Todas las entradas de: Juan Antonio Vázquez

Juan Antonio Vázquez dirige, junto con Araceli Tzigane, el programa
Mundofonías, que se emite en más de tres decenas de emisoras en Europa y América. También es colaborador de Radio Nacional de España. En las ondas de radio desde 1987 y en la prensa musical desde los primeros 90, ha pasado por innumerables medios y experiencias. Responsable del recopilatorio “
The Ultimate Guide to Spanish Folk
”, editado por ARC Music y de la “Pequeña guía de los instrumentos musicales del mundo”, publicada en colaboración con la Fundéu, con el asesoramiento de la Real Academia Española.

Peregrinos de la música: Womex 2014, Santiago de Compostela

Vista general de la feria WOMEX 2014 por Juan Antonio Vázquez
Vista general de la feria WOMEX 2014 por Juan Antonio Vázquez

 

El Womex (nos hemos acostumbrado a decirlo así, “el”, en masculino, aunque en realidad sea una “expo”) siempre es una experiencia intensa. Se dice la mayor feria y encuentro global de las músicas del mundo y con razón: artistas, agentes, promotores, programadores, disqueros, periodistas y demás fauna musical de los cuatro rincones del globo se encuentran en este multitudinario evento que cada vez tiene lugar en una diferente ciudad europea y en el que en esta ocasión se dieron cita más de 2400 delegados de todo el mundo. Y a la vez que se gestan giras, contratos y se programan actuaciones, grabaciones y publicaciones, también se disfruta del encuentro con gentes, músicas y culturas, fraguando y cultivando amistades y afinidades, a la vez que se asiste a situaciones curiosas e inesperadas como que, por simple vecindad de estands, acaben confraternizando e improvisando música juntos gentes de Portugal y Japón, o de Polonia y Brasil, por citar un par de ejemplos de lo que se ha desarrollado este año ante nuestros ojos.

 

Jitka Uranská en el estand checo por Juan Antonio Vázquez
Jitka Suranská en el estand checo por Juan Antonio Vázquez

 

El Womex celebró su 20ª edición, la de este 2014, entre los días 22 y 26 de octubre en Santiago de Compostela, punto final de históricas peregrinaciones… o punto y seguido, si prolongamos la caminada hasta el Atlántico, el ancestral fin del mundo que hoy en día es punto de partida de otros viajes hacia todo un abanico de culturas y continentes. El significado simbólico de Compostela no acaba ahí, ya que la propia presencia del Womex en tierras gallegas lo ubica en varios puntos de encuentro, además del de las peregrinaciones europeas y la proyección atlántica hacia América y África: también lo sitúa en la intersección de las grandes áreas culturales de la lusofonía y la hispanofonía, de los universos lingüísticos del (gallego-)portugués, con el que Galicia recobra día a día cada vez más conexiones y complicidades, y del castellano, las dos lenguas romances más globales.

 

Concierto inaugural de WOMEX 2014 por Juan Antonio Vázquez
Concierto inaugural de WOMEX 2014 por Juan Antonio Vázquez

 

La feria tuvo lugar en la Cidade da Cultura, el mastodóntico e inconcluso complejo de fascinante arquitectura pero desastrosos efectos sobre el erario público, nacido de la megalomanía del fallecido expresidente autonómico y exministro de la dictadura franquista Manuel Fraga. Durante las horas de la feria se celebraron sesiones de conferencias y debates, así como las actuaciones diurnas, reservadas únicamente a los delegados, entre las que tuvimos la oportunidad de ver, por ejemplo, la estupenda presentación del trío del laudista marroquí Driss el Maloumi.

Además de la feria durante el día, el Womex también es festival por la noche, abierto a los delegados presentes y también al público en general. Las distintas actuaciones se celebraron por distintos lugares del casco histórico, de la “cidade vella o velha” de Santiago, situándose los dos escenarios principales en la gran carpa ubicada en la Plaza de la Quintana, junto a la catedral.

En nuestro repaso a lo que vimos no podremos ni de lejos emular a Nick Hobbs y sus crónicas para fRoots, en las que reseña todas y cada una de las actuaciones que simultáneamente se desarrollan, lo cual requiere una excelente planificación y condición física (¡e incluso unos patines!) para poder asistir, al menos un ratito, a todos los conciertos. En nuestro caso nos centramos en dos parámetros a la hora de seleccionar los conciertos a los que acudimos: aquellos que a priori nos resultaban más interesantes y esas otras propuestas que no habíamos visto todavía en directo. A esos dos factores se sumó uno más: los imprevistos de la vida, como son los encuentros por las cantinas y tabernas de la ciudad con músicos y otros personajes, que a veces se prolongaron más de lo debido como para asistir a todas las actuaciones. Pero eso es también el Womex: la convivencia, el encuentro, el intercambio y la celebración.

 

Confraternización entre las Tierras de Miranda en Portugal y Okinawa en Japón por Juan Antonio Vázquez
Confraternización entre las Tierras de Miranda en Portugal y Okinawa en Japón por Juan Antonio Vázquez

 

La ceremonia de apertura, celebrada en el Auditorio de Galicia el 22 de octubre, tuvo sus altos y sus bajos. El formato escogido hizo que el espectáculo no tuviera una unidad ni un hilo conductor, quedando en conjunto un tanto deslavazado. Bajo el título de “Compostela – The roots, the way”, consistió en una sucesión de miniactuaciones de distintos artistas del ámbito ibérico, con amplia representación, como es lógico, de artistas gallegos, incluyendo también a Portugal, por su vinculación lingüística y cultural con Galicia, así como a las Islas Canarias, un tanto desplazadas del ámbito peninsular ibérico y de la influencia del Camino de Santiago, aunque también podrían considerarse una proyección, una prolongación de ese camino, que acabaría cruzando el Atlántico para encontrarse finalmente con América.

Le correspondió el papel de romper el hielo, tras los previsibles discursos oficiales, a Mercedes Peón, que puso en escena una propuesta incluso más radical que en otras ocasiones, con inclusión de afiladas guitarras eléctricas y estética oscura, donde su poderosa voz quedó un tanto sepultada ante la densidad sonora del conjunto. Le correspondió el turno, a continuación y en total contraste, al timplista canario Germán López, quien salió al escenario acompañado del espléndido guitarrista Antonio Toledo, propiciando un encuentro de cuerdas de tonalidades más intimistas y momentos de gran belleza.

Le tocó después al alentejano António Zambujo, haciendo gala de su espléndido timbre y su dominio vocal, aunque llegando un tanto a la caricatura en la hiperdramatización de sus interpretaciones. El flautista y saxofonista Jorge Pardo tomó el escenario con su trío a continuación. Acostumbrados a disfrutar de su música en inspiradísimas actuaciones, nos dejó un tanto fríos su paso por el Womex, donde, en su breve aparición, no pareció encontrarse demasiado suelto ni cómodo. Después apareció el gallego Xabier Díaz, acompañado de un nutrido número de “pandeireiras”, desgranando cantigas tradicionales gallegas en su estilo un tanto “soft”. Siguió la actuación de Oreka Tx, desde el País Vasco, con chalapartas tanto tradicionales como innovadoras, como la construida a base de piedras afinadas, ofreciendo una magnífica y vibrante actuación.

 

Oreka TX por Juan Antonio Vázquez
Oreka TX por Juan Antonio Vázquez

 

Finalmente apareció el gaitero Xosé Manuel Budiño, quien era el director musical de este concierto inaugural. Después de varios temas ejecutados con su banda, en la que destaca el violín de Begoña Riobó, magníficamente ejecutados, pero con un envoltorio folk-rock un tanto convencional, se fueron agregando los músicos que habían salido previamente para interpretar tres canciones a modo de finale multitudinario, que tampoco pasará a los anales de las apoteosis musicales.

Ya en las siguientes noches, entre los días 23 y 25, se celebraron las cerca de 50 actuaciones nocturnas que tuvieron lugar en los distintos escenarios. Al no haber conseguido, como comentábamos, la proeza de asistir a todas ellas, no podemos referirnos a interesantes conciertos de excelentes formaciones, como, entre otros, el de nuestros queridos Spiro, a los que no pudimos al coincidir con el concierto de Vołosi, por los que teníamos una especial curiosidad, u otros grupos que tenemos en gran estima, como Zoobazar, pero que ya habíamos visto en directo en diferentes ocasiones.

 

Vo_osi por Juan Antonio Vázquez
Vołosi por Juan Antonio Vázquez

 

Y ya que los mencionábamos, es de justicia destacar el concierto de los polacos Vołosi, quinteto de cuerdas que ofreció una dinámica e impetuosa actuación. Otro de los momentos memorables del Womex fue el aparentemente humilde concierto de Germán Díaz. Zanfonista y creador genial, el músico castellano afincado en Galicia, que desde hace tiempo ya es mucho más que simplemente el sobrino del gran folklorista Joaquín Díaz, presentó en directo su “Método cardiofónico” a la zanfona y otros cachivaches con manivela, en un concierto que rebosó de magia e inventiva. Ese mismo día, el jueves 23 de octubre, pudimos ver a los escoceses Rura, brillantes en su faceta instrumental pero menos interesantes en la cantada. Los chino-mongoles Ajinai ofrecieron un espectáculo que no pasaba de una propuesta festiva y saltarina con tintes exóticos, sin mucha más enjundia. Algo parecido a lo que ocurrió con los rusos de Otava Yo, que también resultaron francamente perjudicados por un mal sonido.

 

Germán Díaz por
Germán Díaz por Juan Antonio Vázquez

 

Rura  por Juan Antonio Vázquez
Rura por Juan Antonio Vázquez

 

Pasando a las actuaciones del viernes, pudimos disfrutar del poderío balcánico y fanfárrico de la Džambo Aguševi Orchestra. Nos sorprendió para bien la puesta en escena del congoleño Baloji, al cual no habíamos visto hasta ahora sobre el escenario y que demostró una enorme capacidad de cautivar al público. No menos cautivador, incluso más, fue la actuación del combinado etíope Ethiocolor que demostró su tremenda vitalidad y destreza en un espectáculo fascinante de música y danza que no dio apenas respiro y del que ya habíamos disfrutado en Pirineos Sur. Otra de las actuaciones destacadas que pudimos disfrutar ese día fue la del encuentro de músicos australianos y rayastaníes de Maru Tarang, que nos ofrecieron un interesantísimo y fluido diálogo de formas musicales.

 

Baloji por Paul Braeuer
Baloji por Paul Braeuer

 

Maru Tarang por Jacob Crawfurd
Maru Tarang por Jacob Crawfurd

 

Entre los conciertos del sábado hay que destacar la excelente actuación de los húngaros Söndörgő, que cumplieron todas las expectativas que teníamos depositadas en su destreza y virtuosismo, que conocíamos hasta ese momento solo por vía discográfica. Tribu Baharú, por su parte, ofreció un concierto muy vibrante y revelador, brindándonos su repertorio basado en la champeta colombiana, de tantas resonancias africanas. También vimos a la cantante israelí de origen etíope Ester Rada, que no podemos decir que nos haya aportado gran cosa en nuestras vidas, como tampoco lo hizo la actuación del gallego Davide Salvado, donde el talento parecía echarse a perder en una presentación excesivamente descuidada y azarosa.

Ya el domingo 26 de octubre tuvo lugar la clausura y entrega de premios, a la que no pudimos asistir porque, como dice la copla, ya íbamos haciendo falta en el sitio en que no estábamos. Los agraciados fueron la fadista Mariza, en el apartado artístico, el sello discográfico Glitterbeat y el músico y ministro de cultura caboverdiano Mário Lúcio, que obtuvo el galardón a la excelencia profesional.

Y así transcurrió nuestra experiencia en el Womex de Santiago de Compostela, felices nosotros también por lo que se refiere a nuestro programa radiofónico Mundofonías, que inicia este año su andadura como medio colaborador del encuentro global de músicas del mundo más importante. Mientras, vamos poniendo ya la mirada en Budapest, donde se celebrará la edición del próximo año.

Vídeos:

Oreka TX en el concierto de apertura:

 

 

Baloji:

ExiB Música: una cita latinoamericana en Bilbao

La Alhóndiga de Bilbao, sede del primer Exib Música - Foto: Juan Antonio Vázquez
La Alhóndiga de Bilbao, sede del primer Exib Música – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Este año ha comenzado su andadura ExiB Música, un encuentro profesional en torno a las músicas latinoamericanas cuya primera edición ha tenido lugar en la Alhóndiga de Bilbao entre los días 8 y 10 de mayo del 2014. Se trata, por tanto, de uno de estos eventos que se dirigen, por un lado, hacia los profesionales del mundo de la música (artistas, promotores, festivales, sellos discográficos, instituciones, periodistas…), pero también al público en general, a través de conciertos en directo, proyecciones, muestras de artes plásticas y otras actividades.

En el ámbito profesional tuvieron lugar una serie de coloquios, mesas de trabajo y clases magistrales relacionadas con los diversos aspectos de la música latinoamericana, incidiendo en sus posibilidades de proyección principalmente en el mercado europeo. También se habilitó un espacio donde se ubicaban los stands de los distintos expositores, que concurrieron este año en un número modesto, con la perspectiva de que la iniciativa vaya ganando en atractivo y poder de convocatoria en los próximos años.

Por lo que se refiere a las actuaciones en vivo, pudimos asistir a las de la segunda y tercera jornada de la convocatoria, con lo que no estuvimos en el concierto de apertura que tuvo lugar el 7 de mayo, el día previo a la inauguración de la feria, con la cantante argentina de ancestros vascos Silvia Iriondo y artistas del país, como Oreka TX, Kalakan y Kukai Dantza. Entre las actuaciones que nos perdimos el día 8 estaba la que suponía el lanzamiento como solista de una estupenda voz venezolana, cargada de arte y sabor popular, como es Betsayda Machado, quien en un futuro próximo editará su primer trabajo en solitario. Afortunadamente nos resarcimos viéndola cantar junto con los músicos que la acompañaban en la clase magistral que el día 10 impartió el guitarrista Aquiles Báez, en la cual disfrutamos desmenuzando los ritmos y formas populares venezolanas, tanto en la teoría como con las deliciosas ejemplificaciones musicales que nos ofrecieron los artistas allí presentes.

Volviendo al día 9, el día de nuestra llegada, ya por la mañana pudimos disfrutar con el estreno de “La ruta de las almas”, un interesante documental viajero conducido Pavel Urkiza que recorre las conexiones culturales y musicales entre América, África, Europa y el Mediterráneo. Tras la proyección, la banda del músico cubano instalado en España ofreció un breve concierto. También se proyectó “Sigo siendo”, de Javier Corcuera, un viaje por los mundos musicales del Perú.

Pavel_Urkiza, tras la proyección del documental La ruta de las almas - Foto: Juan Antonio Vázquez
Pavel_Urkiza, tras la proyección del documental La ruta de las almas – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

En la tarde de ese viernes nos topamos con el descubrimiento de un joven e interesante artista de Venezuela, país que, por cierto, tuvo una importante presencia: José Alejandro Delgado. Desde un estilo urbano y desenfadado destilaba poesía e ironía en sus composiciones en las que, sin complejos, recurría tanto a las formas musicales de su tierra como a otros elementos más propios del rock, el jazz o la canción de autor latinoamericana.

José Alejandro Delgado, desde Venezuela - Foto: Juan Antonio Vázquez
José Alejandro Delgado, desde Venezuela – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Otra de las actuaciones destacadas de ese día fue la del trío argentino Hierbacana, compuesto de tres cantoras, percusionistas y casi diría hechiceras, que nos hicieron viajar desde los cantos indígenas de distintas partes de Latinoamérica al mundo de los orishas y los rituales afroamericanos, pasando por encantadoras coplas populares y campesinas, trasladándonos en ocasiones también a otros continentes, como África, en un magnífico concierto en el que estuvieron acompañadas de otro chamán de las percusiones, como es Aleix Tobías, habitual de experiencias como Tactequeté o Coetus. Hierbacana traían debajo del brazo su nuevo y flamante segundo disco “Florece”.

 

Las argentinas Hierbacana nos ofrecieron uno de los conciertos más brillantes, con la presencia de Aleix Tobías - Foto: Juan Antonio Vázquez
Las argentinas Hierbacana nos ofrecieron uno de los conciertos más brillantes, con la presencia de Aleix Tobías – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

También fue el día de los vasco-gascones Xarnege, grupo que aúna intérpretes de los territorios que antiguamente recibieron el nombre de Vasconia: el País Vasco y la Gascuña. Sonidos fronterizos en el límite de esas tierras y también en las lindes de lo tradicional y lo experimental, lo acústico y lo a veces incluso chirriante, con cantos en euskera y en gascón, y una presencia escénica muy vigorosa, aunque algunos problemas con el sonido deslucieron un tanto la actuación.

 

Xarnege, explotando al máximo el potencial sonoro de los instrumentos tradicionales - Foto: Juan Antonio Vázquez
Xarnege, explotando al máximo el potencial sonoro de los instrumentos tradicionales – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Esas fueron las actuaciones que más disfrutamos ese 9 de mayo, el mismo día en que, entre otras actuaciones, el proyecto de Cuban Sound Project nos trajo un acercamiento a la música cubana competente pero sin sorpresas ni grandes aportaciones.

Al día siguiente destacó la actuación de la aragonesa Carmen París. Había quien se preguntaba dónde quedaba el elemento “jota” en su música, pero estaba presente en los modos al cantar y en la elección del repertorio, eso sí, muy tamizado de jazz, como corresponde a su último trabajo “Ejazz con jota”. Carmen se manejó con gracia y desparpajo delante del público e hizo buen uso de su artillería vocal, dejando encantado al respetable.

 

Carmen París destiló arrojo y salero - Foto: Juan Antonio Vázquez
Carmen París destiló arrojo y salero – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

También el día 10 pudimos ver, entre otros, a Amparo Sánchez en austero formato de dúo, al trikitilari Xabi Aburruzaga, que hizo pasar un buen rato a los allí presentes, y la actuación de los soneros jarochos Monoblanco, que, en su parte final contó con la presencia de los bertsolaris Igor Elortza y Miren Amuriza, que intercambiaron sus bertsos improvisados con las coplas que repentizaban los mejicanos.

 

Amparo Sánchez desgranó sus canciones en formato reducido - Foto: Juan Antonio Vázquez
Amparo Sánchez desgranó sus canciones en formato reducido – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Xabi Aburruzaga, disfrutando y en casa - Foto: Juan Antonio Vázquez
Xabi Aburruzaga, disfrutando y en casa – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

La intención del ExiB Música es la de convertirse en una cita anual de referencia y, a pesar de que ha costado varios años y mucha tenacidad ponerlo en marcha en estos tiempos difíciles, como nos comentaba la directora Adriana Pedret, ahora no puede sino seguir una trayectoria ascendente y convertirse en una cita obligada para las músicas de América Latina en Europa. Desde aquí le deseamos una larga y fructífera andadura.

 

El son jarocho de Monoblanco - Foto: Juan Antonio Vázquez
El son jarocho de Monoblanco – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Escucha el programa especial dedicado al ExiB Música en Mundofonías:
http://www.mundofonias.com/joomla/index.php?option=com_content&view=article&id=718:mundofonias-2014-0505&catid=34:radio

Crónicas de Bengala III: Festival Sufi Sutra

El parque Mohar Kunj, preparado para el Sufi Sutra - Foto Juan Antonio Vázquez
El parque Mohar Kunj, preparado para el Sufi Sutra – Foto Juan Antonio Vázquez

El Festival Sufi Sutra de Calcuta llegaba en este 2014 a su cuarta edición, presentando al público de la capital bengalí una buena muestra de grupos del propio estado de Bangala Occidental, de otras partes de la India y una serie de formaciones internacionales. Este año, por primera vez, este evento saltaba las lindes de Bengala Occidental para convertirse en un festival itinerante, ya que los grupos participantes viajarían después a Patna, la capital del vecino estado de Bihar, y a Delhi, en el corazón de la India.

Este festival, impulsado por la organización Banglanatak dot com, tiene como uno de sus objetivos poner en conexión a los artistas locales, especialmente aquellos procedentes de zonas rurales, de los estratos más bajos y los sectores tribales tradicionalmente más marginados y empobrecidos, con artistas internacionales, con músicas de otras culturas, de manera que surja un mejor conocimiento y mutuo enriquecimiento.

Como ya hemos comentado en esta serie de crónicas, el trabajo de Banglanatak dot com está fuertemente comprometido con los artistas de las zonas rurales y los pueblos indígenas para conseguir que por medio de ese tesoro que es la cultura y las artes tradicionales, ellos puedan obtener una manera digna de ganarse la vida y salir de la pobreza y la marginación.

 

Los faquires de Grobhanga en escena - Foto Juan Antonio Vázquez
Los faquires de Gorbhanga en escena – Foto Juan Antonio Vázquez

 

Otro de los objetivos de Sufi Sutra, como nos comentaba Amitava Bhattacharya, responsable de esta organización, es mostrar Calcuta como una ciudad abierta, que merece ser conocida y que, a su vez, también merece conocer otras realidades, ofreciendo para ello oportunidades como este festival totalmente gratuito y abierto a todo el mundo. Hay que hacer notar que aunque aparezca la alusión al sufismo en el propio nombre del festival, no es un concepto excluyente, y, si bien tienen importante cabida las expresiones musicales con contenido más místico o espiritual, esa concepción bengalí del sufismo que lo vincula a la vida, a la música, a la danza, a lo corpóreo y a la celebración hace que encajen perfectamente otro tipo de propuestas, como las que llegaron desde la Península Ibérica y que más adelante comentaremos.

El festival se desarrolló a lo largo de tres días, entre el 31 de enero y el 2 de febrero, en el parque Mohar Kunj de Calcuta. Por la mañana tenían lugar los talleres, en los que los distintos grupos internacionales mostraban y explicaban su música, sus instrumentos y sus danzas, mientras que al atardecer era el momento de los conciertos en el escenario grande. Quizá el más animado de esos talleres fue el de los portugueses Mu, que, con el excelente oficiante que es el Hugo Osga, haciendo de las suyas por en medio del gente, consiguió poner al público indio a bailar danzas tradicionales del norte de Portugal, perfectamente dispuestos en hileras y en círculos.

El grupo portugués Mu hechizo al público de Calcuta - Foto Juan Antonio Vázquez
El grupo portugués Mu hechizo al público de Calcuta – Foto Juan Antonio Vázquez

 

La apertura oficial del festival consistió en una interpretación a cargo de un nutrido combinado de componentes de los distintos grupos participantes, que se reunieron para tocar una pieza conjuntamente, entrelazando voces e instrumentos en creciente intensidad: los cantos nórdicos, los aires flamencos, las sinuosas melodías de la India y otros ingredientes juguetearon así durante unos diez minutos.

 

El trío de Agustín Carbonell 'El Bola '- Foto Juan Antonio Vázquez
El trío de Agustín Carbonell ‘El Bola ‘- Foto Juan Antonio Vázquez

 

A continuación le llegaba el turno el equipo local: el grupo de faquires baul bengalíes que, en diversas combinaciones, ya nos habíamos encontrado en el Fakiri Utsav de Gorbhanga y en otros eventos durante los días anteriores: Golam Fakir, Babu Fakir, Arjun, Shyam, Akkas… La aparente espontaneidad de su actuación, la alegría en el rostro de los músicos y sus ganas de fiesta y celebración, así como el modo en que iban tomando el relevo las voces solistas en el escenario, nos acercaban ese fluir natural de los mela, las veladas y encuentros de estas músicas, como el que vivimos días antes en Gorbhanga.

 

Ranjhan Ali Qawwal and Party, desde Punyab - Foto Juan Antonio Vázquez
Ranjhan Ali Qawwal and Party, desde Punyab – Foto Juan Antonio Vázquez

 

Después vino la actuación del grupo iraní Win-Bang, que interpretaron diversas piezas de distintas partes de su país, especialmente del área occidental. Una instrumentación clásica de kamanché, tambur, daf y tombak arropaba la delicada voz de la cantante Sahar Lofti.

 

Wing-Ban, desde Irán, en uno de los talleres matinales - Foto Juan Antonio Vázquez
Wing-Ban, desde Irán, en uno de los talleres matinales – Foto Juan Antonio Vázquez

 

El taller de los iraníes Win-Bang contó con esta pícara asistente - Foto Juan Antonio Vázquez
El taller de los iraníes Win-Bang contó con esta pícara asistente – Foto Juan Antonio Vázquez

 

Tras ese remanso de placidez musical llegó el vendaval sonoro de los portugueses Mu, con su indefinible y enigmática música que coge retazos e influencias de aquí de allá, destacando la presencia de elementos balcánicos y de su propia tierra, en un formato totalmente acústico, pero con una actitud muy rockera y enérgica. Entre los muy competentes músicos del grupo destaca la presencia escénica del impulsor del proyecto, Hugo Osga, con su look entre punk y circense, esgrimiendo su principal instrumento que, curiosamente, es de procedencia india: el bulbul tarang, una curiosa cítara con teclas. A su vez, la cantante Helena Madeira, con su amplio registro, su simpatía y sus hermosas danzas, encantó también al público calcutense, que en las últimas piezas llegó a ponerse de pie y bailar, algo que no había ocurrido hasta aquel momento.

 

Hugo Osga con sus Mu hizo pasar un consiguió poner a bailar danzas portuguesas al público calcutense - Foto Juan Antonio Vázquez
Hugo Osga con sus Mu hizo pasar un consiguió poner a bailar danzas portuguesas al público calcutense – Foto Juan Antonio Vázquez

 

Al día siguiente, el 1 de febrero, le tocó abrir al equipo español (en la difusión del festival aparecía reflejada con mucha más frecuencia la procedencia o nacionalidad de los grupos que el propio nombre de estos), que no era otro que el trío de Agustín Carbonell, “El Bola”. Maestro de la guitarra, este madrileño trotamundos dejó impronta de su arte en las seis cuerdas y también en el cante, acompañado de Pablo Domínguez al cajón y otras percusiones, junto con el baile de Tamar González.

 

El Bola intercambia instrumentos con Sandip Samaddar - Foto Juan Antonio Vázquez
El Bola intercambia instrumentos con Sandip Samaddar – Foto Juan Antonio Vázquez

 

Después pudimos disfrutar con la música qawwali venida desde el Punyab, a cargo de Ranjhan Ali Qawwal and Party, un grupo de tradición familiar que el cantante principal Ranjhan ha ido formando con sus hermanos y sobrinos. Una tradición que ahora está continuando con sus hijas, ampliando la práctica del qawwali hacia las mujeres, lo cual siempre es de alabar. La actuación fue impecable, tanto por parte del corpulento Ranjhan como del resto del grupo, que también destacaron en sus apasionadas interpretaciones vocales. Además del habitual acompañamiento de armonio, coros y palmas, se hacía curiosa la discreta inclusión de los sonidos sintéticos de un pequeño kit de percusión electrónica.

Muy diferente en intensidad e interés fue la actuación de los representante bangladesíes Arnob & Friends, en cuya propuesta las esencias musicales bengalíes que habíamos apreciado en su esplendor con los músicos faquires baul del lado occidental de Bengala quedaban deslavazadas en una propuesta deliberadamente más comercial.

Y llegamos a la tercera jornada del festival calcutense, que se abrió, como siempre a las 6 de la tarde, con el grupo Barkbröder Extended, desde Suecia, una formación un tanto improvisada que nos brindó buenos momentos instrumentales y vocales, con timbres de zanfona, niquelarpa, saxo y violín, y también algún solo excesivo con un aparatoso y poco versátil pandero sami.

 

Taller de los suecos Barkbröder Extended - Foto Juan Antonio Vázquez
Taller de los suecos Barkbröder Extended – Foto Juan Antonio Vázquez

 

Después le llegaría el turno a otra propuesta de procedencia nórdica, aunque con estética bien distinta: Radiant Arcadia. Se trata de un grupo de mujeres de la que podríamos llamar la “Dinamarca de las tres culturas”, donde se congregan intérpretes de procedencia cultural cristiana, musulmana y judía. Interesante por momentos y un tanto meloso también a veces, su recital nos fue llevando hasta el final del festival.

 

El concierto de Shakoor Khan Sufi, desde Rayastán, fue uno de los mejores momentos - Foto Juan Antonio Vázquez
El concierto de Shakoor Khan Sufi, desde Rayastán, fue uno de los mejores momentos – Foto Juan Antonio Vázquez

 

La última actuación nos rescató de las nubes de ese buenrollismo un tanto bucólico para ponernos enseguida con los pies en la tierra, con la sacudida vital de la música del grupo de Shakoor Khan, desde el Rayastán. Excelente y vibrante actuación de este conjunto, conocido como Shakoor Khan Sufi, que nos acercó las tradiciones musicales centenarias de los mangniyars o manganiars, cantores populares del Rayastán occidental. Especialmente hipnóticas fueron las interpretaciones con la doble flauta algoza y otros instrumentos de viento. Seguidamente, una representación de muchos de los grupos participantes salió al escenario para poner el broche en forma de multitudinario finale.

 

Amitava Bhattacharya, uno de los directores de Banglanatak dot com y del Sufi Sutra, dirigiéndose al público - Foto Juan Antonio Vázquez
Amitava Bhattacharya, uno de los directores de Banglanatak dot com y del Sufi Sutra, dirigiéndose al público – Foto Juan Antonio Vázquez

 

Y aunque los grupos seguían, como ya comentábamos, camino de Patna y Delhi, a nosotros ya nos tocó volver a casa con la imaginación llena de todos los colores, impresiones, nuevas amistades… y músicas que nos encontramos en tierras de Bengala.

 

Músicos de los diversos grupos y países participando en el finale - Foto Juan Antonio Vázquez
Músicos de los diversos grupos y países participando en el finale – Foto Juan Antonio Vázquez

Programas especiales en Mundofonías:

– Mundofonías: Viaje a Bengala

– Mundofonías: Crónicas de Bengala I

– Mundofonías: Crónicas de Bengala II

Crónicas de Bengala II: Arte para la vida

Un largo patachitra, una vez desenrollado - Foto: Juan Antonio Vázquez
Un largo patachitra, una vez desenrollado – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

La segunda parte de la estancia del equipo de Mundofonías por tierras de Bengala es la que media entre la celebración del Fakiri Utsav, el festival de los faquires en la aldea de Gorbhanga, que tuvo lugar entre el 17 y el 19 de enero, y el Sufi Sutra de Calcuta, que comenzaba el 31 de enero y se prolongó durante tres días, del cual hablaremos en una siguiente crónica.

 

Anuwar Chitrakar nos muestra una de sus obras - Foto: Juan Antonio Vázquez
Anuwar Chitrakar nos muestra una de sus obras – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

En esos días, pudimos descubrir Calcuta, sus grandezas y miserias… Calcuta es la maravilla de sus templos y una sorpresa constante de amables gentes y colores, pero también es pobreza y gente malviviendo en la calle. Estábamos en plena estación seca, por lo que la calidad del aire no era muy buena, con mucho polvo en suspensión y el humo del tráfico rodado… ¡Ah, el tráfico! Es una de las cosas más impactantes en la India y especialmente en ciudades como Calcuta: esa forma aparentemente aleatoria de conducir, la costumbre de tocar incesantemente la bocina y esos embotellamientos en los que coches, taxis, rickshaws, bicicletas y personas intentan avanzar a milimétrica distancia en un puzle móvil…

 

El arte del patachitra en la aldea de Naya - Foto: Juan Antonio Vázquez
El arte del patachitra en la aldea de Naya – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Muchas aceras están prácticamente tomadas por puestecillos de toda laya, donde se venden comidas, o se corta el pelo, o te puedes topar con las cosas más inesperadas, como, por ejemplo, una improvisada fragua donde se forja a martillazos el hierro candente. De este gigantesco conglomerado de contrastes, sorpresas, encantos y espantos, se agradecía escapar en ocasiones a las zonas rurales, especialmente para conocer las actividades tan únicas y maravillosas que tuvimos oportunidad de contemplar y que, gracias a labor de iniciativas como Banglanatak dot com, no han caído en el olvido y el abandono: han llegado a nuestros días y se proyectan con dignidad a las siguientes generaciones.

 

Los tintes se extraen de bayas, hojas y frutos - Foto: Juan Antonio Vázquez
Los tintes se extraen de bayas, hojas y frutos – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Las pinturas cantadas del patrachitra

Por ejemplo, el arte del patachitra, en la aldea de Naya, una aldea de pintores a algo más de 100 km al oeste de Calcuta. En esta comunidad es costumbre realizar coloridas pinturas sobre grandes telas que se enrollan. Los distintos colores que se utilizan se extraen a partir de hojas, frutos y otros elementos totalmente naturales que se dan en la zona.

 

Jóvenes artistas del patachitra - Foto: Juan Antonio Vázquez
Jóvenes artistas del patachitra – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

 

 

Suelen representar historias y narraciones que constan de diferentes escenas, a veces separados como si fueran viñetas de un cómic. Algunos motivos y relatos se repiten, como la boda de los peces, en la cual los peces bailan, festejan, comen arroz y tocan instrumentos… Pero al final llega el pez grande, tan enfadado por no haber sido invitado que empieza a comerse a los demás convidados.

 

Confeccionando un gran mural - Foto: Juan Antonio Vázquez
Confeccionando un gran mural – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Otras historias hacen referencia a los relatos épicos de la vida de los dioses, plasmados en los textos sagrados del Ramayana o el Mahabharata, lo cual es curioso, dado que esta comunidad es musulmana, pero siguen conservando el relato de las historias del panteón hinduista.

 

Rahim Chitrakar muestra una de las pinturas - Foto: Juan Antonio Vázquez
Rahim Chitrakar muestra una de las pinturas – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

 

Los colores del patachitra - Foto: Juan Antonio Vázquez
Los colores del patachitra – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

A la vez, otras nuevas historias se van añadiendo, como la del Titanic (la referencia es, claro, la película de 1997), los atentados del 11-S, o el tsunami del 2004.

 

Los antentados del 11-S reflejados en el patachitra de mamuni Chitrakar - Foto: Juan Antonio Vázquez
Los antentados del 11-S reflejados en el patachitra de mamuni Chitrakar – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

También el patachitra se ha incorporado a la novela gráfica, con las ilustraciones de Manu Chitrakar para el libro I see the promised land, que narra la vida y la lucha de Martin Luther King.

 

La vida de Martin Luther King en patachitra en el libro I see the promised land - Foto: Juan Antonio Vázquez
La vida de Martin Luther King en patachitra en el libro I see the promised land – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

El hundimiento del Titanic, versión patachitra - Foto: Juan Antonio Vázquez
El hundimiento del Titanic, versión patachitra – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Algo muy peculiar del patachitra es que estas historias, estas pinturas, se cantan. Mientras canta, el artista (o la artista, ya que muchas de ellas son mujeres) va desenrollando la tela y señalando los personajes que son mencionados y las escenas que se van sucediendo, como se puede observar en los vídeos. Allí en Naya nos cantaron la boda de los peces, la historia de Rama y Durga, la de Krshna y Radha, la del hundimiento del Titanic, las felonías de Bin Laden…

 

Las casas de los artistas también presumían de colorido - Foto: Juan Antonio Vázquez
Las casas de los artistas también presumían de colorido – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Es este un arte que nos recordaba a los antiguos ciegos andantes de nuestras tierras, que iban de pueblo en pueblo cantando y vendiendo las historias de los pliegos de cordel. De hecho, nos decían que, hace algún tiempo, los cultivadores del patachitra vivían prácticamente como mendigos. Salían a vender sus pinturas y cantaban sus canciones por lo que les quisieran dar, como aquellos ciegos andantes. Pero hoy en día, los habitantes de Naya, pertenecientes a la comunidad patua o chitrakar, disponen de un centro de recursos impulsado por Banglanatak dot com y realizan actividades pedagógicas para que los más jóvenes y las más jóvenes (de nuevo predominan las chicas) aprendan y perfeccionen este arte tradicional que se ha convertido en un digno medio de vida para muchos.

 

Niños y jóvenes en la clase de patachitra al aire libre - Foto: Juan Antonio Vázquez
Niños y jóvenes en la clase de patachitra al aire libre – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Swarna Chitrakar, dirigiendo la clase - Foto: Juan Antonio Vázquez
Swarna Chitrakar, dirigiendo la clase – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

 

Ya se han realizado exposiciones de patachitra de Bengala en otros países y algunos artistas incluso están empezando a ser reconocidos en el circuito artístico internacional, como Anuwar Chitrakar. La comunidad también trabaja en la continuidad de este arte, como pudimos comprobar asistiendo a la clase colectiva al aire libre, sobre unas simples lonas y telas dispuestas sobre el suelo, en la que participaban unos 70 niños y niñas de entre 3 y 14 años.

 

Jóvenes pintando patachitra - Foto: Juan Antonio Vázquez
Jóvenes pintando patachitra – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

 

La danza chau de Purulia

Otra de las expresiones artísticas tradicionales con la que se está trabajando en estas tierras es la danza chau (o chhau, como también aparece en muchas ocasiones) de la zona de Purulia, a algo más de 200 km al oeste de Calcuta, una curiosa y antigua danza de máscaras dramatizada. Se trata de otro ejemplo que nos muestra cómo la revitalización y revalorización de este arte tradicional da la oportunidad de ganarse la vida a un montón de gente, desde los propios bailarines y músicos hasta los artesanos que construyen las máscaras y los trajes.

 

Músicos y danzantes de la danza chau - Foto: Juan Antonio Vázquez
Músicos y danzantes de la danza chau – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Danzantes de chau en las inmediaciones del templo de Deulghata - Foto: Juan Antonio Vázquez
Danzantes de chau en las inmediaciones del templo de Deulghata – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Danza chau de Purulia - Foto: Juan Antonio Vázquez
Danza chau de Purulia – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

En nuestro recorrido pudimos observar las distintas fases y personas que intervienen para que esta expresión artística sea una realidad. Empezamos por el resultado final, es decir, contemplando la representación de esta danza chau en un entorno realmente magnífico, junto a los milenarios templos de Deulghata.

 

Danza chau, escena final - Foto: Juan Antonio Vázquez
Danza chau, escena final – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

En el apartado musical intervienen instrumentos como el tambor doble dholak y el gran tambor dhamsa, que es el que va marcando la pauta del desarrollo de la historia, maracas metálicas y, en la parte melódica, el oboe shehnai, así como los breves cantos que suelen anticipar los siguientes movimientos de los bailarines. Estos últimos ejercen diversos pasos e interacciones, incluyendo movimientos acrobáticos, saltos y volteretas, para representar las añejas historias de encuentros y desencuentros de las muchas divinidades del panteón hindú: Durga, Rama, Ganesha, Kartik…, que son recreados con vistosas vestimentas y máscaras.

 

Constructores de máscaras para la danza chau - Foto: Juan Antonio Vázquez
Constructores de máscaras para la danza chau – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Después de contemplar esta soberbia representación, a cargo de la Anwesha Chau Academy dirigida por Dhananjay Mahato, visitamos la villa de Charida, donde se congregan muchos de los artesanos que elaboran las máscaras usadas en la danza y que son confeccionadas con papel, alambres, plumas de pavo real y cualquier elemento que aporte colorido y vistosidad. Estos artistas también se ocupan de construir estatuas para las muchas festividades religiosas en honor a las diversas divinidades. En aquellas fechas estaban especialmente atareados haciendo imágenes de Sarasvati, dado que en pocos días se iba a celebrar la Saraswati puja, la fiesta en honor de esta diosa en Calcuta.

 

Artesano en Charida - Foto: Juan Antonio Vázquez
Artesano en Charida – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Finalmente pudimos asistir al momento en que esa tradición se transmite, en los ensayos en pleno campo de los jóvenes danzarines de la aldea de Maldi, ejercitando los movimientos de la danza al compás del dhamsa de Jagannath Choudhury. Dos grupos de bailarines, uno de chicos y otro de chicas, nos mostraron sus progresos y nos dejaron con la grata sensación de que el futuro de esta tradición está asegurado, como prueba también la abundancia de sus practicantes en la actualidad. Muestra de ello es el elevado número de grupos participantes, nada menos que 30, en el último Chau Utsav, el festival de chau celebrado en diciembre del 2013 en el centro de recursos de Bamnia.

 

Entrada al taller de artesanía en Charida - Foto: Juan Antonio Vázquez
Entrada al taller de artesanía en Charida – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Ensayo al aire libre de danza chau - Foto: Juan Antonio Vázquez
Ensayo al aire libre de danza chau – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

 

 

Estas fascinantes expresiones artísticas tradicionales, el patachitra y la danza chau son solo unas pocas de las muchas muestras de artes populares que todavía sobreviven y que están siendo impulsadas con el excelente trabajo que está realizando Banglanatak dot com, apoyando el desarrollo de las comunidades rurales de Bengala Occidental y del vecino estado de Bihar a través precisamente de estas artes tradicionales, y, a la vez, contribuyendo a su mantenimiento y dignificación. Una labor que, bajo el lema de “arte para la vida” ha conseguido conjugar el efecto beneficioso que el mantenimiento y cultivo de estas expresiones tiene para los amantes de la cultura tradicional y de las artes en general, al mismo tiempo que ha proporcionado un medio de vida para miles de personas en estas comunidades rurales del este de la India, muchas de las cuales estaban entre las más desfavorecidas y olvidadas, permitiéndoles también el acceso a unas condiciones de vida mejores en cuanto a educación, alimentación y salubridad.

Programas especiales en Mundofonías:

– Mundofonías: Viaje a Bengala

– Mundofonías: Crónicas de Bengala I

– Mundofonías: Crónicas de Bengala II

Crónicas de Bengala I: Fakiri Utsav, el festival de los faquires

Babu Fakir - Foto: Juan Antonio Vázquez
Babu Fakir – Foto: Juan Antonio Vázquez

Iniciamos una serie de artículos que narran nuestras andanzas por tierras de la India, concretamente en Bengala Occidental, donde, gracias a la invitación de Banglanatak dot com, el equipo de Mundofonías tuvo la oportunidad de asistir a principios de este 2014 a dos festivales bien diferentes: el Fakiri Utsav, el “festival de los faquires” en la aldea de Gorbhanga, en un entorno completamente rural, y el Sufi Sutra, que se celebra en el corazón de la enorme Calcuta. Entre ambos, tuvimos asimismo ocasión de viajar y conocer de primera mano una serie de actividades artísticas populares sumamente interesantes, de las que también hablaremos, y que se están apoyando e impulsando en las comunidades rurales desde esta organización.

En esta primera entrega, nos desplazamos a la aldea de Gorbhanga. El Fakiri Utsav que allí se celebra es un evento único. Lejos de los circuitos de los grandes festivales, lejos de las grandes ciudades, en lo más profundo de las tierras de Bengala, adonde no ha llegado Google con sus mapas y mucho menos con su Street View, se sitúa esta aldea, en la cual, desde que alcanza la memoria, ha habido una activa comunidad de faquires.

 

Sagara Parveen y Hashan Mondal - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Sagara Parveen y Hashan Mondal – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Gorbhanga está en Bengala Occidental, a algo más de 200 km al norte de Calcuta. En territorio indio, pero muy cerquita de la frontera con Bangladés, la otra parte de Bengala, desgajada del resto de la India, primero como el Pakistán Oriental, en la partición de 1947, y después como el Bangladés independiente, tras la cruenta guerra de 1971. En ambas Bengalas se practica el arte de los faquires o bauls, músicos itinerantes, filósofos cantantes, sufíes danzantes… Su filosofía se centra en el respeto a la vida, en considerar el cuerpo humano como la morada de lo divino y en la conexión mística a través de la música. Aceptan en su comunidad a hinduistas, musulmanes y gentes de otras creencias. Y a pesar del estereotipo habitual, no, no duermen en camas de clavos ni se tragan espadas.

Los faquires de Gorbhanga se declaran seguidores de Lalon Fakir, místico, músico y pensador que vivió entre los siglos XVIII y XIX, y que se opuso a la discriminación por razones de pensamiento, casta o religión, inspirando este movimiento e influyendo notablemente en la obra de escritores como Rabindranath Tagore.

 

Faquires de Gorbhanga - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Faquires de Gorbhanga – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Gorbhanga es una aldea de calles sin pavimentar, donde los niños corretean descalzos, las vacas y las cabras deambulan, y la gente lleva una humilde pero aparentemente apacible vida dedicada a la agricultura y la ganadería, además del arte de los faquires. Amitava Bhattacharya, uno de los impulsores de Banglantak dot com, nos explicaba que esto no siempre ha sido así y que el aspecto de la población era mucho más insalubre hace no muchos años. Gracias a la dignificación del arte de los más de cien faquires que tienen esta aldea por hogar, sus ingresos han mejorado y también la comunidad ha tenido acceso a unos niveles mínimos de salubridad y bienestar.

 

Arjun Khyapa y otros músicos - - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Arjun Khyapa y otros músicos – – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Paseando por Gorbhanga, fuera de la zona del festival, no faltan las miradas curiosas para quienes allí nos convertimos en exóticos, los niños que te siguen solo para observarte, las sonrisas y los saludos amables con el gesto de juntar las manos y el correspondiente “namaskar”, y tampoco falta quien te dice algo en bengalí y se queda extrañado de que no entiendas… “Sorry, I don’t understand”, digo, mientras adivino un “¿cómo puede ser?” en su pensamiento, “¿es que no estoy hablando bien clarito?”

 

05 Hashan Mondal - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Hashan Mondal – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

El Fakiri Utsav congrega a gente de la aldea, de los alrededores y también venidos desde la capital de estado, Calcuta. Los pocos asistentes occidentales se podían contar con los dedos de una mano: Peter, un jubilado y aventurero viajero alemán; los músicos del dúo galés Olion Byw, y nosotros dos, Araceli y yo, los de Mundofonías y Mapamundi Música. Después, entre el público, apareció también un chico vestido como los lugareños y que hablaba bengalí con soltura, aunque su rubia melena delataba sus orígenes nórdicos. Vale, los dedos de una mano y uno de la otra.

 

Minati Baulani - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Minati Baulani – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

El primer día del festival, el 17 de enero, ya antes de la propia inauguración comenzó a sonar la música en el pequeño escenario del centro de recursos construido en la aldea a instancias de Banglanatak dot com y con la ayuda de la Unión Europea. Este escenario, situado en un soportal, estaba repleto de artistas que tocaban los laúdes ektara (“una cuerda”) y dotara (“dos cuerdas”, literalmente, aunque podían tener más), armonios, bansuris y distintas percusiones: los tambores dhol y khol (o shri khol), el más pequeño duggi, la sonaja ghungur, el pequeño pandero que allí llaman dapli y que es similar a la kanjira, o el curioso khomok, también llamado anandalahari, que, a pesar ser un instrumento de cuerda que se pulsa con una púa, tiene una función rítmica, jugando con la altura del sonido al estirar y aflojar la cuerda que es pulsada.

Los músicos iban subiendo y bajando del escenario, turnándose para colocarse al frente para cantar, mientras el resto les acompaña con instrumentos, palmas y coros… Hasta que la música se interrumpió por un momento para dar paso al acto de inauguración, con el prendido de la vela ceremonial que corrió a cargo de mi compañera Araceli Tzigane, tras lo cual el mela, el encuentro, la fiesta, continuó largamente hasta la noche.

 

Arman Fakir en el escenario nocturno - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Arman Fakir en el escenario nocturno – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

El día grande del festival iba a ser el siguiente, el 18 de enero. Ese día la música sonó durante todo el día, desde bien pronto en la mañana hasta bien entrada la madrugada. A la mañana estaba planificado un taller, con la presencia del grupo extranjero invitado, que era, como decíamos, el dúo de folk galés Olion Byw. Un taller que en realidad consistió en una jam session en la cual se fundieron los instrumentos indios con la mandolina, el violín y las voces de los europeos. Más adelante, la música se descentralizó en cuatro pequeños escenarios circulares, en los que simultáneamente tocaban diferentes troupes, por lo que podías deambular por todo el akhra, o zona de celebración, de uno a otro de esos golghar para ir viendo lo que pasaba y quedarte más rato en el que más te gustara.

 

Jam session con los faquires de Bengala y el dúo galés Olion Byw - - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Jam session con los faquires de Bengala y el dúo galés Olion Byw – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

La música de los faquires y bauls de Bengala es alegre y participativa. Cada pieza suele empezar con una introducción de tiempo libre y, rápidamente, entran los instrumentos de percusión marcando el ritmo, mientras los cantantes, que siempre llevan consigo algún pequeño instrumento (ektara, dotara, dapli, duggi, khomok…), no paran de moverse, bailar y hasta saltar. En estos pequeños escenarios, sin ningún tipo de amplificación, la música surgía de una forma muy natural y espontánea.

A veces los músicos cambiaban de escenario y se incorporaban en otro de los grupitos que estaban tocando, otros que llegaban también hacían lo mismo, saludaban, cogían un instrumento, se levantaban, cantaban, se sentaban, tocaban, de vez en cuando bebían un sorbo de te… Por ahí andaban Arman Fakir, Babu Fakir, Akkas Fakir, Golam Fakir, Arjun Khyapa, Khaibar Fakir, Shyam Khyapa, Subhadra Baulani, Sagara Parveen, Hashan Mondal, Minati Baulani… Hasta yo mismo tuve oportunidad de probar a tocar un poco con un dotara que cayó en mis manos junto a los músicos locales.

 

Shyam Khyapa en la jam session - - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Shyam Khyapa en la jam session – – Foto: Juan Antonio Vázquez

 

Por la noche tuvo lugar, en el escenario principal, el turno para los conciertos más formales y amplificados, con una notable asistencia de público. Allí no solo los faquires de Gorbhanga, sino otros llegados de otras poblaciones y distritos se dieron cita y realizaron sus actuaciones. También el propio grupo galés Olion Byw, con el violín y el canto de Lucy Rivers junto con la mandolina y la guitarra de Dan Lawrence, y otra formación de jóvenes músicos llegada desde Calcuta, Ebong Lalon, con la voz de Debalina Bhowmick, fusionando las canciones de Lalon Fakir y los cantos tradicionales con aires más urbanos, deleitaron a los presentes. Además de los faquires de Gorbhanga y venidos de otras localidades, nos encantó la espléndida interpretación de Bani Chakraborty y Sasanka Sarkar, procedentes de Kalyannagar.

 

Golam Fakir, probando la  mandolina de los galeses - Fotos: Juan Antonio Vázquez
Golam Fakir, probando la mandolina de los galeses – Fotos Juan Antonio Vázquez

 

Era curioso observar que la costumbre de aplaudir al final de las canciones no es ahí habitual, excepto para los extranjeros que allí estábamos y algún entusiasta aficionado llegado desde Calcuta, lo que producía una sensación extraña en quien no estaba acostumbrado al acabar las interpretaciones.

 

La aldea de Gorbhanga - Fotos: Juan Antonio Vázquez
La aldea de Gorbhanga – Fotos: Juan Antonio Vázquez

 

Tras las horas de la tarde-noche en que se celebraron dichos conciertos en el escenario amplificado, no se iba a acabar la música, ni mucho menos. De vuelta al centro de recursos, los músicos se fueron acercando y la música comenzó poco a poco de nuevo a sonar, regalándonos momentos maravillosos, que empezaron con melodías más pausadas hasta verdaderos arrebatos de qawwali bengalí. Aquel día, como digo, la vida fue la música. Y lo fue hasta bien entrada la madrugada.

 

 

El día siguiente era el tercero y último del festival y también el de nuestra partida. Pero todavía por la mañana tuvimos oportunidad de disfrutar con más sesiones musicales a cargo de los faquires de Gorbhanga y demás procedencias.

 

 

Nosotros nos fuimos, pero no dejamos atrás la música de los faquires baul, porque, además de llevar la imaginación y el recuerdo llenos de aquellos sones e imágenes y, por supuesto, las ganas de compartirlo y contarlo, hemos comprobado cómo esta música va saliendo de ese rincón del mundo para mostrarse, no solo ya en toda la India, sino por todo el mundo. Muestra de ello es esto que acabas de leer…

 

 

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El equipo de Mundofonías, Juan Antonio Vázquez y Araceli Tzigane, con Akkas Fakir
El equipo de Mundofonías, Juan Antonio Vázquez y Araceli Tzigane, con Akkas Fakir

Aventuras musicales en el FMM de Sines

Femi Kuti. Foto: Mário Pires
Femi Kuti. Foto: Mário Pires
El Festival Músicas do Mundo, FMM de Sines, Portugal, se ha convertido en una cita obligada verano tras verano en el panorama festivalero de tierras ibéricas. Y así lo es para el equipo de Mundofonías en los últimos años. Los alicientes son muchos y entre ellos está la propia ubicación del festival, en la coqueta localidad de Sines, en la costa alentejana, a medio camino entre Lisboa y el Algarve. La ubicación de los escenarios es igualmente atractiva: el principal se sitúa dentro del recinto del castillo y el de los conciertos gratuitos a pie de playa en la Avenida Vasco de Gama (ilustre navegante que, en sus travesías hacia Oriente, debió ser de los primeros sinienses que escucho músicas de otras culturas).

Después del momento más crítico, en la edición del 2010, en que quedó reducido a 4 días por mor de la crisis, el festival ha recuperado su esplendor, gracias al apoyo del ayuntamiento y el empeño de su director, Carlos Seixas, con más de 40 conciertos a lo largo de 10 días, del 18 al 27 de julio, en esta edición del 2013. Nosotros pudimos estar en el tramo final del festival, a partir del 25 de julio y en esos días tuvimos oportunidad de disfrutar de un buen número de actuaciones, reencontrarnos con viejos amigos y gozar del ambiente festivo respetuoso y amigable que inunda la ciudad alentejana durante esos días. El lema del festival es “músicas con espíritu de aventura” y, desde luego, siempre nos descubre alguna sorpresa e incluso propuestas arriesgadas y poco usuales, que en algunos casos generan sano debate y división de opiniones.

Winston McAnuff & Fixi. Foto: Mundofonías
Winston McAnuff & Fixi. Foto: Mundofonías
Uno de los conciertos más destacados fue el que nos brindo Femi Kuti, cerrando las actuaciones en el castillo el último día, acompañado del consiguiente despliegue pirotécnico que es ya tradición en este festival para tales ocasiones. Femi desplegó una propuesta enérgica, combativa, vibrante y honesta, acompañado de un grupo motivado y entregado. Uno de los momentos grandes que pudimos vivir en el FMM.

Otro momento memorable fue el concierto de Winston McAnuff & Fixi, llamativo dúo compuesto por el vocalista jamaicano y el acordeonista francés que llenaron de entusiasmo el escenario de la playa con una música que destellaba matices de reggae, soul y musette, con el acompañamiento rítmico del beatboxer Markus. Un gratificante descubrimiento para quienes no habíamos visto a estos músicos en acción sobre el escenario.

Asif Ali Khan & Party. Foto: Mário Pires
Asif Ali Khan & Party. Foto: Mário Pires
Otras actuaciones interesantes fueron, por ejemplo, las de Asif Ali Khan & Party, desde Pakistán, con toda la pasión del qawwali en un concierto lleno de virtuosismo, que nos pareció demasiado orientado para este tipo de eventos multitudinarios, perdiendo en dinámica y matices para ganar en intensidad.

Rokia Traoré, sin embargo, desarrolló un concierto in crescendo que evolucionó desde la contención hasta los bailes del final, sin llegar al calado emotivo que en otras ocasiones nos ha mostrado.

Entre los artistas portugueses que pudimos ver destacó la actuación de los veteranos e iconoclastas Gaiteiros de Lisboa, que nos hicieron participes de su particular mundo de historias grandilocuente, épicas, paródicas y originales. Tan geniales como chocantes, sacaron a relucir su arsenal de instrumentos inusuales, jugando con singulares timbres y recias armonías vocales, sin olvidar la vena contestataria que les llevó a lanzar un alegato en contra del excesivo control policial a la entrada del recinto… que tuvo su efecto, ya que se relajó notablemente después de su actuación.

Gaiteiros de Lisboa. Foto: Mundofonías
Gaiteiros de Lisboa. Foto: Mundofonías
También pudimos ver la actuación de la fadista Cristina Branco, quien nos deleitó con una cuidada interpretación, pero nos dejó un tanto fríos emocionalmente.

Uno de los momentos que más curiosidad despertaba a priori y más discusión provocó a posteriori fue la multitudinaria actuación de la Shibusa Shirazu Orchestra, desde Japón. Un total de 26 personas sobre el escenario, desde músicos a bailarines, incluido un pintor y un VJ. La música transcurría por derroteros de jazz, funk, arrebatos ska, toques rockeros y latinos… y, entre los escasos elementos japoneses, alguna pincelada chindon. En la parte danzante estaban tres bailarines de butoh cuyos movimientos convulsos contrastaban con una bailarina de aires afrolatinos y dos chicas que parecían hacer señales aéreas con enormes plátanos, mientras el videojockey y el pintor aportaban otros elementos visuales. No dejaba de ser llamativo el cúmulo de sensaciones, pero uno no acababa de verle sentido al conjunto… ni siquiera paródico o transgresor.

Tigran Hamasyan. Foto: Mário Pires
Tigran Hamasyan. Foto: Mário Pires
Terminamos con una de cal y otra de arena. Por un lado el lamentable concierto de un Rachid Taha altanero (y un tanto tambaleante), que solo se sostuvo por la pericia de la banda… incluso en la parte vocal, de la que Rachid se desentendía cuando le parecía oportuno. Y por otro, la espléndida actuación del armenio Tigran Hamasyan, que, en principio iba a actuar con el percusionista Trilok Gurtu, quien no pudo llegar por culpa de los retrasos aéreos. Tigran, que actuó justo antes que Rachid Taha, se ganó a los miles de asistentes él solito en una actuación impecable en la que fue desde el piano solo, al uso de otros teclados, loops, procesadores de sonido, percusiones, canto, silbos y ecos.

El FMM este año ha sido, como siempre, una experiencia intensa y memorable. Y los patinazos de algunos artistas se ven sobradamente compensados por notables descubrimientos que un festival que no tuviera ese espíritu de aventura y de riesgo jamás nos brindaría.

Más información: http://fmm.com.pt

Brosella Folk & Jazz: longevo y pujante

El público se acomoda en el estupendo entorno del Teatro Verde (Théâtre de Verdure / Groentheater) – Foto: Mundofonías
El público se acomoda en el estupendo entorno del Teatro Verde (Théâtre de Verdure / Groentheater) – Foto: Mundofonías
Treinta y siete ediciones lleva ya este festival, que se dice pronto, fiel a su formato de ofrecer dos jornadas diferenciadas y complementarias: una dedicada al folk y otra al jazz, en el entorno encantador y al aire libre del Teatro Verde, situado en el Parque Osseghem de Bruselas, muy cerquita del famoso Atomium. Nosotros tuvimos la oportunidad de asistir a la primera de las jornadas de este año, la folkie, que tuvo lugar el 13 de julio, y que fue una larga tarde-noche repleta de buenas actuaciones que se fueron alternando en los dos escenarios del festival, el del propio Teatro Verde y otro más pequeñito situado en las inmediaciones.

La cosa empezó prontito, a eso de las 3 de la tarde, con la actuación del numeroso grupo belga Olla Vogala, dirigido por el violinista Wouter Vandenabeele, que ofreció un interesante recital en el que su concepto camerístico enlazaba con ecos de tradiciones europeas y orientales, entretejiendo sonoridades muy originales.

Jorge Pardo fue el invitado de lujo en el proyecto del bajista Serge Dacosse. – Foto: Mundofonías
Jorge Pardo fue el invitado de lujo en el proyecto del bajista Serge Dacosse. – Foto: Mundofonías
Más tarde le llegó el turno al bajista, también de la tierra, Serge Dacosse, con su proyecto de acercamiento al flamenco, acompañado de músicos belgas y españoles, que contó con un invitado muy especial: el gran flautista y saxofonista Jorge Pardo, que con su fértil imaginación improvisadora hizo las delicias del personal que, a esas horas de la tarde, se las tenía que ver con un sol y un calor propio de latitudes más meridionales.

A continuación pudimos disfrutar una vez más con el arte de Sam Lee y su original y exquisito acercamiento a las canciones tradicionales británicas, con especial querencia a las de los gitanos y la gente más viajera. Con un original instrumentarium que incluye desde la shruti box de la India a un gigantesco koto japonés, pasando por trompeta, violonchelo, arpas de boca y percusiones variadas, Sam Lee volvió a confirmarse como una de las propuestas más interesantes y frescas que el folk británico ha dado en los últimos años.

El inglés Sam Lee encantó al público con su elegante acercamiento al folk británico. – Foto: Mundofonías
El inglés Sam Lee encantó al público con su elegante acercamiento al folk británico. – Foto: Mundofonías
Como es bastante habitual en el Brosella, Sam Lee contó con un invitado, el cantante Thomas McCarthy, cantante popular cuyas raíces están entre los nómadas irlandeses (los “Irish travellers” o “tinkers”), cuyas interpretaciones, sin acompañamiento instrumental, rompieron un tanto el ritmo del concierto y quizá hubieran demandado otro tipo de recinto o presentación.

Seguidamente, también desde las islas, tres violines, los de Eliza Carthy, Bella Hardy y Kate Young, y una viola, la de Lucy Farrell, entablaron un vivaz diálogo sobre el escenario. Eliza Carthy tuvo una complicación de salud que le impidió estar en la edición del 2002, como se había anunciado, pero este año pudo quitarse la espinita en esta formación tan femenina y “cordainera”, que dirían los Hermanos Cubero. Influenciado también de aires norteños e irlandeses, junto a los de otros folklores y músicas, le llegó el turno después al joven trío belga Green Moon, que se arropó a base de bien con nada menos que 12 invitados que abarrotaban el escenario, de entre lo más granado del folk y músicas afines del país, incluyendo a algunos papás de los músicos del trío, como el violinista irlandés afincado en Bélgica Kieran Fahy, padre de Lorcan Fahy, o Thierry Crommen, armonicista, que acompañó a su vástago Téo.

De Temps Antan, desde Quebec, no dejaron respiro al personal bailón. – Foto: Mundofonías
De Temps Antan, desde Quebec, no dejaron respiro al personal bailón. – Foto: Mundofonías
Si ya el nivel era elevado, la chispa electrizante la pusieron las dos últimas bandas de la noche. El último concierto en el escenario pequeño corrió a cargo del trío quebequés De Temps Antan, que no dejó respiro a los entregados asistentes, haciendo gala de una excelente conjunción y técnica. Compuesto por miembros y ex-miembros de La Bottine Souriante hicieron vibrar y bailar al respetable a base de violín, concertina, armónica, guitarra y otras cuerdas, más la imprescindible y enérgica percusión zapateada de la música de Quebec.

Y para terminar, los portugueses Melech Mechaya y su peculiar e irresistible visión de la música klezmer. Ellos conciben sus espectáculos como una fiesta donde la gente disfruta de buena música, se divierte con sus continuos gags, y participa constantemente, incluso subiéndose del escenario, como se ve en la foto. Para la ocasión, contaron con una invitada de lujo, Mísia, con la que interpretaron cuatro piezas, incluyendo algún estreno, como la canción sefardí ‘Adió, kerida’. Pero ellos solitos se las valieron para marcarse un fin de fiesta inmejorable, con buena parte del público bailando hasta casi perder el sentido.

Melech Mechaya, desde Lisboa: un inmejorable colofón festivo. – Foto: Mundofonías
Melech Mechaya, desde Lisboa: un inmejorable colofón festivo. – Foto: Mundofonías
En definitiva, ha sido una espléndida experiencia disfrutar de nuestro primer Brosella en la capital belga… ¡y que no sea el último! Y un lujazo degustar su excelente programación y comprobar la gran vitalidad de un longevo festival, impulsado por Henri Vandenberg y todo su equipo, en el que arrima el hombro desinteresadamente mucha gente del mundillo (¡el que preparó la cena para los músicos era el director de un centro cultural!), lo cual ya nos gustaría ver en otros parajes más cercanos. ¡Larga vida al Brosella!

Más información sobre el festival: brosella.be/eng

Borneo III: Sarawak natural

Llegando a la isla de Talang-Talang Besar, santuario de las tortugas marinas  - Foto: Mundofonías
Llegando a la isla de Talang-Talang Besar, santuario de las tortugas marinas – Foto: Mundofonías
El Departamento de Turismo de Sarawak ofreció la posibilidad de que un grupo de periodistas de los que asistimos a la Borneo World Music Expo y el Rainforest World Music Festival realizáramos un recorrido de dos días por algunos de los parajes naturales del país.

El primer día nos trasladamos a la isla de Talang-Talang Besar, un santuario para la reproducción de tortugas marinas. El acceso a esta pequeña isla, que forma parte del parque nacional de Talang-Satang, está estrictamente controlado: hasta hace poco no se podía visitar y hoy se hace en grupos que no superan las 6 personas. Los visitantes de estas islas de las tortugas no van solo a ver el paisaje ni a contemplar a los animalitos, sino que deben involucrarse en la tarea que realiza el personal de la Corporación Forestal de Sarawak (Sarawak Forestry), entidad oficial encargada de gestionar estos espacios naturales.

En la isla de Talang-Talang Besar - Foto: Mundofonías
En la isla de Talang-Talang Besar – Foto: Mundofonías
Cuando llegan las 6 de la tarde, poco antes de la puesta de sol, ya no está permitido el acceso a la playa, con objeto de permitir que las tortugas accedan a ella sin interferencias para depositar sus huevos. Ya caída la noche, la tarea consiste en localizar las tortugas que han ido llegando y señalizar los lugares de puesta, para así localizarlos una vez que regresen al mar. Después hay que cavar para recuperar los huevos y ponerlos a salvo de posibles predadores.

En otro espacio en la playa, vallado y habilitado a modo de criadero, se vuelve a cavar un agujero en el suelo similar al que hizo la tortuga, de algo más de medio metro de profundidad, para depositar allí los huevos.

Los huevos de la tortuga marina que pusimos a salvo - Foto: Mundofonías
Los huevos de la tortuga marina que pusimos a salvo – Foto: Mundofonías
Una vez recubierto con arena el agujero, se coloca una pequeña cerca que impida el acceso de predadores y que se escapen también las tortuguitas que saldrán a la superficie al cabo de un mes. De este modo, cuando esto ocurre, es posible llevar un registro de las tortugas nacidas en cada nido, que luego son trasladadas a la orilla, para que alcancen ellas mismas el mar, con la última precaución de revisar la zona previamente para evitar la presencia de posibles predadores, como el llamado cangrejo fantasma.

El hecho de dejarlas en la arena y que ellas recorran un trecho para alcanzar el mar en lugar de depositarlas directamente en él tiene que ver con el proceso de impronta, que hace que puedan recordar, localizar y volver muchos años después a la isla donde nacieron.

Adentrándonos en la selva, en el Parque Nacional Bako - Foto: Mundofonías
Adentrándonos en la selva, en el Parque Nacional Bako – Foto: Mundofonías
Fue particularmente emocionante extraer y poner a buen recaudo los 111 huevos que depositó nuestra tortuga y también llevar a las tortuguitas recién nacidas a la orilla para que pudieran alcanzar a salvo las aguas del Mar de la China Meridional. Después deberán nadar durante 36 horas seguidas hasta alcanzar los límites del arrecife de coral, donde podrán proveerse de la alimentación necesaria para iniciar con fuerza los muchos años de aventura marina que tendrán por delante.

Al día siguiente tuvimos la oportunidad de visitar otro parque nacional, el de Bako, el más antiguo del territorio, donde se conservan ejemplos de prácticamente todos los ecosistemas del país, exceptuando el de montaña. Ya fuimos advertidos de que la contemplación de la fauna salvaje no iba a entrañar grandes dificultades, dado que los animales están acostumbrados a la presencia humana y no se asustan fácilmente, por lo que era frecuente cruzarse con jabalíes barbudos y macacos. Más esquivo era el icónico mono narigudo, endémico de la isla de Borneo, aunque también se dejó ver a lo lejos.

Fueron, sin duda, maravillosas experiencias: participar en la tarea de recuperación de las tortugas marinas, poder bucear por los coloridos bancos de coral, contemplar la exuberante fauna y vegetación de la isla. Claro está que el propósito era ofrecer una imagen de política proteccionista avanzada y eficaz, con iniciativas indiscutiblemente loables, como la protección de la tortuga marina, antaño expoliada y todavía amenazada. Pero si miramos y escuchamos un poco más allá de los espacios protegidos y del discurso oficial, la realidad es mucho más preocupante, con una imparable deforestación, sin que falten tampoco las denuncias de implicación de altos cargos ligados a las instituciones, ni denuncias también de abusos hacia las comunidades indígenas y de destrucción de su entorno y medios de vida, así como casos de censura a periodistas que han informado de estos hechos.

Jabalí barbudo en la playa. Parque Nacional Bako - Foto: Mundofonías
Jabalí barbudo en la playa. Parque Nacional Bako – Foto: Mundofonías
De hecho, sobre todo en los primeros días de nuestra estancia, pudimos respirar la deforestación. Las humaredas levantadas por los incendios provocados en la vecina isla de Sumatra, en Indonesia, dispararon las alarmas, llegándose a niveles de riesgo para la salud pública, no solo en zonas de la propia Indonesia, sino también en Singapur, anegada durante días por el humo, así como diferentes en ciudades y regiones de la Malasia peninsular, Malaca y Johor Bahru entre ellas. Dichos incendios, la mayoría provocados, tienen lugar todos los años en la temporada seca, pero este año han alcanzado máximos históricos. En estos últimos años, la fiebre deforestadora se ve impulsada por la expansión de las plantaciones de palma aceitera, destinada principalmente a la producción de biodiésel. Como oímos comentar a un portavoz indígena: “vivimos en la triste paradoja de ver cómo nuestro entorno es destruido… para fabricar un combustible supuestamente verde”.

Esperamos que iniciativas ya consolidadas como el Rainforest World Music Festival o la recién nacida Borneo World Music Expo, con lo que suponen de intercambio y conocimiento mutuo, incluyendo la apreciación por parte de los visitantes de las culturas y las maravillas naturales de aquellas tierras, contribuyan a que Sarawak emprenda decididamente una política integral de defensa de la naturaleza, no solo en las áreas protegidas, y siga siendo un lugar donde pueblos, lenguas y expresiones tan diversas puedan ser respetadas y seguir conviviendo, desarrollándose y enriqueciéndose.

Lée los dos artículos anteriores:

Borneo II: Rainforest World Music Festival

Borneo I: Borneo World Music Expo

Borneo II: Rainforest World Music Festival

Vista de la selva desde una de las casas comunales de la Aldea Cultural de Sarawak - Foto: Mundofonías
Vista de la selva desde una de las casas comunales de la Aldea Cultural de Sarawak – Foto: Mundofonías
Este festival es, sin duda, uno de los más atractivos del planeta, dado que, al propio interés de la programación se une el hecho de realizarse en un entorno fantástico. Se trata de la Aldea Cultural de Sarawak, ubicada junto al monte Santubong y la playa de Damai, a pocos kilómetros de Kuching, la capital del estado, y rodeada por la selva pluvial ecuatorial a la que hace referencia el nombre del festival.

La Aldea consiste en un recinto dominado por un lago central, en torno al cual se disponen construcciones propias de los diferentes pueblos que habitan el territorio: melanau, iban, orang ulu, penan, bidayuh, malayo, chino… Muchas de ellas son las llamadas longhouses: casas comunitarias construidas en madera donde conviven varias familias e incluso comunidades enteras, espléndidos ejemplos de arquitectura tradicional que se pueden contemplar y recorrer.

Juk Wan Emang, con la flauta nasal del pueblo kayan - Foto: Mundofonías
Juk Wan Emang, con la flauta nasal del pueblo kayan – Foto: Mundofonías
Este año se cumplía la decimoquinta edición de este festival, entre los días 28 y 30 de junio, con un buen número de conciertos y talleres. Las primeras actividades del festival tuvieron lugar desde el mediodía del viernes 28, con los talleres vespertinos impartidos por los músicos participantes en el festival y que fueron de temática muy variada lo largo de esos tres días: danza, canto, encuentros de instrumentistas de diversos grupos y orígenes, cuentos tradicionales… Uno de los más interesantes a los que pudimos asistir fue el taller de gamelán impartido por el grupo malayo Rhythm in Bronze, que no dudó en poner sus instrumentos a disposición del público para intentar jugar a reproducir los diálogos sonoros de este tipo de formaciones instrumentales.

Los conciertos tenían lugar a partir de las 7:30 de la noche, cuando el sol ya había caído, como sistemáticamente hace durante todo el año a la misma hora en esta zona tan cercana al Ecuador: hacia las siete menos cuarto. El primer día se inició con una serie de cantos indígenas de bendición y bienvenida que dieron paso a una breve actuación de Juk Wan Emang, anciano intérprete de un muy original instrumento, la flauta nasal del pueblo kayan, seguido del grupo Lan E Tuyang, también representante de la cultura de la isla, concretamente de los olang ulu, y portadores de uno de los instrumentos musicales característicos de aquellas tierras: el laúd sape.

Chet Nuneta nos trajeron canciones de todo el mundo - Foto: Mundofonías
Chet Nuneta nos trajeron canciones de todo el mundo – Foto: Mundofonías
Llegó el turno de los ya citados Rhythm in Bronze, renovadores del gamelán y venidos desde la Malasia peninsular, para continuar con una actuación realmente memorable: Chet Nuneta. En un formato eminentemente vocal, sostenido por enérgicas percusiones, el grupo francés nos hizo viajar por tradiciones musicales de todo el mundo: desde China a África, pasando por el Mediterráneo y el Mississippi, sevillanas corraleras incluidas, en unas interpretaciones impecables y vibrantes, combinadas con una muy bien trabajada, dinámica y hasta coreográfica puesta en escena.

Llegaría más tarde el momento de echar un pie con la propuesta sabrosa y auténtica de Beto Jamaica, coronado como rey del vallenato, y su bien trabajada selección de ritmos de raíz colombiana, a la que siguió la más calmada actuación del músico de origen greco-turco y afincado en Austria Alp Bora.

Los australianos Nunukul Yuggera - Foto: Mundofonías
Los australianos Nunukul Yuggera – Foto: Mundofonías
Los cantos de los pueblos austronesios se volvieron a dejar oír, esta vez de la mano de la formación australiana Nunukul Yuggera, que ofrecieron un muy interesante recital de canto, danza y didgeridoo, con ritual de encendido de fuego incluido, por medio del ancestral y trabajoso método del frotamiento de palitos. Nunukul Yuggera es una formación de chicos jóvenes que han redescubierto y dignificado su cultura, y la muestran orgullosos por el mundo adelante, en un espectáculo sumamente dinámico y atractivo. Fue otro de los momentos importantes, sin duda, de este festival.

Cerraron la noche los irlandeses Kíla en una actuación que explotaba, un tanto a piñón fijo, la combinación otrora novedosa entre los ritmos y melodías tradicionales y la peculiar forma de entonar de Rónán Ó Snodaigh,

Llegados al segundo día, de nuevo las músicas tradicionales de Sarawak abrieron la serie de actuaciones, con Maya Green, al sape y los muy interesantes Madeeh, que tañían unas cítaras muy especiales, llamadas pratuokng, la única cítara sin cuerdas que conozco, ya que consta de una serie de tiras de bambú afinables, que son golpeadas por unos palillos. Siguió otro grupo local, la Shangyin Chinese Chamber Orchestra y su representación de músicas tradicionales chinas, que también es una parte importante de la cultura de la isla, por la numerosa población de ese origen, junto con elementos autóctonos, como el ya mencionado laúd sape.

Dizu Plaatjies & The Ibuyambo Ensemble, desde Sudáfrica, ofrecieron una vibrante actuación - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Dizu Plaatjies & The Ibuyambo Ensemble, desde Sudáfrica, ofrecieron una vibrante actuación – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Después actuó otro grupo al que también habíamos visto ya en la Expo en Kuching, los indonesios Rafly Wa Saja, para dar paso a otro de los momentos electrizantes del festival, con la poderosa presencia escénica de Dizu Plaatjies & The Ibuyambo Ensemble, desde Sudáfrica, pero interpretando también músicas de todo el continente negro e islas aledañas, desbordando energía rítmica, vocal y danzante, con numerosas referencias, puño en alto, al doliente Nelson Mandela. Para el que suscribe esta crónica, allí tuvo lugar un momento de especial emoción, al dirigir la mirada sucesivamente al escenario y al público, y observar esos rostros tan diferentes del observante y también entre sí: gentes africanas, por un lado, asiáticas y austronesias por otro, vibrando al unísono con estas músicas y ritmos de pálpito popular. Fue una fulgurante revelación de que, por encima (o, casi mejor habría que decir, por debajo) de las diferentes creencias, culturas e incluso enemistades, late un corazón común, que abriga la posibilidad de un mundo posible donde el respeto y el entendimiento triunfen sobre la guerra y la opresión.

Siguió la actuación de los Pine Leaf Boys, desde Luisiana, que brillaron en sus momentos más cajun y zydeco y decayeron en otros de rock más convencional y, finalmente Kries, desde Croacia, con su caballero de la triste figura al frente, Mojmir Novaković, cerraron la noche con su folk-rock gótico un tanto monótono.

Mohsen Sharifian & The Lian Band, desde Irán - Foto: Mundofonías
Mohsen Sharifian & The Lian Band, desde Irán – Foto: Mundofonías
Y llegamos al tercer día, el 30 de junio, que se abrió, al igual que los anteriores, con breves actuaciones de grupos locales, en este caso el tumultuoso conjunto de percusiones Gema SLDN-SCV, y, de nuevo, Lan E Tuyan. Y le llegó el turno a Mohsen Sharifian & The Lian Band, con quienes ya habíamos vibrado el año pasado en el WOMEX de Salónica, y que es una de las pocas formaciones que se atreven a girar internacionalmente desde Irán, llevando las danzas tradicionales de su tierra de Bushehr, en el sur del país. Mohsen nos acercó el sonido de la gaita nay-anban y del oboe de cuerpo doble nay-jofti, y a través de él y de sus músicos pudimos conocer de primera mano la difícil situación de los músicos en su país, la imposibilidad de realizar en él actuaciones públicas y cómo la expresión cultural de las mujeres está directamente prohibida.

A continuación llegó la actuación de Spiritual Seasons, desde Ucrania, con un tratamiento bastante convencional de músicas y canciones irlandesas y de otras procedencias europeas, dando paso a una nueva y vibrante actuación de la troupe coreana Palsandae, que dejaron atónito al respetable con sus acrobacias y coordinación danzante y ejecutante.

La fiesta de los daneses Habadekuk - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
La fiesta de los daneses Habadekuk – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Nunukul Yuggera repitieron también ese día con una breve actuación de 20 minutos, dejando el ambiente a punto para el casi-fin-de-fiesta con los daneses Habadekuk, que exploraron la faceta más bailable y festera de las músicas nórdicas con gran efectividad. Tras ellos, el escenario se llenó con músicos de casi todos los grupos en un finale que pretendía (y conseguía) tener más de colorista y catártico que de musicalmente refinado.

Así transcurrieron tres días de músicas globales en un lugar realmente paradisíaco, sumados a los otros tres de la Expo en Kuching y otro intermedio en el que incluso tuvimos la oportunidad de dejar plantados unos arbolitos, dos ejemplares de cassia fistula, que ahora crecen en suelo borneano. Ya llevábamos acumulado un bagaje importante de imágenes, sonidos, encuentros, sensaciones y amistades. Pero lo cosa no terminaba ahí, porque todavía pudimos disponer de un par de días más para disfrutar de algunas maravillas naturales de aquella tierra, pero eso ya lo contaremos en nuestra próxima entrega.

Lee la primera parte: Borneo I: Borneo World Music Expo

Borneo I: Borneo World Music Expo

Lan E Tuyang, con el laúd sape característico de Sarawak - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Lan E Tuyang, con el laúd sape característico de Sarawak – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
El equipo de Mundofonías ha tenido el placer de desplazarse hasta la lejana isla de Borneo, a unos 12.000 kilómetros de nuestra ubicación habitual en Madrid, para asistir a la primera edición de la Borneo World Music Expo, la decimoquinta del Rainforest World Music Festival y a visitar algunas de las maravillas naturales de Sarawak, por invitación del Departamento de Turismo de este estado federal perteneciente a Malasia. Por ello, vamos a dividir nuestro relato de esta experiencia en tres entregas, empezando ya por la primera edición de la Borneo World Music Expo.

Viajar hasta Borneo no es moco de pavo: desde Madrid, 24 horas por lo menos entre vuelos y conexiones en los aeropuertos no hay quien te los quite, y eso si no te toca alguna espera de 7 horas, como me ocurrió a la vuelta, o que algún retraso te haga perder la conexión y tengas que hacer noche en alguna ciudad, como le pasó de vuelta a su Nueva York al director de la Borneo World Music Expo, Gerald Seligman. Gerard fue uno de los fundadores y director del Womex y ha impulsado mil y una historias musicales y viajeras, desde el subsello Hemisphere de Emi hasta la dirección de la National Recording Preservation Foundation, dependiente de la Biblioteca del Congreso estadounidense.

Sarawak es uno de los estados de la Federación Malaya, junto con Sabah, situado también al norte de la isla de Borneo, y la Malasia peninsular, donde se sitúa la capital, Kuala Lumpur. Sarawak y Sabah, ocupan algo más de un cuarto de la superficie de la isla, la tercera más grande del mundo y la primera de Asia, quedando el resto bajo jurisdicción indonesia, a excepción del rico sultanato de Brunéi, que apenas supone un 1% de la superficie isleña.

Charlando con Gerald Selligman, director de la Borneo World Music Expo - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Charlando con Gerald Selligman, director de la Borneo World Music Expo – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
En Sarawak, junto al importante porcentaje de población de origen malayo, chino y el más reducido de origen indio, son los pueblos originarios de Borneo, como los iban, orang ulu, melanau, bidayuh y otros, los que constituyen el grupo demográfico más numeroso. Si bien la religión mayoritaria y oficial de Malasia es la musulmana, en Sarawak son más numerosos los cristianos, habiendo una importante presencia de los cultos taoísta y confucionista entre la población de origen chino, e hinduista, entre la de origen indio. La libertad religiosa está teóricamente tolerada, aunque en la práctica se encuentra restringida, ya que, por ejemplo, los habitantes de etnia malaya son considerados directamente musulmanes por la Constitución y solo por el dictamen de un tribunal islámico, alegando causas “justificadas” pueden abandonar dicha religión.

Interesantes fusiones indias con Oikyotaan - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Interesantes fusiones indias con Oikyotaan – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
En este 2013 y en los días previos a la celebración del Rainforest World Music Festival, se celebró la primera edición de la Borneo World Music Expo en la ciudad de Kuching, un evento que, siguiendo los pasos de grandes ferias mundiales como el Womex y otras de carácter regional, pretende convertirse en referencia para músicos, programadores, festivales e instituciones en esta parte del Globo. Además de ponencias, conferencias, debates y otros actos, hubo ocasión de disfrutar de las presentaciones musicales que tuvieron lugar durante los tres días de la expo, entre el 24 y el 26 de junio.

En la primera velada se presentaron tres actuaciones bajo el epígrafe de la Noche Cultural de Sarawak, con la presencia de Lan E Tuyang, que nos acercaron sus composiciones basadas en la tradiciones del pueblo kenyah, incorporando uno de los instrumentos tradicionales de la isla que ha sido elevado a la categoría de icónico, el laúd sape (pronunciado “sapé”). Tras ellos les llegó el turno a la Highland Bamboo Band, agrupación que nos brindó una propuesta, un tanto deslavazada, basada en las flautas de bambú, interesante desde el punto de vista organológico por la variedad de flautas utilizadas, pero de escaso interés artístico.

Rhythm in Bronze, desde Malasia, nuevos lenguajes para el gamelán - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Rhythm in Bronze, desde Malasia, nuevos lenguajes para el gamelán – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Finalmente, la Bisayah Gong Orchestra nos ofreció una interesante muestra de la cultura de las orquestas de metalófonos de la comunidad bisayah, que ellos se afanan en recuperar y reavivar. El cierre de esa noche nos lo ofreció un interesante grupo venido desde Bombay, Oikyotaan, incorporando elementos de las músicas clásicas y populares indias, junto con aires urbanos y una presencia importante del elemento baul bengalí.

El 25 de junio nos trajo la actuación de Rhythm in Bronze, grupo de la Malasia peninsular que también coloca en primer plano los gongs y otros metalófonos del gamelán, creando nuevas músicas para esta antigua tradición, con un resultado más que interesante. Más tarde pudimos ver la actuación de Shangyin Chinese Chamber Orchestra, desde la propia ciudad de Kuching, que interpreta músicas de la tradición china, malaya y de otros pueblos de Borneo en formato de ensemble de música tradicional china (dizi, pipa, erhu…), con la original inclusión del sape borneano, tocado con gran maestría por Eugene “Sape” Kuek.

Talago Buni, una fascinante sorpresa desde Indonesia - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Talago Buni, una fascinante sorpresa desde Indonesia – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
A continuación asistimos a la que fue para nosotros y para muchos de los presentes la actuación más mágica y sorprendente de todos estos días en Borneo. Se trata del grupo Talago Buni (“El sonido del lago”… sospechamos que la palabra “talago” deriva de alguna manera del gallego-portugués “lago”, como muchas otras palabras en las lenguas de la zona, como en malayo “sekolah” de “escola”, o “bendera” de “bandeira”). Talago Buni proceden de la población minangkabau de Sumatra Occidental, en Indonesia, y su música tan pronto suena a las raíces de su tierra como nos sorprende con inesperados giros de difícil geolocalización, en una sucesión de sorpresas impecablemente ejecutada tanto a nivel vocal como instrumental. Sin duda, de lo más original y palpitante que ha llegado a nuestros oídos en los últimos tiempos.

Beringing Emas, de Malasia: música, teatro y danza - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Beringin Emas, de Malasia: música, teatro y danza – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
La noche acabó con el grupo AkashA, ubicado en la capital malaya, Kuala Lumpur, pero del que forman parte también por dos músicos australianos. Después del impacto de Talago Buni, la mezcolanza ligera de sonidos indios, flirteos flamencos, devaneos jazzies, citas clásicas, reminiscencias new age y otros elementos orientales y occidentales en la actuación de AkashA, si bien destilaba virtuosismo instrumental, se nos antojó demasiado light y previsible.

El último día de conciertos en la Borneo World Music Expo nos brindó la oportunidad de sumergirnos de nuevo en el sonido del gamelán, con los malayos Beringin Emas, en una actuación teatralizada de gran colorido y participación del público. Posteriormente, Sandip Chaterjee, venido desde Calcuta, desplegó sus habilidades sobre las cuerdas del santur, interpretando un raga de la tradición indostánica, dando paso después a la tempestad sonora y coreográfica de Palsandae, desde Corea, un auténtico prodigio de energía, sensibilidad y acrobacia, donde todo tipo de percusiones no dejaban de sonar ni un segundo en medio de cabriolescas piruetas y complejos movimientos escénicos.

Los coreanos Palsandae, acrobacia y emoción - Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Los coreanos Palsandae, acrobacia y emoción – Foto: cortesía Sarawak Tourism Board
Terminó la noche con la actuación de Rafly Wa Saja, desde la región de Aceh (pronúnciese “Aché”), al norte de la isla de Sumatra. La expectativa creada y el atractivo de la peculiar voz e inflexiones de Rafly, junto con la destreza y expresividad de la flauta suling a cargo de Saat Syah, quedó un tanto diluida en canciones que se prolongaban más de lo necesario, perdiéndose en solos de guitarra y bajo que no aportaban gran cosa.

Y así transcurrieron esos días en Kuching, muy interesantes en cuanto a descubrimientos musicales y también por la oportunidad de estar en contacto e intercambiar impresiones e ideas con músicos, programadores de festivales, activistas culturales y periodistas de todos los rincones del mundo, especialmente del Sudeste Asiático, India y Extremo Oriente. Pero aquí no acaba nuestro relato: en la próxima entrega hablaremos del Rainforest World Music Festival.