tan breve espacio de tiempo, se puede ofrecer un panorama amplio y variado de la situación del jazz mundial. Solo hace falta que en esa “manita” de jornadas no haya prácticamente un momento de respiro, un espacio para la reflexión y el recuento.

Pasados unos cuantos días, madurada la opinión, se ilumina el inventario, se separa el oro de la ganga, se vislumbra el factor perdurable y el que tan solo fue pasajero, fulgor de un breve momento.

Las estrellas luminosas – Wayner Shorter, Brian Ferry, Macy Gray brillan con luz propia

En la retina y en el recuerdo de esta 52 edición del Jazzaldia quedarán para nosotros algunos nombres propios, estrellas luminosas en el firmamento de las húmedas noches donostiarras.

 

Wayne Shorter

 

Wayne Shorter Quartet

Abrió el certamen, y esa ya fue toda una declaración de principios de parte de la organización del evento. Jazz en estado puro para que no haya lugar a confusiones. Este sigue siendo, esencialmente, un acontecimiento fiel a sus esencias, a sus principios, por más que, lógicamente, los tiempos hayan cambiado y los conceptos y campos musicales hayan abierto y expandido sus fronteras.

El saxo Wayne Shorter es leyenda viva del jazz contemporáneo, y sigue demostrando cada día el porqué. Acompañado de terceto de lujo (Danilo Pérez, piano; John Patitucci, contrabajo y Brian Blade, batería), Shorter irrumpió en el hasta entonces impávido auditorio del Kursaal con fuerza descomunal, tórrida cascada sonora, fuerza vital de la naturaleza.

Ninguna sorpresa, eso sí, y recurrente repertorio, si se quiere, pero si el jazz actual es algo, es esto. Pese a su veteranía, Shorter no regatea esfuerzo, ni evade su responsabilidad de visionario ni se limita a cubrir el expediente. Si no es la taza de té de todo el mundo (un sonido a veces áspero,en ocasiones, caótico), no se le puede negar su maestría ni su técnica, no depurada, sino lo siguiente.

Un entusiasta y siempre excesivo/exultante Carlos Boyero comentaba, medio en broma, medio en serio, a la salida del recinto: “¿Mejor músico del siglo XX ? Ni Bob Dylan, ni Leonard Cohen…Wayne Shorter”. Si él lo dice…

Brian Ferry

Bryan Ferry © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

La elegancia y espectacularidad del mejor pop-rock, entendido como fenómeno de masas de nuestros días. Deslumbrente puesta en escena, inigualable luminotecnia escénica, para un sonido tan rotundo como matizado. Chapeau para los técnicos de la mesa de mezcla. ¡Qué brillantez, que claridad, que sencilla complejidad! Y la voz de los recordados Roxy Music en su total madurez vitalista.

Sobrio de comportamiento gestual, pero expresivo a tope solo con su presencia, carismática a más no poder. Repertorio entre el pop, el soul, el ritmo y blues, la balada. Referencias dylanescas, cómo no, en un homenaje inevitable de quien ya cantara con éxito “A hard rain’s a gonna fall”. Ahora fue una escondida pero no menos real “A simple twist of fate”, creo recordar, de aquel magistral album “Blood on the tracks”..

.Brian finalizó, sin despeinarse como siempre, con el lennoniano “Jealous guy”, tras haber transitado por terrenos de la Tamla Motowm, el medio “country” de las praderas anglo-americanas y el primigenio rock and roll: “Let’s stick together”. Casi un prodigio total.

Macy Gray

Macy Gray © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

Desbordante ritmo y blues de nuevo cuño, donde tiene cabida el clasicismo del género, pero también el fresco soplo de las nuevas expresiones hip hoperas.

Actriz y cantante, sin llegar nunca a una Etta James ni mucho menos a una Aretha, Macy demuestra tener la lección bien aprendida y se conoce los trucos del género y del “show business”: saca a escena a su pequeño hijito danzarín, que hace las delicias del público con su “tap dance” y su señuelo de orgullo racial. Por si queda alguna duda de lo que propone Gray, su “bis” final lo dice todo:”What a wonderful world”. Louis Armstrong, “Satchmo”, estuvo en el comienzo de todo esto y también en el inicio de un cierto conformismo estético y social.

Gray puso la simpatía imbatible, la alegría de vivir y un punto de guiño político: “¿Qué es lo mas bonito del mundo? -se dirigió al personal- ¿El dinero? ¿El amor? El sexo?,” y, entre aullidos finales, la respuesta correcta: “La libertad”. Ohhhhh ¡¡¡¡

El Resto – Herbie Hancock, Abdullah Ibrahim y Gregory Porter ofrecen sólidos recitales

 

Abdullah Ibrahim © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

En un programa tan amplio y abigarrado como el de Jazz Donostia 2017, solamente podemos dejar constancia de algunos nombres y conciertos, ante la imposibilidad de tratar todos y cada uno de ellos como si de una crónica diaria se tratase.

Asi, el Herbie Hancock Quintet, con su desparrame electro-funky, desbordamiento sónico y alarde virtuoso no exento de cierta auto-complacencia. El teclista de cien aventuras y mil artilugios no ha sido nunca amigo de melodías fáciles, improvisaciones aleatorias ni facilidades mayores para un público “menos entendío”. En San Sebastián hizo honor a tales premisas.

Abdullah Ibrahim y Terence Blanchard. Otro pianista, de origen sudafricano (Dollar Brand, aka A. Ibrahim) se muestra mucho más cercano a nuestra sensibilidad. Sin nada que envidiar a nadie, se muestra cercano, cálido y glorioso por momentos. El trompetista Terence Blanchard, que sustituyó en las semanas previas a un convaleciente Hugh Masekela responde con gusto y le hace los honores. Gran concierto.

Kamasi Washington, Terence Blanchard y Joe Lovano, vientos en popa

Kamasi Washington © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

La voz (masculina) más importante del jazz actual“. Así rezaba la promoción de Gregory Porter y así se hizo valer. Preciosa tesitura vocal, timbres delicados, sinuosidades estilísticas, Porter sigue la senda de los mejores y los más clásicos de su porte (perdón por el chiste fácil). Kamasi pertenece ya a la saga inacabable de majestuosos saxos de la historia del jazz. En una tierra de saxos, él se aproxima ya a la cima.

 


Charles Lloyd Premio Donostiako Jazzaldia Saria © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

 

Hubo otros egregios representantes del más sexy de los instrumentos sonoros: Joe Lovano, inmaculado como siempre; Ray Gelato, resultón y entrañable. Y, por supuesto Charles Lloyd, muy merecido Premio Donostia de este año, quien, al frente de su cuarteto, dejó testimonio de por qué está considerado uno de los “absolutamente grandes”, que diría desde las ondas populares el legendario e inmarchitable Gonzalo Garciapelayo en los años 70. Una larga historia contempla a Lloyd, ya sea al lado de Keith Jarrett o Jack DeJohnette o bien al frente de sus múltiples experiencias individuales y colectivas.

Flecos Euskaldunes y otros – Iñaki Salvador, Elena Setién, meritorios flecos vascos

 

Elena Setién © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia_2017

 

El jazz (o aledaños) euskaldun/vasco tuvo representación genuina. Iñaki Salvador es ya, a estas alturas, un músico no ya a considerar, sino a reconsiderar. Madurez artística sin tapujos, humildad a prueba de divos y otras hierbas, Salvador hizo esta vez su homenaje particular al legendario Thelonious Monk, y lo realizó con espíritu encomiable, fé y fidelidad al maestro.

Hubo otros tributos en un año de especiales dedicatorias. Deborah Carter recordó los 100 años del nacimiento de la inmensa Ella Fitzgerald, inigualable por muchos siglos que pasen. Chris Kase Sextet hizo la propio con otro centenario ilustre, Dizzy Gillespie. Y el también vasco Mikel Andueza se atrevió nada menos que con los “50 años del nacimiento de John Coltrane”. Ahí es nada.

Una agradable sorpresa y en cierta manera un descubrimiento para muchos fue la “premiere” en estamento jazzístico de Elena Setien, con su concierto matutino en el siempre abarrotado Museo de San Telmo: “Dreaming of Earthly things” fue un cautivador concierto de una figura en ciernes que habrá de confirmar la alternativa.

Quedan muchas cosas en el tintero virtual del espacio y del tiempo: la banda rockera Pretenders, con la espléndida e histórica Chrissie Hynde al frente; Robert Glasper Experiment, Hiromi, Gabacho Maroc, Chano Dominguez, Stefano Bollani y, lo más insólito de todo, el grupo de cámara Arfolia Libra, una curiosa (aunque aún verde) aproximación a espacios a priori tan diferentes como Michael Nyman, J.S.Bach, el Kronos Quartet y otras eximias e inclasificables, benditas ellas, nuevas sonoridades.

Foto de cabecera: Herbie Hancock © Lolo Vasco, Heineken Jazzaldia 2017

Las músicas “gnauas” de Esauira cumplen 20 años

Hindi Zahra, una estrella en ciernes

Veinte años son muchos para cualquier clase de acontecimiento cultural, y si se trata de un festival de músicas llamémoslas minoritarias tiene aún mucho más mérito. El certamen autotitulado de “las músicas gnauas y sonidos del mundo”, que se celebra en la preciosa localidad marroquí de Esauira, en la costa atlántica, a escasos 200 kilómetros de la gran ciudad imperial e histórica de Marrakech, ha logrado acceder a tal cifra mágica, esa que solamente cumplen las convocatorias más célebres del mundo cultural (por ejemplo, los festivales de jazz de Montreux, La Haya o San Sebastián; los de sonidos “folk” de Cambridge, Lorient o Glasgow-Celtic Connections; o los de cine de Berlín, Cannes y Venecia (por no citar una vez más al de San Sebastián).

Nueva edición, pues, en la mítica Esauira (el enclave legendario encontrado por marinos, pescadores y comerciantes portugueses y conocido entonces con el nombre de Mogador). Y, como siempre, un desparrame de vitalidad, coloridos y buenas músicas del alma y del corazón, esas que a veces no requieren de grandes alardes técnicos, pero que beben en las fuentes de la autenticidad y la tradición bien entendida.

Entre los cuatro días de celebraciones colectivas, manifestaciones callejeras de ritmo, percusión y baile, conciertos aquí y allá (desde el miércoles 31 de junio hasta el sábado 1 de julio), un espectacular recital de la marroquí-francesa Hindi Zahra sirvió para revelarnos que estamos en la presencia de una gran estrella internacional, superado ya con creces el “status” de figura local.

 

 

Con una tesitura vocal tan sutil a veces como enérgica en otras, con su admirable puesta en escena, con marchamo de diva, Hindi, habitual rockera sin tapujos, se acercó en esta ocasión a la sonoridad y compañía de los “maâlem”, colectivos “gnaua” por excelencia, sin perder por ello un ápice de su personalidad, a caballo entre Amy Winehouse, Edith Piaf, Billie Holiday e incluso la magrebí de leyenda (argelina) Cheikha Rimitti. Om Kalzum, la recordada diosa egipcia, tampoco anda espiritualmente muy lejos. O, por citar referencias más actuales, la maliense Oumou Sangaré, luminaria del año, o Fatoumata Diawara.

Si todo ello parece acrítico y desmesurado, esperemos a que pasen tres, cinco o diez años, y así podremos comprobar si Zahra alcanza el mismo limbo prodigioso de las leyendas que hemos citado. Dentro del mundo marroquí, Zahra es una voz de poderosa personalidad, a pesar de su insultante juventud. En ella se depositan las esencias ancestrales de una expresión sonora que viene de muy lejos y se proyecta al firmamento de un futuro providencial y exquisito. Hacía falta una figura así en el contexto musical nor-africano.

 

Ismael Lô

 

El resto de nombres de Esauira 2017 no es que desentonase, sino que se situó en un discreto segundo nivel. El mejor de todos ellos fue el senegalés Ismael Lô, con su canción honda y a veces “jonda”, su espíritu universalista, solidario y combativo, su estilo sobrio, humanista, sencillo, atractivo e impactante. Ismael siempre es un valor seguro.

El zaireño Ray Lema nos tuvo en vilo, por si venía o no venía. Al final, lo hizo y resolvió su actuación con una faena de aliño, siempre bordeando los límites de un ritmo desenfrenado y las habituales referencias “funk” y orquestales de la música congoleña y aledaños.

La banda Gnawa Difusion se marcó un concierto de más de tres horas de duración, terminando a las tantas de la madrugada, en uno de los cinco escenarios del festival, situado éste al borde de la mar, y, por tanto, con una brisa acariciante de fondo, que se agradecía bastante en las calurosas jornadas veraniegas del Marruecos-costa. Buen grupo, sin duda, que abrió y cerró su “set” con su grito de salutación, guerra de paz y despedida fraternal: “Salam Alekum!!! “. Entrega sin desmayo y comunicación a tope con el joven personal asistente son siempre sus señas de identidad (recuerdo emocionado a Juan Goytisolo).

 

Lucky Peterson

 

El norteamericano Lucky Peterson y el brasileño Carlinhos Brown fueron, para quien desliza esta crónica, las pequeñas / grandes decepciones del abigarrado, largo fin de semana. Uno por su recurrente y nada imprevista sesión de jazz-blues, y el segundo por su ya excesivamente cansino despliegue de abalorios extra musicales. Sin duda, Carlinhos tiene su público, y sabe alentarlo, pero parece ya un tanto fuera de la onda vanguardista que pretendía representar no hace aún tanto tiempo.

Pero el gran atractivo de este festival de Esauira, que reivindica el aspecto más negro, místico y misterioso de la música africana actual, procedente de las antiguas caravanas de esclavos de Mali, Niger y Sudán, se aprecia en las calles y plazas de esta mágica ciudad. Allí se vive todos los años, y ya van 20 seguidos, un evento que congrega a una minoría, punta de lanza intelectual europea, que sigue los pasos mitificados que en si día trazaron, más o menos cerca de aquí, gentes como el escritor y musicólogo recolector estadounidense Paul Bowles (“El cielo protector”), el guitarrista sublime Jimi Hendrix o el también desgarrado Rolling Stone, Brian Jones, fallecido tras investigar las músicas bereberes de Yayuka (Jajouka) y las montañas del Atlas.

En resumen, un hermoso y entrañable encuentro que, temporada tras temporada, ha ido manteniendo la llama (a veces un tanto corrompida y comercializada) de la Gran Música Negra Africana, esa que utilizó después Lester Bowie para sus excelsos inventos en el Art Ensemble of Chicago.

Olatz Zugasti: Disco, recital, confesiones “estoy buscando una canción…”

Olatz Zugasti

La compañera de Benito Lertxundi edita su quinto disco y da el gran salto en los escenarios vascos

Intérpretes: Olatz Zugasti (voz, arpa, teclados, guitarra acústica, letras, músicas, programación); Ander Ederra (guitarras acústica y eléctrica); Joanes Ederra (bajo eléctrico); David Gorospe (batería).
Escenario: Teatro Leidor, Tolosa (Guipúzcoa)
Fecha: 24 de marzo, 2017.

Olatz Zugasti (Hernani, 1965) ha dado el gran salto. Conocida ya por sus cuatro discos anteriores (1), y, sobre todo, por el acompañamiento fiel, dedicado y decidido al “Bardo de Orio”, Benito Lertxundi, desde hace muchos, muchos años, trabajos discográficos y decenas de recitales en directo, ahora, empujada por su propia vocación y alentada por su hija Gratxina, ha emprendido el camino de la emancipación artística y de la madurez absoluta como creadora, compositora, letrista e intérprete en directo. “Si no las canto al público, ¿para qué hago estas canciones?”, se ha preguntado Olatz a sí misma con toda propiedad.

El resultado ha sido, es y será fascinante. Estrenó su quinto disco, este “Ur goiena, ur barrena…” en el teatro de los Campos Elíseos, de Bilbao, en noviembre de 2015, seguido de otros recitales en el Victoria Eugenia donostiarra, en Durango, Bayona, y su propia localidad natal, en diciembre del citado año.

Ahora, una segunda tanda de presentaciones, le ha llevado a Tolosa y a Urretxu, en sendos recitales similares y en cierta forma diferentes, por la propia personalidad de los entornos: el más urbano de una gran ciudad, y el más rural de una pequeña localidad próxima a Zumárraga y a la hermosísima región del Goierri, repleta de bellezas naturales.

En Tolosa, cuatro o cinco centenares de espectadores pudieron asistir a una suerte de embrujo colectivo, presidido por una pequeña “sorcière” de alto alcance. La cantante/arpista se ha transformado, por arte de pura alquimia, en una figura de primera magnitud en el panorama de la música popular vasca, valga decir igualmente universal, en el sentido en que el buen arte atraviesa fronteras y límites materiales.

Varias sorpresas ofrece ahora Olatz Zugasti en directo sobre un escenario: la primera, la presencia absolutamente fascinante de su figura, en principio apegada a su arpa céltica, pero pronto ampliada en otros formatos sonoros : teclados (ya consabidos) y…oh, maravilla, la guitarra acústica, de la que no conocíamos su maestría. Así, Olatz amplia su paleta de recursos y colores, siempre sustentada por una voz tan personal y rica como (nuevamente) embrujadora, y por el apoyo de un trío instrumental de preciso sonido, eclécticas formas y formulaciones altamente estéticas.

Y, por momentos, recordamos sus muchos pinitos anteriores en las sendas de las tradiciones sonoras célticas, ancestrales o modernizantes (el arpa es el símbolo de esa Irlanda tan querida por la intérprete, y, por otra parte, la influencia positiva de la excelsa Enya ha estado bien presente en su obra en los pasados años).

Pero ahora añadimos nuevas referencias: con su acústica bien afinada y de orientación folk, Olatz se acerca a las creaciones de dos figuras tan admiradas y solventes de los últimos 30 o 40 años como Suzanne Vega (la autora de “Luka” y otra docena de maravillas, a quien Olatz admira profundamente) y de toda una leyenda como la canadiense Joni Mitchell, la creadora de “Both sides now”, “Blue” y tantas piezas de inspiración “californiana”. Y a través de ellas, Olatz llega incluso a las proximidades de un sonido folk-rock que le viene como anillo al dedo en las ocasiones necesarias en que un recital debe abrir nuevas perspectivas. Incluso en la pose semi-rockera, se aprecia un gran cambio en su entrega.

Con los recitales, Zugasti da buena cuenta de su repertorio actual, basado en el material del cd citado. Tras una introducción al arpa, y bajo los focos de una envolvente, sugerente atmósfera de luces, que hacen más atractiva aún su figura, comienza el rosario de canciones, todas ellas destacables por un motivo u otro, cuando no por varios.

“Agur eta ohore”, letra de Olatz, música sobre una melodía tradicional irlandesa adaptada por Brendan Graham, se estrenó en Orio, 2014, con motivo de la fiesta-carrera popular Kilometroak, organizada por la ikastola de la localidad. Es un tema de salutación al público que se ha acercado al recital: “Bienvenidos a nuestra orilla”, se dice en el texto. La canción tradicional fue utilizada como sintonía en el programa “Big music week”, de la Irish RTV. “Una canción de amor a la isla Esmeralda, en tiempos de dificultades”.

“Bizitza ederra da”, también del ultimo cd, dice así, en palabras de su autora : “Aún escucho tus bonitas palabras que, como un eco, intentan ensordecerme…La vida es bella, déjame llegar a la fuente de mis deseos…La naturaleza me enseña a tomar conciencia de lo que soy, y que cada uno vive en su propia actitud”.

“Mezularia” es otra música de B. Graham: “Inspirada en mi hija Gratxina, la letra surgió cuando la escuché a ella interpretar al piano el “Nocturno”, de Chopin”, confiesa O.Z. “La referencia al “vuelo del aguilucho es porque anteriormente Gratxina pertenecía al club de remo de Orio y ese es el apodo que se les da a los remeros: los “aguiluchos”. También Benito Lertxundi les ofreció un homenaje en el tema “Mirotzak:”Escucho que llevas la semilla del todo, que en tí habitan las estrellas, el sur y el mediodía…”

“Ur goiena, ur barrera…”, que da título al disco, está basada en un tema tradicional, arreglado por Olatz. “Es una canción recogida en Urdiáin, Navarra, por el antropólogo y folklorista Resurrección María de Azkue, y que se sigue cantando para dar la bienvenida al Nuevo Año. Es como un un rito ancestral en torno al agua como elemento purificador y sanador. Hay bellas imágenes literarias de la naturaleza en invierno en este bucólico paraje vasco”, dice Zugasti. “El Año Nuevo nos hará mejores…En las heladas, repletas de nieve, largas noches del invierno, mientras la gente duerme calentita en sus camas, pobres de nosotros, vamos descalzos…Que la paz entre en esta casa, trayendo quietud y fuerza, bienestar y salud…El Nuevo Año nos hará mejores”…Uno, en este punto, no puede dejar de recordar a la también canadiense en su gran álbum “(Canciones) para ahuyentar el crudo invierno” (2)

“Gau Hotzenean ere”, letra popular, música de Olatz, viene inspirada en la narración histórica “Pedro Mari”, del escritor Arturo Campion. “El prota de la historia decide huir a América, ante la perspectiva de la guerra entre Francia y España (guerra de la “Independencia”, sic), puesto que está obligado a luchar contra familiares y amigos, que viven al otro lado del monte Izpegui. En el viaje hasta Cádiz, donde espera embarcar, el objetor es apresado durante una redada y aunque es navarro y está legalmente exento de participar en la contienda, es reclutado…por la fuerza, claro está”. Una historia aleccionadora, tan vieja y tan actual como el propio mundo.

“Bakean ala otzandua” es una contribución poética al disco y una pincelada de cotidianeidad “Como los sueños en tu memoria / cae la lluvia por la ventana / Tratas de sonreír mientras te maquillas delante del espejo /como todas las mañanas…”. Una melodía envolvente, acariciante embellece y ennoblece un texto no por sencillo menos evocador.

“Americara noa” pertenece al terreno de las grandes creaciones nostálgicas y emotivas. Olatz la ha interpretado decenas de veces al lado de B. Lertxundi, quien la incluyó en su “Pazko gaierdi ondua”, disco crepuscular donde los haya. Son unos versos de Pello Mari Otaño, que intenta describir el dolor infinito de la separación familiar, de la emigración no deseada (“I pity the poor inmigrant”, dijo el oráculo en “Johnn Wesley Harding”). “Un hijo marcha a América en busca de un mundo mejor y se despide de sus padres…”· La música, de una tristeza cósmica, no hace sino remarcar la angustia del momento.
“Sena”. La faceta más lírica: “Saber que vaya donde vaya tu estás ahí / sentir que mi espíritu se fortalece a cada paso… Podré conocer ríos, montañas, grandes ciudades con puertos, pero eres tú quien camina conmigo / el que me enriquece aún cuando se pierda la luz… ¿cómo no detectar las trampas, estando tú ahí…”. El feminismo militante anti hombre queda denunciado aquí en toda su amplitud. El enfoque de esta nueva mujer (que, por fortuna, se va imponiendo cada vez más) es el de un humanismo femenino, uno que comparte, alimenta, apoya la relación de dos, manteniendo su integridad, su combate, la autonomía de mujer violentada, despreciada y objetualizada por los siglos de los siglos.

“Itxaropen kantua”, letra tradicional, música de O. “Es un tema para grabar en un próximo disco, seguramente” -señala su autora-. “No embrujarás mi mente con palabras vacías, ni ocultarás tu violencia con cantos de paz…”. Aviso para navegantes, y advertencia para quien quiera escuchar. El armisticio con un pueblo no se hace a base de “concesiones”, sino reconociendo su identidad propia, respetándola, incluso alentándola. Lo demás son cuentos.

“Bat, biga, hirun…”, o sea, “Uno, dos, tres…” se incluye en el nuevo álbum. Hermosa melodía, poema delicado, texto revelador y escéptico una vez más: “(Asistimos a)una competición a ver quién dice la frase más hermosa, en la alegre fiesta del absurdo, cercados por lo mismo de siempre…hasta hacer entrar a todos en una densa niebla de vana esperanza…”

“Azkenean Kaymandu” pertenece a un álbum anterior de Olatz, concretamente al de 2002, “Elearen Lainoa”. Es un texto de Zugasti inspirado en un escrito del alpinista Juanjo San Sebastián, quien cayó en una grieta escalando el Himalaya y pasó varias horas allí dentro, antes de ser rescatado por su amigo Atxo Apellániz. Habla de los pensamientos que le vinieron a la mente en esa dramática situación, la imagen de su amiga Miriam García, aventurera y deportista, que había fallecido a causa de una avalancha montañera…

De ese mismo trabajo discográfico, se ha recuperado “Serriketan Barna”, texto del mítico vate Itxaro Borda musicado por la polifacética artista. Es, simplemente, una canción de amor. Nada más, nada menos.
Volvemos al contenido de “Ur goiena…” con “Joko Arauan”.Fluye así : “Todas las pequeñas agresiones no son más que parte de una agresión principal… ¿acaso el reglamento impuesto -léase, las leyes- y la agresión no son la misma cosa para nosotros?…Cuando quieran debatir de derechos, de cantos de sirenas, aléjate y disfruta de nuestro hermoso paisaje”. Olatz en su faceta más política, alegórica, descreída de las verdades oficiales para Euskal Herria (País Vasco).

“Isilpeko atea” cierra el disco y abre una nueva ventana a la reflexión amorosa : “Déjame ahora decir adiós a cada beso que no me diste, déjame decir adiós a lo que fue y pudo haber sido, y a lo que pasó…Apareciste como un duende ante mis ojos, que nada esperaban; ahora eres un regalo que me ha sido arrebatado, el recuerdo del querer y no poder…Descansaríamos al calor del fuego y en el embrujo de nuestros viejos cuentos y canciones, y nos daríamos cuenta de qué difícil es hacer historia mirando al pasado…”. No más comentarios; a buen entendedor…

“Itoiz” es una música popular a la que ha añadido la poetisa un texto bastante desgarrador: “Las manos de Itoiz / heridas por la injuria / nubes negras en el cielo / y una plegaria en los labios… Ay, nuestra higuera / tu generosa sombra /lecho de dolor / ahogada en la negación… Ay nuestro viejo huerto / alce el vuelo / junto con el halcón / Tu llanto que emerge de lo más profundo / Nubes negras en el cielo / Y una plegaria en los labios”. Para quien no quiera recordar, para quien quiera olvidar…

El escritor y periodista Pako Aristi es el autor de las palabras de “Biizitzaren baitatik”, a las que Olatz ha puesto cauce melódico. Prosiguen las ofensas y las reivindicaciones terrenales: “Ningún dios nos eligió / no hemos tenido que ganarnos su compasión…No es la vida la que pasa a diario / sino nosotros los que pasamos a través de la vida / sin provocar ningún espasmo a la eternidad / buscando el día en el que olvidamos que, en nuestra Nada, somos el Universo”.

El recital de Olatz Zugasti en Tolosa finalizó con “Sorgikeran galdu”, nueva creación sobre base tradicional. “Figurará seguramente en mi próxima grabación -atestigua-. Es un estilo musical muy “swing manuche” que me sirve para presentar a los músicos durante mis conciertos en directo… Esperas algo (el amor, sin ir más lejos, y por ejemplo) y acabas embrujado por algo diferente, que también está bien; lo importante es la actitud”.

En los consabidos y reclamados “bises”, OZ encara “Bizirik Gaudelako”, letra y música gentileza del “irish man” Brendan Graham. El poema “Isle of hope, isle of tears” es adaptado al euskara por Olatz, quien lo incluyó en su cd “Gau hotzenean ere”. Es una canción de amor de la escuela pública vasca (ikastola) al pueblo de donde surgió, el mismo pueblo, la misma gente que, con gran esfuerzo, posibilitó en el pasado su aparición. “Aunque el principal objetivo, preservar la lengua propia, se ha alcanzado, permanecen otros objetivos que también deben ser logrados”.

Y “Kantu baten bila nabil”, del disco del mismo nombre, supone el segundo “bis” y echa el cierre a la hora y cuarenta minutos de magia. Declaración de principios final : “Explorando mi curiosidad adolescente, y mi naturaleza amable, ellos me enseñan a diferenciar lo correcto de lo equivocado…Estoy buscando un tesoro, estyo buscando un tesoro…En mis pasos, en mis palabras, en mi soledad…todo lo que tengo es limitado…Revelo lo que está escondido…estoy buscando una canción, estoy buscando una canción”.

La has encontrado, Olatz. Has encontrado muchas canciones. Tú, que vienes persiguiéndolas, y buscándolas con tenacidad inacabable, de curiosa adolescente, como dices tú misma. Has perseguido, descubierto canciones desde hace muchos años. Durante doce perseguiste canciones en tu programa radiofónico “Radio Kantuita” (Irratia Radio, 1994-2006), que tenía una sintonía (al menos, durante un largo tiempo, que uno sepa) a cargo del grupo femenino finés Värttina. Ya demostraste tener inquietudes, amplitud de miras, desde aquel ya lejano día. Después, tu vida al lado de tu mentor y maestro Benito Lertxundi te llevó al seno de su amplio y normalmente excelente grupo de acompañamiento. Allí te curtiste, allí te forjaste, allí aprendiste con el mejor catedrático.

Ahora (desde hace ya veinte años) todo eso sale a flote. Lo demostraste en Tolosa y en Urretxu (Urrechu) estos pasados días. Lo seguirás demostrando en el futuro. La nueva canción femenina (que no feminista combatiente) en euskera tiene en tí una adalid. El futuro te pertenece, nos pertenece a nosotros contigo, con vosotros. ¡Vamos a por él!.

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(1). Discografía de Olatz Zugasti : “Kantu baten bila nabil” (Elkar, 1991).”Bulun bulunka” (Elkar, 1998) disco dedicado a canciones y juegos infantiles, o, mejor dicho, con los niños como protagonistas centrales, incluido el coro infantil de la ikastola de Orio con el que finaliza el disco (ausente, ay, de los recitales actuales de Olatz). “Elearen Lainoa” (Elkar, 2002). “Gau Hotzenean ere (Elkar, 2010). “Ur goiena, ur barrena…” (Elkar, 2015)

(2) Loreena McKennitt. “To drive the cold winter away”(Quinlan Road Productions, 1987)

Borrachera de amor

Ficha técnica:

Bob Dylan – Triplicate (Columbia Records, 2017)

Intérpretes: Bob Dylan (voz), Tony Garnier (bajo), Charlie Sexton (guitarra), Donnie Herron (steel guitar), Dean Parks (guitarra), George Receli (batería). Producido por Jack Frost (alias Bob Dylan).

No uno sino tres discos, de una sola tacada, de parte de Mr. Tambourine Man para demostrarnos una vez más, por si hacía falta, que no solo es uno de los mejores cantantes de todos los tiempos (sí, señores escandalicensen, sí), sino que toda su obra, ya extensa de 76 años de edad, 55 de actividad artística, doscientos conciertos al año, cuarenta discos originales, otros tantos (o muchos más) de los llamados “piratas”, cientos y cientos de versiones de canciones propias o ajenas…en fin, con Dylan todo es desmesurado. Y por si fuera poco, para escarnio de ignorantes y advenedizos, Premio Nobel de Literatura. Ahí queda eso.

Pero datos y datos palidecen frente a la auténtica realidad. Todo la obra de Mr.Zimmermann, desde el primer surco de su primer disco hasta la última estría de este triple “Triplicate” (que quede claro) está recorrida por un solo sentimiento (eso sí, en sus múltiples, inacabables variantes): el amor. Amor por la vida, amor por la raza humana, amor por las mujeres, amor por su país y, sobre todo, amor por la música.

No de otra forma se puede entender esta borrachera de sentimientos desplegada en este álbum triple. Después de pasearse con genio y figura por todos los géneros de la música popular estadounidense, desde el folk primigenio y esencial de Woody Guthrie, hasta el “blues” de Robert Johnson y tantos otros, pasando por el gospel/espiritual de los Staple Singers (Mavis, uno de sus grandes amores), la “topical song”, la canción denuncia, el primer rock and roll, la generación “beat” de su amigo Allen Gingsberg, su complicidad complicada con la Queen Joan Baez, su magisterio folk-country con The Band…Blind Boy Grunt viene a decirnos que las grandes voces clásicas, los “crooners”(Bing Crosby, Frank Sinatra, Hoagey Carmichael, Mel Tormé, Tony Bennet, Jack Jones) también le pertenecen, son también su patrimonio.

 

Bob Dylan – Triplicate (vinilo)

 

Disco 1

“Til the sun goes down” marca la pauta de estas 30 nuevas canciones, porque, aun siendo viejas, D. las hace suyas, frescas, propias. Es un Dylan taciturno, romántico, nostálgico. Voz frágil, quebradiza, rota por momentos, que dará pábulo para que algunos listillos digan que a) no tiene voz, o b) que este señor no sabe cantar. Benditas sean las orejas de algunos. Títulos que lo dicen todo : “I could have told you” (arrepentido), “Once upon a time” (curioso…”like a rolling stone”), sereno, rememorativo, puro sonido años 30), el famoso “Stormy weather”, emoción a punto de estallar, “That old feeling” (te ví la pasada noche…cuando viniste, tuve ese viejo sentimiento), “My one and only one” (“pensar realmente en ti, me hace sentir bien), para acabar con un toque ligero, algo optimista y con la alegria del “swing” : “Trade Winds”

 

 

Disco 2

“Devil dolls”. Los peligros de la gloria, la belleza marchita, las luminarias engañosas. Muñecas diablesas, sean reales, imaginadas o ficticias. No puede faltar “As time goes by”, himno para “lovers” donde los haya. “P.S.I love you” (nada que ver con la canción del mismo nombre de The Beatles) : “toma de nuevo la pluma, y escribe…”, promesa de nuevas canciones que habrán de llegar, porque “lo mejor está aún por venir” -ya lo dijo también allá por 1969 en “New morning”-, “But beatiful”, “Here´s that rainy day”..fogonazos del lado más soleado de la calle, que también haylos…Algunos de estos temas, como “Braggin'” podian haber tenido cobijo también en “Love and theft”, álbum premonitorio del actual, al tiempo que “Xmas in the heart”.

Disco 3

“Comin´home late”. Quinto y último disco, por el momento, dedicado a la era pre-industrial, pre-voracidad capitalista, esos tiempos felices de la inocencia, de la sencilla vida familiar alrededor de una vieja Victrola. “Shadows in the night” y “Fallen angels”, los dos anteriores álbumes del aspirante a Carusso enseñaban ya la senda. Nadie puede llamarse a engaño con este Traveling Wilbury. “Day in, day out” es pura explosión de júbilo, mientras “Sentimental journey” habla del olvido; “Somewhere along the way” y “When the world was young” insisten en la nostalgia creativa, mientras la voz se desvanece. “These foolish things” nos recuerda eso, las cosas tontas y absurdas de la vida, a la que damos tanta importancia. “Stardust” es un clásico donde los haya, de Nino Tempo y April Stevens a las pelis del no menos romántcio Woody Allen. “Tiene gracia para todo el mundo, pero no para mí” marca el territorio que va de lo frívolo a lo grave, nuestro amigo no está para bromas. Para el último tema de la saga queda una pregunta : “Why I was born?”

Tú ¿qué crees, amigo. ? ¿Naciste para ser salvaje? (Steppenwolf). O ¿naciste para estar conmigo? O simplemente, naciste destinado a la gloria (de nuevo, Woody). Creo, Bob, que naciste para confundir a unos cuantos, arremeter contra otros tantos impíos, señores de la guerra, incurrir en contradicciones (humano al fin y al cabo). Y sobre todo, naciste para hacernos felices a otros muchos privilegiados.

 

Compra Triplicate

23 Edición del Festival “Musiques Sacrées Du Monde” De Fes (Marruecos)

Toumani Diabate, Vicente Amigo y Stelios Petrakis, puntos álgidos de un festival en transición.

Del 12 al 20 del pasado mes de mayo tuvo lugar en Fes, la capital espiritual y mística del Islam, una nueva celebración colectiva de las músicas llamadas “sagradas”, vale decir, sonoridades y expresiones que enlazan con los más profundos sentimientos religiosos (y muchas veces profanos) del individuo de cualquier parte del planeta.

Edición de transición, sin duda, no tanto por la escasez de primerísimas figuras del panorama global, cuanto por la dispersión de actos, la ausencia de una adecuada información y promoción de los conciertos y, sobre todo, la distancia elitista y separadora que sigue existiendo entre el “festival rico” (los grandes espectáculos en el impresionante palacio Bab Makina) y el “festival para la plebe”, en las abigarradas y multitudinarias plazas y zocos de la maravillosa ciudad antigua.

 

Jardines de Fes – Foto realizada por Alvaro Feito

 

Por fortuna, un nuevo espacio logró establecerse este año como idílico y paradisiaco lugar de encuentro para propuestas estéticas diversas, casi siempre atractivas. Se trata de los maravillosos jardines de Jnan Sbil, dignos de figurar en una antología de cuentos de las Mil y una noches. Recientemente rehabilitados, se trata de un conjunto de nueve jardines reputados por la variedad de sus especies botánicas y sus infraestructuras hidráulicas (molinos de rio, juegos de agua, canales, etc.). Un verdadero oasis de verdor y fragancias que vale por si solo la visita a la ciudad santa (si no tuviera ya de por si otra gran cantidad de reclamos naturales).

El agua y lo sagrado

El lema, o leit motiv de esta edición del FèsFest, giraba en torno a “el agua y lo sagrado”, sin duda en sintonía con la conciencia cada vez más arraigada de la importancia del líquido elemento en nuestra sociedad, especialmente aquellas más desfavorecidas y olvidadas de los mundos marginados y parias. Por otra parte, el agua, con sus connotaciones bíblicas de limpieza y regeneración, era un elemento particularmente atractivo en un certamen diferente como este.

Diversos espectáculos giraron en torno a esta idea, algunos, eso sí, cogidos por los pelos o solo tangencialmente relacionados. El entorno verdeante fue un símbolo otra vez más y se convirtió en verdadero protagonista por encima de sonidos más o menos exóticos.

 


Stelios Petrakis en Fes – Foto realizada por Alvaro Feito

 

La perfecta fusión de cuerpo y espíritu la proporcionó, por ejemplo, el cuarteto cretense Stelios Petrakis, procedente de la legendaria cultura clásica que iluminó con esplendor toda una civilización eterna. Intérprete de la ancestral lira, así como actual lutier, Stelios evoca una sonoridad majestuosa y un tiempo a la medida del hombre. El bailarín Thanassis Mavrokostas sale a la palestra de vez en cuando para transportarnos a un mundo más feliz, allí donde el cosmos se funde en un puñado de melodías y ritmos endiablados.

Sin duda, uno de los mayores descubrimientos de este año, el cd-dvd “Live in Heraklion Walls” se debería colocar en el frontispicio de la mejor música del mundo. Un prodigio de poesía cantada, de amor por la vida y de sensibilidad popular elevada a categoría de arte mayor.

Flamencos Varios

A priori, una de las propuestas más inquietantes del certamen de este año, era la recuperación del proyecto Songhai, que ya hace más de 30 años reunió al grupo andaluz Ketama y al maliense Toumani Diabate, “griot” y virtuoso de uno de los artilugios sonoros más especiales del acervo tradicional, esa kora, arpa laúd de 21 cuerdas y caja de resonancia de calabaza pura y dura.

Con la presencia de los tocaores y cantaores José Miguel Carmona y Juan Carmona, y del excelente bajista Javier Colina, así como voces femeninas de “jaleo” y animación, el concierto vino lastrado por algunas deficiencias técnicas de sonido, que no estuvo a la altura de lo deseado. En especial en esos momentos de “fusión”, que no merecieron el nombre de tal. Por encima de todo, la maestría, la humildad y el buen hacer de Toumani se elevó muy por encima del resto. Improvisaciones rocambolescas, arabescos preciosistas, escalas de gran dificultad: en las manos prodigiosas de Toumani todo brilla; fuera de ellas todo languidece.

 

Vicente Amigo en Fes – Foto realizada por Alvaro Feito

 

No se acabó aquí la contribución andaluza al legado “fasi”, del que tan orgullosos se sienten los actuales habitantes de la más prodigiosa Medina del mundo islámico. El guitarrista Vicente Amigo, ya proclamado el más directo sucesor del inigualable Paco de Lucía, entregó su candidatura al efecto. Tiene todas las condiciones artísticas necesarias para lograrlo, aunque humanamente parece estar aun lejos del Maestro. Comprometido con la prensa a realizar una pequeña entrevista tras el recital, y en especial con este corresponsal, Amigo no hizo honor a su apellido y se pegó la gran espantada, dejándonos con las ganas de conocerlo un poco mejor (aunque con tal proceder también se retrató).

Su recital fue bastante interesante, en especial en su primera parte solista: “Córdoba”, “Tangos del arco bajo”, “Autorretrato”, “Estación primavera”, “Siguirilla”, “Bulería”. La segunda mitad, acompañado por gran Orquesta Sinfónica, adoleció de los defectos habituales de tal fórmula, muy propicia para lo enfático, lo “trascendente” y lo híbrido. Planteada como homenaje al excelso poeta gaditano desaparecido, Rafael Alberti, no faltaron momentos de rara intensidad y sensibilidad a flor de piel. Fragmentos de libros como “Pleamar”, “Entre el clavel y la espada”…y homenajes del músico al vate: “Guajira”, “Poeta en el viento”, “El mar de tu sentir”… Sin duda un triunfo para el maestro de excelsas cualidades y regulares modales. (Gracias a Sylvie Publikart por su amable ayuda en desentrañar este complejo “set” de canciones).

“Soy autodidacta, y eso marca mucho”. Entrevista a Kepa Junkera

Uno de los artistas musicales más conocidos y aclamados tanto dentro como fuera de las fronteras ibéricas, Kepa Junkera es un intérprete sin parangón Tras editar álbumes de recorrido internacional (“Bilbao 00:00”, el más trascendente), Junkera viene de realizar una incursión por el mundo del folk español, partiendo de su propia identidad vasca, hasta enlazar y comunicarse con otras sonoridades tradicionales del Estado. Al mismo tiempo su gira en unión del juvenil grupo femenino de voces y percusiones Sorginak, promete tener eco allende sus propias fronteras nacionales, convirtiéndose en referencia indispensable del año.

Kepa Junkera habló de su dimensión más viajera y cosmopolita con Músicas Del Mundo. En sus respuestas, no deja lugar a la duda: la suya es una vocación al mismo tiempo tradicionalista y contemporánea, respetuosa con el pasado y comprometida con el futuro, abierta a mil y una sugerencias y encontronazos foráneos, así como recorrida por el amor a su patria vasca.

Músicas Del Mundo – Sigues recorriendo el mundo con tus “trikitixas” al hombro. Gozas descubriendo sonoridades del folk universal. ¿Cómo crees que se debe plantear hoy día el acercamiento a las músicas populares/tradicionales? Y, ¿hasta dónde es posible la inter-acción con otras culturas ajenas, lo que hasta hace bien poco se denominaba “fusión”?

Kepa Junkera.- Por suerte, sigo haciendo algo que me llena, que me motiva mucho….me siento muy a gusto y seguramente estoy en uno de los momentos más creativos de mi carrera…Para mí, lo interesante es partir de lo que tenemos en la Península y, a partir de ahí, crear. Me encanta arreglar, pensar en nuevos caminos, componer… Todo eso me apasiona.

Justo ahora acabo de terminar una producción que le he realizado a Josep Maria Ribelles, uno de los grandes arpistas catalanes, y he utilizado el mundo de la percusión en los dos proyectos con las Sorginak… También este año grabamos con “Samurai accordion”, que es un proyecto super interesante donde somos cinco acordeonistas de diatónico: Riccardo Tesi, Simone Bottaso, Markku Lepisto, Dave Munnelly…dos italianos un finlandés, un irlandés, y servidor…

También estoy con la tercera parte de Sorginak y otro proyecto que sacaré sobre “Los paisos catalans”…Dedico tiempo a estas actividades, donde la creatividad y la búsqueda de emociones es el hilo conductor. También hago colaboraciones tanto para discos como para directos, y esto es algo de lo que estoy muy orgulloso.

Kepa Junkera con Sorginak

Músicas Del Mundo – Te iniciaste muy joven en el mundo musical de las romerías, popular, de las expresiones sonoras más ancestrales y genuinas de Euskal Herria, Y hoy día, sin embargo, te has convertido en una referencia no tan local sino prácticamente universal. ¿Ha sido esta una evolución artística perseguida y deseada desde el principio de tu carrera, premeditada, o ha ido surgiendo por si sola, como una trayectoria natural y por otra parte, inevitable?

K.J.- Soy autodidacta y esto marca mucho…tuve la suerte de tener en mi familia esa transmisión…Le he metido muchas horas y mucha pasión a mi trabajo, vocación….no me han importado las modas ni el qué dirán…he tenido mucha suerte en escuchar a los grandes del acordeón. Que un grupo mítico como Oskorri se fijara en mí para colaborar con ellos, fue esencial.

Enseguida me di cuenta de que tenía que trabajar muy duro y no tener miedo a avanzar…por encima de críticas y alabanzas he sentido lo que me ocurría de una forma más personal…llevo casi 40 años en esto, que se dice pronto. Los sueños son parte fundamental de mi carácter.

Músicas Del Mundo – Kepa Junkera en 2017, en plena forma. ¿Cuál es tu agenda para los próximos meses? ¿Tienes algún otro proyecto discográfico en mente?

K.J,- Proyectos, un montón e ideas también, espero poder realizarlas todas y seguir contando con equipos tan maravillosos como los que he disfrutado en los pasados años.

Músicas Del Mundo – Finalmente, han entregado recientemente el premio Nobel de literatura a Bob Dylan, músico y cantante. ¿Cómo has visto esta concesión, la primera de su género a la música popular?¿Qué puede aportar la entrega de este premio a un poeta, músico, hombre de un millón de conciertos como Dylan?

K.J.- Ha sido una noticia que se ha comentado mucho. No me pareced bien ni mal, Bob Dylan será el mismo con premios Nobel o sin ellos.

Astor Piazzolla, por ejemplo, no sé si tiene premios de ese calibre o no, pero no creo que todo gire en torno a ellos. Con galardones o sin ellos, me sigue pareciendo un genio único.